martes, 29 de julio de 2014

San Francisco Culhuacán


Culhuacán, «lugar de colhuas», es uno de los pueblos de origen prehispánico más antiguos de la Ciudad de México. Fue un antiguo señorío que se encontraba en la punta occidental de la península donde hacían frontera Iztapalapa y Coyoacán. Fuentes mexicas y texcocanas dicen que fue fundado por los toltecas, los que la convirtieron en su primera capital; sin embargo, Chimalpahin (Las ocho relaciones y el memorial de Colhuacan, CNCA 1998) y las investigaciones arqueológicas posteriores, ponen de manifiesto que el asentamiento ya existía antes de la llegada de los toltecas al Valle de México.
Colhuacan es un topónimo de origen náhuatl que ha sido objeto de varias interpretaciones. Laurette Séjourné sugería que Colhuacan significa «En la montaña curva», y relaciona este topónimo con el Cerro de la Estrella, en cuya falda se encuentra el asentamiento. De hecho, para Séjourné la ciudad y la montaña compartían el mismo nombre en la época precolombina.
Plano de Culhuacan en 1580.
http://culhuacaneneltiempo.bloges.org/5
Cecilio Robelo relaciona el topónimo con los colhuas, una de las tribus nahuas, y dice que el topónimo original debió ser Teocolhuacan «Colhuacan el Viejo», «Lugar de los colhuas», que también aparece mencionado en la Crónica Mexicáyotl de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Montemayor y colaboradores dicen que el topónimo deriva de Coltzin «Coltzin, dios torcido»; —hua «posesivo» y —can «locativo». Así, se traduciría como «Lugar de los que adoran a Coltzin». Coltzin era el dios patrón de los colhuas, por lo que el topónimo también se traduce como «Lugar de los colhuas».
Al decir de Patricia Ramírez Kuri, en «Culhuacán, Iztapalapa y Coyoacán» (Pueblos urbanos. Identidad, ciudadanía y territorio en la ciudad de México, UNAM-Porrúa), Culhuacán fue fundado desde tiempos ancestrales, «alrededor de cinco siglos antes de la era cristiana por migrantes del norte del país al Valle de México» que antecedieron a los aztecas.
Fue fundado al final del período Clásico de Mesoamérica, como resultado de la dispersión demográfica que sufrió Teotihuacan en la época de su declive. Sus habitantes eran portadores de la cultura de la gran metrópoli, y esa era una de las causas de su gran prestigio. La legitimación de los tlatoanis de México-Tenochtitlan se debió a su relación con el linaje gobernante de Colhuacan.
Los colhuas conformaron un señorío que tuvo importante papel en los primeros años de los aztecas en el Valle de México; de hecho, las investigaciones arqueológicas en los alrededores de lo que fue la ciudad de Culhuacan prehispánica, indican una serie de asentamientos desde el periodo clásico, con una enorme influencia de Teotihuacan.
Según Chimalpain, el grupo fundador se asienta en el año 670 d. C., dominando supuestamente a las seis ciudades más importantes de la región: Xochimilco, Cuitlahuac, Mizquic, Coyohuacan, Ocuillan y Malinalco. Aunque para Juan Evangelista Vanegas Pérez («Arqueología de El Tanque de Culhuacán Iztapalapa: un intento de ordenamiento de los datos para la historia prehispánica de Culhuacán»), «en el espacio local de Culhuacán se han encontrado restos culturales (fundamentalmente cerámicos) que permiten establecer de manera general una ocupación humana evidenciada al menos desde el período Preclásico Medio, 100 a 500 A.C.»
Charles Gibson (Los aztecas bajo el dominio español, Siglo xxi) refiere que en el período posclásico que abarca seis siglos antes de la llegada de los españoles, se habla de «una nueva inmigración de los pueblos tolteca, chichimeca, otomí y azteca», y de que «en una serie de cambios de poderes las comunidades de Xaltocan, Culhuacán y Azcapotzalco ascendieron y cayeron como centros de autoridad».
