miércoles, 23 de julio de 2014

Los Reyes Hueytlilac

Los Reyes, antes Hueytlilac (voz náhuatl que significa «en las grandes aguas negras»), es una de las comunidades más antiguas de Coyoacán. Sus orígenes se remontan al periodo preclásico del 2,400 al 200 a.C., con los primeros asentamientos de núcleos poblacionales en Cuicuilco y Copilco, en una angosta faja definida por las aguas del Lago de Texcoco y el Pedregal.
Iglesia de Los Reyes, en Coyoacán
Con la llegada de los españoles, Coyoacán se convirtió en importante centro de población, y la zona de los pueblos en lugar de ineludible paso para el tránsito hacia la zona sur de la región.
Los habitantes de esa zona llamada Quiahuac («lugar que tiene agua de lluvia») rechazaban la dominación española, por lo que tras de varios enfrentamientos debieron migrar hacia Ocuela y Huitzilac.
Luego de que las aguas disminuyeron en el lago, éste quedó como zona pantanosa; sin embargo, a mediados del siglo xix, con la construcción de canales y drenes, las tierras pudieron ser paulatinamente cultivables, por lo que se establecieron en los alrededores considerable número de ranchos, como el de los Padres Camilos, cuya área de influencia incluía al pueblo de La Candelaria y al de Los Reyes. Otro pueblo que en la orilla del lago compartía tales características era San Francisco Culhuacán.
Como otros pueblos mesoamericanos, los habitantes de Los Reyes basaron su alimentación en los cultivos del maíz, la calabaza y el frijol, además de quelites como lengua de vaca, quintoniles y verdolagas. También tenían a su disposición chilacayote, jitomate, tomate, chayote, epazote, chile, nopal, flor de calabaza, hongos, y huitlacoche; frutales como membrillo, tejocote, capulín, zapote, guayaba, aguacate, así como una gran diversidad de flores.
En las zanjas, en la cantera y en pequeños lagos, se pescaba el ajolote, el acocil, y la carpa, y se recolectaba la huevera de mosco (ahuautle). Se cazaba tlacuache, cacomixtle, paloma, zorrillo, pato, liebre, cincuate, cascabel y tortolita; de los magueyes  se extraía el gusano. Para el cuidado de los cultivos se diseñaron técnicas hidráulicas avanzadas, además, Los Reyes se destacaba por ser una importante zona chinampera, y por el cultivo de flores y la confección de artesanías hechas con ellas como actividad económica preponderante.
Una calle del pueblo de Los Reyes
A fines del siglo xix el pueblo de Los Reyes así como los de La Candelaria y San Francisco Culhuacán comenzaron la disputa de las tierras, debido a que los campesinos presentaban distintos títulos de propiedad que atestiguaban sus derechos sobre las tierras. El conflicto fue determinante para marcar la participación de los pueblos en la gesta revolucionaria al lado de Emiliano Zapata, los que una vez triunfantes convirtieron la mayoría de las áreas circundantes en tierras ejidales.
En la década de los veinte dichos pobladores vendían en La Merced los susodichos productos que cultivaban, además dio inicio la explotación de las canteras del Pedregal de Monserrat.
Por ahí pasaban quienes se dirigían hacia Tlalpan y Xochimilco, y como la actual Calle Francisco Sosa y la Colonia del Carmen, también eran zonas de quintas y casas de fin de semana de los habitantes de la Ciudad de México.
Cuando el cinco de octubre de 1934 es promulgado el decreto presidencial que definió el área centro de Coyoacán como Zona Típica y Tradicional, el pueblo de Los Reyes quedó fuera de la zona considerada como histórica, aun cuando sus antecedentes ameritaban que se le hubiera incluido. Sin embargo, como no fue así, vino el auge de las construcciones en la zona y fueron edificados condominios y unidades habitacionales, con lo que la población se duplicó.
Celebración del Señor de La Misericordia
La venta de las áreas cultivables continuó con el transcurso de los años para dar paso a la construcción de fraccionamientos, donde habrían de instalarse los nuevos núcleos habitacionales, por lo que el carácter rural de esos pueblos comenzó a transformarse al ocasionarse el desplazamiento de las áreas de cultivo y la incorporación de los pobladores a la actividad productiva urbana.
Tras de la creación de las zonas habitacionales de Xotepingo y Ciudad Jardín y las avenidas Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico, varios de los espacios ocupados por los pueblos fueron vendidos o expropiados por causas de utilidad pública o permutados.
En este proceso se vio envuelto el pueblo de Los Reyes, como otros más de Coyoacán, y en la década de los cuarenta se dio el incontenible fenómeno del aumento de la población. Durante la siguiente década se instala la Universidad Nacional Autónoma de México en la Ciudad Universitaria, y se incrementan las construcciones y la depredación de muchos de sus valores naturales y urbanísticos.
