martes, 21 de febrero de 2017

La antigua Villa de los Cinco Señores en el Camino Real de Tierra Adentro

Aquí el Presidente Benito Juárez, en el mes de septiembre de 1864, estableció temporalmente el Gobierno de la República. Más tarde siguió su peregrinar a San Pedro del Gallo y, después, a Paso del Norte; pero al triunfo de la República sobre el Imperio y la invasión francesa, en diciembre de 1866 Juárez estuvo de nueva cuenta en la Villa de los Cinco Señores.
Una calle de Nazas al atardecer
Sentir los rayos del Sol en todo su esplendor durante el verano y contemplar el cielo azul desde calles ásperas y terregosas, enmarcadas por viejas casonas de adobe cuyas paredes se tiñeron con el tiempo de melancolía, es síntoma de hallarse en Nazas, en el estado de Durango, y de disfrutar inmejorable estado de ánimo porque esa población, además de que huele a azahares, orégano, nogal, durazno, higo y membrillo, dependiendo de la época del año, tiene gente noble, franca y abierta que se reconoce en su historia para enfrentar los desafíos del futuro.
Al igual que en todas partes, aquí también la subsistencia exige denodado vigor de sus pobladores para vencer las adversidades y seguir adelante, con la firme determinación de que se le debe sonreír a la vida por ingrata que en ocasiones parezca.
Nazas es un oasis en el desierto norteño. Fue fundada por los jesuitas en el siglo XVI como la Misión de los Cinco Señores, sobre el antiguo Camino Real de Tierra Adentro (que iba de la Ciudad de México a Santa Fe, en lo que ahora es el estado de Nuevo México en Estados Unidos), sobre la margen derecha del caudaloso Río Nazas. El nombre proviene de una antigua trampa de pesca hecha de pita o fibras de agave por los primitivos habitantes del lugar, de forma cilíndrica de aproximadamente 90 centímetros de altura por 30 de diámetro, que en su base tiene una apertura cónica con puntas convergentes, de forma tal que el pez pueda entrar pero ya no salir debido a sus puntas afiladas. La cesta era amarrada con un cordel a un árbol a la orilla del río, y cuando se llenaba de pescados estos eran sacados por una puerta ubicada en la parte superior.
Sabinos de invierno en la margen izquierda del Padre Nazas
En el mes de julio de 2008, Valdo Nava, presidente municipal de Nazas, le obsequió una nasa al periodista Pedro Ferriz de Con. Resulta que en uno de los continuos viajes de Pedro a la Comarca Lagunera, el edul de Torreón solamente le mostró una pequeña nasa (de esas que son elaboradas como souvenir) al acucioso comunicador, quien a su regreso al Distrito Federal comentó la anécdota en su especio radiofónico, y fue entonces cuando Valdo pensó en obsequiarle una, y como en esos días yo me encontraba en Nazas, me pidió que se la trajese a Pedro con la cordial invitación para que en su siguiente viaje a La Laguna visitara esa población a la que también sus habitantes le llaman la capital de la nuez en México.
Ahí nació el célebre pianista y compositor Ricardo Castro Herrera (el siete de febrero de 1864), considerado como el «último romántico del porfiriato», a quien Justo Sierra designó como director del Conservatorio Nacional de Música, y cuya obra más famosa es el vals Capricho.
También aquí Benito Juárez en 1864, pero en el mes de septiembre, estableció temporalmente el Gobierno de la República. Más tarde siguió su peregrinar a San Pedro del Gallo y, después, a Paso del Norte; pero al triunfo de la República sobre el Imperio y la invasión francesa, en diciembre de 1866 Juárez estuvo de nueva cuenta en la Villa de los Cinco Señores.
La ubicación de Nazas en el mapa de Durango en una placa que se
localiza en la plaza de frente a la iglesia
Y se podría saber más acerca de Nazas de no ser porque un día, a finales de la década de los 60 del siglo pasado, un negligente funcionario de medio pelo del gobierno del estado perdió una monografía que le había llevado años escribir a don Ciriaco Ríos.
Nazas es un sitio idóneo que se debe visitar cuando como citadinos hay que hacer una pausa en el diario trajín, su clima y vegetación son propicios para el relax y la oxigenación de pulmones en largas caminatas por el paseo de la Alameda (aunque ya no existe aquella célebre Veguita que fue un set cinematográfico muy natural debido a los álamos, sauces y sabinos que enmarcaban el paso de un brazo del río y que la gente del lugar no supo cuidar), o por la ribera del Padre Nazas, desde La Cuesta (a la altura del Ejido 10 de Abril) hasta el Picacho y, si se puede, hasta La Flor.
Por lo pronto, los atardeceres en Nazas y sobre todo en invierno son majestuosos, impregnados del tono rojizo de los sabinos, y cuya intensidad termina por acentuarse conforme desciende el Sol. Aunque en cualquier temporada del año los días definitivamente son más pródigos en cuanto al tiempo, porque le permiten a uno hacer distintas cosas y concluirlas aun antes del anochecer. Como escribir, por ejemplo, y todavía disponer del suficiente tiempo para salir en la noche a caminar por las apacibles calles casi a oscuras.

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