En ese contexto, apunta Ramírez Kuri, es que Culhuacán en el siglo vii adquiere mayor desarrollo y visibilidad en el contexto de ciudades prehispánicas a raíz de la llegada de los toltecas procedentes de Tula en el año 670, «quienes —según anota Agustín Rojas Vargas en su libro La educación en Culhuacán a través del tiempo (uacm, gdf-sederec 2008)— lo fundaron como la primera ciudad del Valle de México». En el siglo xi Culhuacán se había constituido en señorío independiente, hegemónico en la región, donde Mixcoatl, gran jefe y reconocido guerrero, fundó la primera capital tolteca, y a partir de entonces como centro ceremonial, religioso, cultural, político y social, teniendo como referente principal el Cerro de la Estrella (Huizachtepetl), y que aparece en el glifo como un cerro «encorvado».
Es pues el legendario pueblo de Culhuacán el de mayor ascendencia teotihuacana que creció en los márgenes del Lago de Texcoco. En 1347 es invadido por los mexicas, por lo que se transformó en un pueblo tributario, proveedor de productos agrícolas, los cuales eran transportados a través de la red de canales, calzadas y acueductos a la ciudad de Tenochtitlan. Situación que prevaleció hasta la conquista en 1521, cuando ya bajo el dominio español estos toman la región como personal recompensa. Y luego de que Moctezuma Xocoyotzin, penúltimo huey tlatoani mexica, mandara a Culhuacán a descansar entre placenteros paisajes naturales a los burócratas y soldados viejos que habían estado a su servicio, en agradecimiento a sus años de trabajo.
A partir de ahí el tezontle y piedra extraído de las canteras de Culhuacán, los cuales eran transportados a Tenochtitlan como tributo, fue sustituido por el labrado de piedra volcánica para abastecer a la capital en el período Colonial que comprende tres siglos. Viene el proceso de organización territorial a la par del de la evangelización, por lo que el pueblo se divide en 18 barrios, con nombre de un santo católico antepuesto al topónimo.
En el siglo xix y debido a recurrentes modificaciones de las divisiones político-territoriales de la Ciudad de México, Culhuacán pasa a formar parte de Coyoacán.
Comparsa Charros de San Francisco Culhuacán
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Ramírez Kuri refiere en su texto que en las tres primeras décadas del siglo xx y paralelo a la continua reubicación de la población, el núcleo central de la Ciudad de México registra un aumento notable de 344 mil habitantes en 1900 a un millón 029 mil en 1930. «De acuerdo con las referencias históricas de la Ciudad de México, en Coyoacán e Iztapalapa, desde 1900 se localiza un cúmulo de pueblos que, con marcadas variaciones registraba 21,510 habitantes incluyendo las respectivas cabeceras. En el caso de Coyoacán, los nueve pueblos existentes tenían una población de 3,904 habitantes que incluyendo la villa en el Centro Histórico (cabecera con 1,607 habitantes) ascendían a 5,511 habitantes».
Barrio Santa Ana del pueblo de San Francisco Culhuacán
culhuacaneneltiempo.bloges.org
En 1900 el 20 por ciento de esa población, dice, se concentraba en Culhuacán, uno de los nueve pueblos ubicado en el oriente, donde habitaban 799 personas. «Para 1921, esta población había descendido casi a la mitad, y representaba sólo el 10 por ciento del total de habitantes de los pueblos (3,882 habitantes)», decremento que Ramírez Kuri considera asociado al reacomodo que impulsó la Revolución Mexicana, y que se recupera hasta los años 30 cuando se registran 1,059 habitantes en el pueblo de Culhuacán, equivalente a la quinta parte de la población de los pueblos de la delegación.
A principios del siglo xx Culhuacán formaba parte de la región agrícola que se extendía por toda la franja sur de la Ciudad de México, gracias a su chinampería, de la que se obtenía maíz y frijol, entre otros cultivos.