En la década de los cincuenta, por el incontenible avance de la mancha urbana, fue ocupada el área norte de Coyoacán, con lo que comenzó a instalarse importante número de establecimientos industriales, situación que contribuyó a la transformación de los pueblos al surgir barriadas de trabajadores, y por acuerdo entre comuneros y colonos o avecindados, comenzó un lento y en ocasiones conflictivo crecimiento de los pueblos hacia la zona del Pedregal.
El crecimiento poblacional continuó en aumento en la década de los sesenta, sobre todo en la zona de los Pedregales, que fue ocupada en su totalidad por invasiones sucesivas, provocando un crecimiento no planificado en la zona oriente de Coyoacán.
En los años 70 y 80 aparecieron las unidades habitacionales y rápidamente expandieron su territorio hasta colindar con Iztapalapa y el Canal Nacional, por lo que en la actualidad, con la urbanización de fraccionamientos y conjuntos habitacionales se observa la totalidad de su suelo ocupado.
La actividad inmobiliaria se aposentó en dichos pueblos a causa de la gran demanda de vivienda por parte de quienes, procedentes de otras partes del territorio nacional o, incluso, de la misma ciudad, querían vivir en el Distrito Federal, pero sin que el lugar que iban a escoger como nueva residencia perdiera las características de los pueblos de provincia. Debido a eso fueron demolidas las antiguas viviendas y con ello se desplazó a sus originales habitantes, lo que también modificó las costumbres hasta el punto que en algún pueblo el fenómeno se ha vuelto irreversible.
Aún así, en la mayoría de los pueblos perdura un gran respeto por sus tradiciones, los habitantes celebran puntualmente sus festividades, conservándose leyendas, tradiciones y organizaciones que, como sucede con las de mayordomos, son uno de los principales baluartes de la conservación de la figura del pueblo como tal, así como de su estructura sociocultural.
Festividades
Celebración de muertos en Los Reyes. Fotografía: Laura Corona
Los pobladores de Los Reyes han tenido especial fervor para preservar sus ritos y tradiciones, así como para celebrar las fiestas religiosas, y los santos patronos del lugar no podrían ser otros que los tres Reyes Magos, por lo que cada seis de enero se les festeja con una comida que es preparada para todos los habitantes del pueblo.
Lo tradicional es el mole, el arroz y los tamales que se hacen tanto para los asistentes a las fiestas como para las ofrendas que se les dan a los Reyes Magos. Con el sistema de la mayordomía, una familia cuida la imagen religiosa durante todo el año y el día de la fiesta prepara la comida para todos los asistentes.
Fiesta de los Reyes Magos el seis de enero, santos patronos del pueblo de Los Reyes.
Fotografía Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
Antiguamente el mole y las tortillas se hacían en el metate y varias mujeres o molenderas se encargaban de su preparación, pero conforme transcurrieron los años, los molinos y la masa de maíz preparada sustituyeron a los utensilios tradicionales, lo que significó una ayuda para quienes debían andar a la brega toda la noche a fin de poder saldar el compromiso. Además, a la festividad se le agregaron otros sabrosos platillos de la cocina mexicana, declarada por cierto Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, como la barbacoa, las carnitas y el chicharrón en salsa verde. Sin embargo, para los habitantes de Los Reyes, el platillo emblemático sigue siendo el mole, las mayordomías tienen total vigencia y sentido, y la preparación de los alimentos para la fiesta debe ser colectiva.
Portada de flores de la iglesia de Los Reyes
Además de la fiesta a los Reyes Magos, existen otras celebraciones religiosas importantes, como el recibimiento al Señor de las Misericordias, que se lleva a cabo el primer domingo de septiembre. En el siglo xx la imagen del Señor de La Misericordia suplantó a los Santos Reyes Magos y se transformó en una imagen regional venerada por la mayor parte de los pueblos, barrios y algunas colonias de Coyoacán y ciertas comunidades de Álvaro Obregón y Benito Juárez.
En Los Reyes, el recibimiento del Señor de las Misericordias es, actualmente, la fiesta más grande del año. Igual que para los Reyes Magos, funcionan las mayordomías y los alimentos se preparan entre vecinos siguiendo ciertas reglas. Por ejemplo, la tradición dice que cuando se preparan tamales la persona que comienza a hacerlos es la que debe de terminar; que nadie más debe de tocar la preparación o la vaporera porque, si lo hacen, los tamales quedan «pintos» (la cocción no es pareja); y que para arreglarlos se debe aventar un puño de semillas de chile a la lumbre y gritarles groserías a los tamales.
El Señor de La Misericordia
Celebración del Señor de La Misericordia. Fotografía tomada en 2008
El Señor de La Misericordia, como lo escribe Ana María Castro, cronista de pueblos y barrios de Coyoacán, es la imagen más venerada de Coyoacán y delegaciones limítrofes como Álvaro Obregón y Benito Juárez. Al respecto, la cronista apunta en su artículo «¿Quién es el Señor de La Misericordia» (www.cronistasdf.org.mx) que más allá de ser una devoción católica es un convicción social. «Su imagen en bulto no sólo representa el santo protector de la mayoría de los hogares coyoacanenses; no sólo es el ‘Chaparrito’ que ‘escucha’ pacientemente las peticiones especiales de sus afligidos devotos o que parece sonreír ante las manifestaciones de agradecimiento de los fervorosos fieles que recibieron el ‘milagro’ esperado. El Señor de La Misericordia es, ante todo, el gran aglutinador que logra hacer no sólo de la mayor parte del territorio coyoacanense sino, más aún, de algunos  pueblos de otras jurisdicciones vecinas, una especie de Santuario la mayor parte del año».