Ex Convento de Culhuacán en 1950
Para 1950 la población se había casi duplicado porque había mil 983 habitantes, equivalente a 16 por ciento de la población total de los pueblos de Coyoacán (12 mil 452 personas). En 1970 San Francisco Culhuacán había alcanzado una población de 17 mil 909 habitantes y los ocho pueblos restantes de la delegación (La Candelaria, Los Reyes, San Pablo Tepetlapa, Santa Úrsula Coapa, San Mateo Churubusco y San Lucas) registraban 56 mil 254 habitantes. Pueblos que conurban a la delegación Coyoacán en 1970 de acuerdo con los lineamientos de la Ley Orgánica del Departamento del Distrito Federal; y donde además existen 11 barrios reconocidos, cuatro de ellos integran el pueblo de San Francisco Culhuacán: San Juan, San Francisco, Santa Ana y La Magdalena.
En el período post revolucionario (los años 20), anota Ramírez Kuri, se dota al pueblo de tierras ejidales pertenecientes a la Hacienda de San Antonio Coapa —propiedad de la señora María Escandón de Buch—, y en 1929 «al constituirse las delegaciones políticas del Distrito Federal y sus nuevas delimitaciones geográficas que conservan hasta la actualidad, una porción del territorio del pueblo de Culhuacán es incorporada a la Delegación Iztapalapa y la otra, de menor escala a la Delegación Coyoacán».
Estanque del ex Convento de Culhuacán
Así que en el contexto de la Reforma Agraria, los culhuacanenses demandaron al gobierno la restitución de las tierras que previamente habían tomado las haciendas, y cuyos títulos de propiedad les habían sido otorgados desde la época Colonial; sin embargo, la demanda no procedió por carecer de comprobación legal.
En los años 40 el pueblo de San Francisco Culhuacán comenzó a verse afectado por el acelerado proceso de urbanización e industrialización, por lo que los cultivos de temporal en las chinampas pronto comenzarían a desaparecer, los conflictos por la tierra resurgen con las primeras expropiaciones para la expansión de la estructura vial, y se agudizan en las décadas de los 50, 60 y 70, con la expansión de la mancha urbana.
No tardaron en aparecer en el pueblo grandes desarrollos habitacionales con la correspondiente infraestructura vial, y en las tierras expropiadas al ejido surgieron colonias populares. Porque San Francisco Culhuacán tenía asentamientos irregulares en tierras ejidales, y colonias como la del Mirador, iniciaron con 400 viviendas familiares. Fue entonces cuando los ejidatarios decidieron que con las indemnizaciones recibidas integrarían un fondo para la creación de zonas urbanas ejidales como «beneficio último de la revolución», para que les fueran otorgados lotes y casas.
Como paulatinamente muchos ejidatarios se vieron imposibilitados de comercializar sus productos agrícolas, y debido a que el cultivo de maíz en sus reducidas parcelas ya no les alcanzaba para mantener a sus familias, comenzaron a buscar otro tipo de empleos en la ciudad. Se ocuparon entonces como albañiles y carpinteros o como técnicos en compañías de teléfonos y de comunicación.
La mancha urbana fue implacable en su crecimiento, y en tres décadas —1970 a 1990— en donde antes los ejidatarios cultivaban maíz y alfalfa para alimentar al ganado, los involucrados en la industria de la construcción sembraron fraccionamientos, unidades habitacionales, centros comerciales, deportivos y recreativos. La estructura vial creció y actualmente delimita colonias, unidades habitacionales y asentamientos surgidos el siglo pasado.
Así, la Calzada Taxqueña cruza horizontalmente el pueblo de San Francisco hasta entroncar con la Avenida Tláhuac. Pero es en esta vialidad donde en 2006 fue construido un puente vehicular que le dio mayor fluidez a la zona. El Eje 3 Oriente pasa por Culhuacán y divide a San Antonio, y la ampliación de la infraestructura urbana tiene su significativa ampliación con la conclusión y puesta en marcha de la línea 12 del Metro, una de cuyas estaciones tiene el nombre de Culhuacán y, otra más, se localiza en San Andrés Tomatlán.
San Francisco tiene dos calles principales, 5 de Mayo y Ejido; esta última cambia de nombre a Rosa María Sequeira al entroncar con la Avenida de los Apaches que colinda con las unidades habitacionales y la Escuela Naval Militar. Otras dos calles significativas son la Miguel Hidalgo, que proviene de la Calzada Taxqueña, y la de Santa Ana que conduce a la plazuela y la parroquia. Aunque debido al incremento de la población y con la llegada de nuevos habitantes el pueblo ha visto crecer sus índices de asaltos, robo de autopartes y drogadicción. Independientemente de las riñas que protagonizan bandas de jóvenes de la localidad, quienes ante la demanda de vivienda de los inmigrantes se han quedado sin espacios para la diversión y esparcimiento.
Festividades
Las fiestas patronales, dice Ramírez Kuri, «condensan el esfuerzo de la comunidad por preservar y reproducir el sentido de ser pueblo y las tradiciones que se representan periódicamente en el espacio público». La fiesta más importante en Culhuacán es la de la Santísima Trinidad, en la que se rinde culto al Señor del Calvario y se realiza entre mayo y junio con la participación de los 11 barrios. Se lleva a cabo una procesión desde la capilla del Calvario, ubicada en Calle 16 de Septiembre (entre las calles Morelos e Iturbide), hasta el parque Culhuacán, acompañada por una banda de música. En la entrada de la capilla se coloca una portada, elaborada con productos de la tierra como semillas y flores, la cual correspondió poner no hace mucho a la mayordomía de San Francisco; mientras que en la Plaza Leona Vicario bailan las comparsas y se encienden los castillos con pirotecnia.
«La fiesta comienza y termina diariamente con música, comida y castillos, las misas se celebran al mediodía», apunta Ramírez Kuri. «El domingo es el primer día, abren en la mañana con la banda y los mariachis para darle las mañanitas al Señor del Calvario, y recibir a los barrios de Coyoacán: San Francisco, San Juan, La Magdalena y Santa Ana», señala.
El templo de San Francisco, ubicado en el barrio del mismo nombre, en Coyoacán,
alrededor de 1930. Fue planeado como capilla abierta en el siglo XVI, pero sólo fue
hasta el siglo XVIII cuando adquirió su aspecto actual (Fotografía INAH)
Según refieren algunos pobladores, hace 400 años los canteros de Culhuacán al realizar sus labores escucharon el llanto de un niño, por lo que alarmados comenzaron a buscar el origen del sollozo, percatándose que provenía del interior de una cueva. Una vez que la abrieron y entraron en ella, quedaron sorprendidos por la aparición de la imagen un Cristo negro (Señor del Calvario), que se encontraba al final de la cueva acompañado de dos ángeles, por lo que de inmediato comunicaron al cura y demás pobladores la milagrosa aparición, lo que originó la construcción de una pequeña capilla en el interior de la cueva para veneración de la imagen.
Además de la festividad de la Santísima Trinidad que se festeja en los meses de mayo y junio en la parroquia del Calvario y la Plaza Leona Vicario, el 24 de junio es la fiesta del Barrio San Juan, el 22 de julio la del Barrio La Magdalena, el 26 de julio la del Barrio de Santa Ana y el cuatro de octubre la festividad del Barrio de San Francisco.
Finalmente, los pobladores del Barrio de San Francisco organizan el carnaval desde hace 25 años —según refieren los organizadores en el blog «http://san-francisco-culhuacan-lym.blogspot.mx/»—, para recordar «cuando los romanos andaban en busca de Jesús». Refieren también que lo tradicional es que los hombres se disfracen con vestimenta de mujer, «blusas, faldas, medias y zapatillas».
En cuanto a la fecha del carnaval apuntan que no tiene una determinada, «depende cuándo caiga Semana Santa, y esto se festeja el domingo después del Miércoles de Ceniza». Participan en el carnaval alrededor de cien personas y es organizado por la agrupación Juniors.