La venerada imagen. Fotografía El Félix
El Señor de la Misericordia realiza una serie de visitas durante siete meses del año a pueblos, barrios y colonias donde los devotos celebran a su «Santo», apunta Ana María Castro, quien refiere también la visita que le hace la gente de Zapotitlán, Tláhuac (sus antiguos dueños), a su casa de Los Reyes, Coyoacán, así como la festividad de la «Octava», mediante la cual «el Señor convoca miles y miles de voluntades, de afanes, de convicciones y, en cierta medida, de sacrificios económicos, pues en cada ceremonia, por demás fastuosa, se invierte una gran cantidad de recursos monetarios. Sin embargo, todo pareciera ser poco: año con año los responsables de la organización de los ‘recibimientos’ y ‘entregas’ de la imagen –cuyo origen de su llegada a Coyoacán es por demás legendario–, se empeñan por superar el esfuerzo realizado el año anterior. Nada es suficiente y, mucho menos, excesivo para venerar y agradecer a Jesús, en su advocación de Señor de La Misericordia, el amor, la protección y los favores recibidos por él desde los antiquísimos tiempos –tan antiguos que se pierden en la memoria aún de la gente de más edad de Coyoacán– en que por iniciativa de un pueblo asolado por una de las últimas pestes de cólera que tuvo lugar en la ciudad capital durante el siglo xix, el ‘Chaparrito’ salió de la parroquia del pueblo de Los Reyes, jurisdicción coyoacanense, para recorrer el territorio afectado, bendecir y brindar consuelo a los miles de infectados y a los deudos de los que no lograron sobrevivir a tamaña calamidad».
La cronista recuerda que más tarde, la presencia del Señor de La Misericordia volvió a ser requerida «en la terrible época en que la ausencia de lluvias sumió en el hambre y la desesperación no sólo a la gente que se alimentaba con los productos del campo, sino que vivía de su venta e intercambio. Nuevamente el Santo Patrono, en el imaginario religioso popular, ‘escuchó’ las sentidas plegarias y regaló el agua necesaria para la obtención de las magníficas cosechas que dieron fama a la mayoría de los poblados coyoacanenses por su riqueza en manantiales, ojos de agua y producción hortícola y floricultora». Posteriormente, los recorridos se volvieron una «bella y longeva tradición», por lo que las visitas «dejaron de tener un carácter meramente religioso para volverse el crisol donde se fragua una gran y sólida red social;  el pretexto para hacer desaparecer –por momentos– las fronteras jurisdiccionales; el motivo para saldar viejas culpas; la obligación de agradecer los dones recibidos; la oportunidad para compartir con propios y extraños el pan y la sal; el objeto de alabanzas, música y bailes; la inspiración de los artesanos cuyo oficio centenario se traduce en hermosas y espectaculares portadas, andas, tapetes y pirotecnia de colores mil, (arte que logra conjugar antiguas tradiciones de origen prehispánico, con costumbres provenientes de Europa)… en fin, la catarsis que invita a los congregantes a la búsqueda de una mejor forma de vida: espiritual y materialmente significativa; religiosa y festiva; solidaria y participativa».
Patrimonio material
Para mayor referencia
El pueblo de Los Reyes se encuentra ubicado al suroeste de la delegación Coyoacán, colinda al sur con el Pedregal de Santo Domingo de los Reyes, al norte con la Colonia El Rosedal, al oriente con el pueblo de La Candelaria, al poniente con el Barrio del Niño Jesús. Su acceso principal es por las avenidas Real de los Reyes, Miguel Ángel de Quevedo y Las Torres.
Su patrimonio inmaterial lo constituye una casa-habitación que data del siglo xix y se localiza en Calle Las Flores número 64 esquina con Los Reyes.
Otra edificación más es el Templo de los Santos Reyes, colorida iglesia del siglo xvi y que se encuentra en la Plazuela de Los Reyes, a la que se puede llegar por la Calle de Real (entre la Avenida Pacífico y el Eje 10 Sur). La iglesia fue antigua y al parecer, de la original sólo quedó una de las torres. Ahí se celebran varias fiestas, la más notable es la del Señor de la Misericordia en el mes de septiembre, pero la gente le tiene especial cariño a la de los Tres Reyitos, en enero.
Asimismo, la Quinta de Los Reyes, casa-habitación del siglo xx, ubicada en Calle Real de Los Reyes número 187 esquina con Plazuela de Los Reyes.
En tanto que el Manantial Xochiacatl, del siglo xix, se encuentra en Real de Reyes número 304.

No hay comentarios:

Publicar un comentario