A pesar del precipitado proceso de urbanización que ha vivido Coyoacán, tanto en su zona Centro como en los Pedregales y los Culhuacanes, aún se conservan barrios y pueblos tradicionales como San Francisco Culhuacán, con su cultura fragmentada, pero con la voluntad de sus pobladores por preservar sus tradiciones, como última resistencia a los cambios modernizadores. No olvidemos que el pueblo de Culhuacán fue el más importante en el Valle de México de la época prehispánica, y en él convergieron el pasado colonial y el actual, de plena urbanización. Por eso incursionar en los Culhuacanes es como adentrarse en la tradición y la identidad de sus habitantes.

miércoles, 23 de julio de 2014

Los Reyes Hueytlilac

Los Reyes, antes Hueytlilac (voz náhuatl que significa «en las grandes aguas negras»), es una de las comunidades más antiguas de Coyoacán. Sus orígenes se remontan al periodo preclásico del 2,400 al 200 a.C., con los primeros asentamientos de núcleos poblacionales en Cuicuilco y Copilco, en una angosta faja definida por las aguas del Lago de Texcoco y el Pedregal.
Iglesia de Los Reyes, en Coyoacán
Con la llegada de los españoles, Coyoacán se convirtió en importante centro de población, y la zona de los pueblos en lugar de ineludible paso para el tránsito hacia la zona sur de la región.
Los habitantes de esa zona llamada Quiahuac («lugar que tiene agua de lluvia») rechazaban la dominación española, por lo que tras de varios enfrentamientos debieron migrar hacia Ocuela y Huitzilac.
Luego de que las aguas disminuyeron en el lago, éste quedó como zona pantanosa; sin embargo, a mediados del siglo xix, con la construcción de canales y drenes, las tierras pudieron ser paulatinamente cultivables, por lo que se establecieron en los alrededores considerable número de ranchos, como el de los Padres Camilos, cuya área de influencia incluía al pueblo de La Candelaria y al de Los Reyes. Otro pueblo que en la orilla del lago compartía tales características era San Francisco Culhuacán.
Como otros pueblos mesoamericanos, los habitantes de Los Reyes basaron su alimentación en los cultivos del maíz, la calabaza y el frijol, además de quelites como lengua de vaca, quintoniles y verdolagas. También tenían a su disposición chilacayote, jitomate, tomate, chayote, epazote, chile, nopal, flor de calabaza, hongos, y huitlacoche; frutales como membrillo, tejocote, capulín, zapote, guayaba, aguacate, así como una gran diversidad de flores.
En las zanjas, en la cantera y en pequeños lagos, se pescaba el ajolote, el acocil, y la carpa, y se recolectaba la huevera de mosco (ahuautle). Se cazaba tlacuache, cacomixtle, paloma, zorrillo, pato, liebre, cincuate, cascabel y tortolita; de los magueyes  se extraía el gusano. Para el cuidado de los cultivos se diseñaron técnicas hidráulicas avanzadas, además, Los Reyes se destacaba por ser una importante zona chinampera, y por el cultivo de flores y la confección de artesanías hechas con ellas como actividad económica preponderante.
Una calle del pueblo de Los Reyes
A fines del siglo xix el pueblo de Los Reyes así como los de La Candelaria y San Francisco Culhuacán comenzaron la disputa de las tierras, debido a que los campesinos presentaban distintos títulos de propiedad que atestiguaban sus derechos sobre las tierras. El conflicto fue determinante para marcar la participación de los pueblos en la gesta revolucionaria al lado de Emiliano Zapata, los que una vez triunfantes convirtieron la mayoría de las áreas circundantes en tierras ejidales.
En la década de los veinte dichos pobladores vendían en La Merced los susodichos productos que cultivaban, además dio inicio la explotación de las canteras del Pedregal de Monserrat.
Por ahí pasaban quienes se dirigían hacia Tlalpan y Xochimilco, y como la actual Calle Francisco Sosa y la Colonia del Carmen, también eran zonas de quintas y casas de fin de semana de los habitantes de la Ciudad de México.
Cuando el cinco de octubre de 1934 es promulgado el decreto presidencial que definió el área centro de Coyoacán como Zona Típica y Tradicional, el pueblo de Los Reyes quedó fuera de la zona considerada como histórica, aun cuando sus antecedentes ameritaban que se le hubiera incluido. Sin embargo, como no fue así, vino el auge de las construcciones en la zona y fueron edificados condominios y unidades habitacionales, con lo que la población se duplicó.
Celebración del Señor de La Misericordia
La venta de las áreas cultivables continuó con el transcurso de los años para dar paso a la construcción de fraccionamientos, donde habrían de instalarse los nuevos núcleos habitacionales, por lo que el carácter rural de esos pueblos comenzó a transformarse al ocasionarse el desplazamiento de las áreas de cultivo y la incorporación de los pobladores a la actividad productiva urbana.
Tras de la creación de las zonas habitacionales de Xotepingo y Ciudad Jardín y las avenidas Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico, varios de los espacios ocupados por los pueblos fueron vendidos o expropiados por causas de utilidad pública o permutados.
En este proceso se vio envuelto el pueblo de Los Reyes, como otros más de Coyoacán, y en la década de los cuarenta se dio el incontenible fenómeno del aumento de la población. Durante la siguiente década se instala la Universidad Nacional Autónoma de México en la Ciudad Universitaria, y se incrementan las construcciones y la depredación de muchos de sus valores naturales y urbanísticos.
En la década de los cincuenta, por el incontenible avance de la mancha urbana, fue ocupada el área norte de Coyoacán, con lo que comenzó a instalarse importante número de establecimientos industriales, situación que contribuyó a la transformación de los pueblos al surgir barriadas de trabajadores, y por acuerdo entre comuneros y colonos o avecindados, comenzó un lento y en ocasiones conflictivo crecimiento de los pueblos hacia la zona del Pedregal.
El crecimiento poblacional continuó en aumento en la década de los sesenta, sobre todo en la zona de los Pedregales, que fue ocupada en su totalidad por invasiones sucesivas, provocando un crecimiento no planificado en la zona oriente de Coyoacán.
En los años 70 y 80 aparecieron las unidades habitacionales y rápidamente expandieron su territorio hasta colindar con Iztapalapa y el Canal Nacional, por lo que en la actualidad, con la urbanización de fraccionamientos y conjuntos habitacionales se observa la totalidad de su suelo ocupado.
La actividad inmobiliaria se aposentó en dichos pueblos a causa de la gran demanda de vivienda por parte de quienes, procedentes de otras partes del territorio nacional o, incluso, de la misma ciudad, querían vivir en el Distrito Federal, pero sin que el lugar que iban a escoger como nueva residencia perdiera las características de los pueblos de provincia. Debido a eso fueron demolidas las antiguas viviendas y con ello se desplazó a sus originales habitantes, lo que también modificó las costumbres hasta el punto que en algún pueblo el fenómeno se ha vuelto irreversible.
Aún así, en la mayoría de los pueblos perdura un gran respeto por sus tradiciones, los habitantes celebran puntualmente sus festividades, conservándose leyendas, tradiciones y organizaciones que, como sucede con las de mayordomos, son uno de los principales baluartes de la conservación de la figura del pueblo como tal, así como de su estructura sociocultural.
Festividades
Celebración de muertos en Los Reyes. Fotografía: Laura Corona
Los pobladores de Los Reyes han tenido especial fervor para preservar sus ritos y tradiciones, así como para celebrar las fiestas religiosas, y los santos patronos del lugar no podrían ser otros que los tres Reyes Magos, por lo que cada seis de enero se les festeja con una comida que es preparada para todos los habitantes del pueblo.
Lo tradicional es el mole, el arroz y los tamales que se hacen tanto para los asistentes a las fiestas como para las ofrendas que se les dan a los Reyes Magos. Con el sistema de la mayordomía, una familia cuida la imagen religiosa durante todo el año y el día de la fiesta prepara la comida para todos los asistentes.
Fiesta de los Reyes Magos el seis de enero, santos patronos del pueblo de Los Reyes.
Fotografía Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
Antiguamente el mole y las tortillas se hacían en el metate y varias mujeres o molenderas se encargaban de su preparación, pero conforme transcurrieron los años, los molinos y la masa de maíz preparada sustituyeron a los utensilios tradicionales, lo que significó una ayuda para quienes debían andar a la brega toda la noche a fin de poder saldar el compromiso. Además, a la festividad se le agregaron otros sabrosos platillos de la cocina mexicana, declarada por cierto Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, como la barbacoa, las carnitas y el chicharrón en salsa verde. Sin embargo, para los habitantes de Los Reyes, el platillo emblemático sigue siendo el mole, las mayordomías tienen total vigencia y sentido, y la preparación de los alimentos para la fiesta debe ser colectiva.
Portada de flores de la iglesia de Los Reyes
Además de la fiesta a los Reyes Magos, existen otras celebraciones religiosas importantes, como el recibimiento al Señor de las Misericordias, que se lleva a cabo el primer domingo de septiembre. En el siglo xx la imagen del Señor de La Misericordia suplantó a los Santos Reyes Magos y se transformó en una imagen regional venerada por la mayor parte de los pueblos, barrios y algunas colonias de Coyoacán y ciertas comunidades de Álvaro Obregón y Benito Juárez.
En Los Reyes, el recibimiento del Señor de las Misericordias es, actualmente, la fiesta más grande del año. Igual que para los Reyes Magos, funcionan las mayordomías y los alimentos se preparan entre vecinos siguiendo ciertas reglas. Por ejemplo, la tradición dice que cuando se preparan tamales la persona que comienza a hacerlos es la que debe de terminar; que nadie más debe de tocar la preparación o la vaporera porque, si lo hacen, los tamales quedan «pintos» (la cocción no es pareja); y que para arreglarlos se debe aventar un puño de semillas de chile a la lumbre y gritarles groserías a los tamales.
El Señor de La Misericordia
Celebración del Señor de La Misericordia. Fotografía tomada en 2008
El Señor de La Misericordia, como lo escribe Ana María Castro, cronista de pueblos y barrios de Coyoacán, es la imagen más venerada de Coyoacán y delegaciones limítrofes como Álvaro Obregón y Benito Juárez. Al respecto, la cronista apunta en su artículo «¿Quién es el Señor de La Misericordia» (www.cronistasdf.org.mx) que más allá de ser una devoción católica es un convicción social. «Su imagen en bulto no sólo representa el santo protector de la mayoría de los hogares coyoacanenses; no sólo es el ‘Chaparrito’ que ‘escucha’ pacientemente las peticiones especiales de sus afligidos devotos o que parece sonreír ante las manifestaciones de agradecimiento de los fervorosos fieles que recibieron el ‘milagro’ esperado. El Señor de La Misericordia es, ante todo, el gran aglutinador que logra hacer no sólo de la mayor parte del territorio coyoacanense sino, más aún, de algunos  pueblos de otras jurisdicciones vecinas, una especie de Santuario la mayor parte del año».
La venerada imagen. Fotografía El Félix
El Señor de la Misericordia realiza una serie de visitas durante siete meses del año a pueblos, barrios y colonias donde los devotos celebran a su «Santo», apunta Ana María Castro, quien refiere también la visita que le hace la gente de Zapotitlán, Tláhuac (sus antiguos dueños), a su casa de Los Reyes, Coyoacán, así como la festividad de la «Octava», mediante la cual «el Señor convoca miles y miles de voluntades, de afanes, de convicciones y, en cierta medida, de sacrificios económicos, pues en cada ceremonia, por demás fastuosa, se invierte una gran cantidad de recursos monetarios. Sin embargo, todo pareciera ser poco: año con año los responsables de la organización de los ‘recibimientos’ y ‘entregas’ de la imagen –cuyo origen de su llegada a Coyoacán es por demás legendario–, se empeñan por superar el esfuerzo realizado el año anterior. Nada es suficiente y, mucho menos, excesivo para venerar y agradecer a Jesús, en su advocación de Señor de La Misericordia, el amor, la protección y los favores recibidos por él desde los antiquísimos tiempos –tan antiguos que se pierden en la memoria aún de la gente de más edad de Coyoacán– en que por iniciativa de un pueblo asolado por una de las últimas pestes de cólera que tuvo lugar en la ciudad capital durante el siglo xix, el ‘Chaparrito’ salió de la parroquia del pueblo de Los Reyes, jurisdicción coyoacanense, para recorrer el territorio afectado, bendecir y brindar consuelo a los miles de infectados y a los deudos de los que no lograron sobrevivir a tamaña calamidad».
La cronista recuerda que más tarde, la presencia del Señor de La Misericordia volvió a ser requerida «en la terrible época en que la ausencia de lluvias sumió en el hambre y la desesperación no sólo a la gente que se alimentaba con los productos del campo, sino que vivía de su venta e intercambio. Nuevamente el Santo Patrono, en el imaginario religioso popular, ‘escuchó’ las sentidas plegarias y regaló el agua necesaria para la obtención de las magníficas cosechas que dieron fama a la mayoría de los poblados coyoacanenses por su riqueza en manantiales, ojos de agua y producción hortícola y floricultora». Posteriormente, los recorridos se volvieron una «bella y longeva tradición», por lo que las visitas «dejaron de tener un carácter meramente religioso para volverse el crisol donde se fragua una gran y sólida red social;  el pretexto para hacer desaparecer –por momentos– las fronteras jurisdiccionales; el motivo para saldar viejas culpas; la obligación de agradecer los dones recibidos; la oportunidad para compartir con propios y extraños el pan y la sal; el objeto de alabanzas, música y bailes; la inspiración de los artesanos cuyo oficio centenario se traduce en hermosas y espectaculares portadas, andas, tapetes y pirotecnia de colores mil, (arte que logra conjugar antiguas tradiciones de origen prehispánico, con costumbres provenientes de Europa)… en fin, la catarsis que invita a los congregantes a la búsqueda de una mejor forma de vida: espiritual y materialmente significativa; religiosa y festiva; solidaria y participativa».
Patrimonio material
Para mayor referencia
El pueblo de Los Reyes se encuentra ubicado al suroeste de la delegación Coyoacán, colinda al sur con el Pedregal de Santo Domingo de los Reyes, al norte con la Colonia El Rosedal, al oriente con el pueblo de La Candelaria, al poniente con el Barrio del Niño Jesús. Su acceso principal es por las avenidas Real de los Reyes, Miguel Ángel de Quevedo y Las Torres.
Su patrimonio inmaterial lo constituye una casa-habitación que data del siglo xix y se localiza en Calle Las Flores número 64 esquina con Los Reyes.
Otra edificación más es el Templo de los Santos Reyes, colorida iglesia del siglo xvi y que se encuentra en la Plazuela de Los Reyes, a la que se puede llegar por la Calle de Real (entre la Avenida Pacífico y el Eje 10 Sur). La iglesia fue antigua y al parecer, de la original sólo quedó una de las torres. Ahí se celebran varias fiestas, la más notable es la del Señor de la Misericordia en el mes de septiembre, pero la gente le tiene especial cariño a la de los Tres Reyitos, en enero.
Asimismo, la Quinta de Los Reyes, casa-habitación del siglo xx, ubicada en Calle Real de Los Reyes número 187 esquina con Plazuela de Los Reyes.
En tanto que el Manantial Xochiacatl, del siglo xix, se encuentra en Real de Reyes número 304.