miércoles, 26 de marzo de 2014

Pueblo de La Candelaria

El pueblo de La Candelaria Macuitlapico —del náhuatl macuili, cinco, y tlapixo, sembrador—, se asienta en los linderos de la erupción del Volcán Xitle y se conformó como resultado de la unión de tres tlaxilacalli o calpulli (barrios): La Candelaria Macuitlapilco, San Lorenzo Chinampan y Santa Cruz.
Al respecto, información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (www.conaculta.gob.mx) señala que La Candelaria se encontraba en los márgenes del lago de Xochimilco, era una zona chinampera, de ahí su nombre toponímico, sobre o en las chinampas. Los habitantes de este pueblo se dedicaron por muchos años al cultivo de la tierra, lo que favoreció la fertilidad del suelo.
Corría el año de 1577 cuando el virrey de la Ciudad de México Luis de Zumárraga otorgó la propiedad del pueblo a 40 familias, pero la mayoría de ellas lo hizo en terrenos colindantes con la iglesia, la Calle Texcoco (ahora Santa Cruz), que daba entrada al pueblo y en los terrenos adyacentes a la entonces denominada «capilla abierta destinada para indios».
En el siglo xvi también fue construido el monasterio de Nuestra Señora de Monserrat.
El poblamiento de la zona se dio principalmente sobre las calles Texcoco y el Cerrito, como únicas y principales, y toda la traza de veredas de la parte norte. Esta imagen perduró hasta fines del siglo xix y principios del xx, en el que todavía se perpetúan sus tradiciones.
La Candelaria, virgen patrona del pueblo
Según narraciones de ancestros pobladores, al llegar los colonizadores trajeron desde España la imagen de una virgen, y el capitán a cargo de la embarcación la llevó con él hasta el pequeño poblado al que le dio su nombre. Otros más refieren que a mediados del siglo xix los frailes franciscanos trajeron una imagen de la Virgen María a la que llamaban Candelaria, por su semejanza con la imagen de Canarias, y que fueron ellos quienes levantaron la pequeña Capilla en su honor, con lo que se le dio nombre al referido pueblo.
Con la colonización y evangelización, en las grandes extensiones de fértiles tierras se asentaron grupos de floricultores y comerciantes que aprovecharon los caudales de pequeños riachuelos para regar sus sembradíos, así como para la crianza de ganado y aves de corral.
Gracias a esas zanjas, manantiales y tierras fértiles, en La Candelaria casi todos los habitantes tenían cultivos y usaban los productos de sus tierras para venta y autoconsumo. Otra importante actividad agrícola era la floricultura, cuyo producto lo vendían en los mercados de Portales, Jamaica o La Merced.
En 1896 se realizaron los trabajos necesarios para hacer la correspondiente prolongación de la Calle Santa Cruz con el nombre de «Las Flores». Xocotenco también fue ampliada y pasó de ser vereda a calle, esto en 1902. Al año siguiente la Cerrada Monserrat también se convirtió en calle, y en 1918 la calle de Santa Cruz, en el tramo que va de «Cerrito» a División del Norte, cambió de nombre por el de «Emiliano Zapata».
Más tarde, en 1920 fue ampliada la Privada del Panteón, lo mismo que el Callejón de la Gloria, pero esto ya en 1950; traza que se mantuvo hasta la década de los setenta cuando fueron ampliadas y pavimentadas las calles del Panteón, el Cerrito, Santa Cruz, Colorines, Clavel, Olivo y Árbol.
Las fiestas
El pueblo de La Candelaria es sin lugar a dudas el que mantiene más vivas sus costumbres y su organización, pero además es donde se lleva a cabo el mayor número de festividades durante el año.
Conocida por las personas como zona de festividades y tradiciones características cuyos orígenes se remontan a la época Prehispánica, así como la colonización y evangelización en la Nueva España, La Candelaria es el pueblo con más celebraciones religiosas en Coyoacán, donde las mayordomías se siguen encargando de la organización, al estar integradas por familias originarias y, últimamente, por inmigrantes de Michoacán.
En las celebraciones se ofician diversas misas, de acuerdo con el calendario litúrgico. Luego se invita a los asistentes atole de piloncillo, tamales y pan blanco, todo preparado por alguna familia. En la festividad en honor a la Virgen de La Candelaria, el dos de febrero, se ofrecen tamales, elaborados de manera colectiva. Para elaborarlos, los oferentes juntan los ingredientes en el transcurso del año y matan a los cerdos uno o dos días antes. Después la comida se sigue ofreciendo hasta por varios días.
Las festividades son las siguientes: el dos de febrero es el día de la Virgen de La Candelaria; el 24 de junio de San Juan Bautista; el primero de julio día de la Preciosa Sangre; el 10 de agosto día de San Lorenzo; la tercera semana de agosto es el recibimiento del Señor de la Misericordia; la primera semana de septiembre es la entrega del Señor de la Misericordia; el 29 de septiembre se festeja a San Miguel Arcángel, y finalmente el tres de noviembre a San Martín de Porres.
La Fiesta del 2 de febrero
Durante la fiesta del día dos de febrero son elaborados coloridos tapetes de aserrín y flores, para conmemorar los orígenes prehispánicos y de floricultores de los participantes. El día de La Candelaria dentro de la tradición católica es una fiesta religiosa que evoca el momento en que María y José llevaron al templo a Jesús para presentarlo y circuncidarlo al cumplir 40 días de nacido. Porque debían pasar cuarenta días para que su madre ya no estuviera impura por la sangre del parto, según la tradición judía. Y como en el templo se encontraba Simeón, él les dijo que el niño sería la luz de la humanidad y que iluminaría los hogares como candela.
«Lo anterior representa la purificación de María —dice Martha Delfín Guillaumin— y por eso se le nombró Nuestra Señora de la Purificación o Candelaria en una de sus advocaciones, lo que explica el porqué la fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres como la Presentación del Señor, la Purificación de María, la Fiesta de la Luz y la Fiesta de las Candelas. En nuestro país se le llama día de la Candelaria y se festeja el dos de febrero, es decir, cuarenta días después de la Navidad».
En su artículo «La Candelaria, los usos del maíz en su culto» (www.historiacocina.com), la autora también apunta que la devoción por la Virgen de la Candelaria es oriunda de las Islas Canarias como protectora de los navegantes, y que en la Nueva España se erigieron iglesias en su honor, como en el pueblo coyoacananse.
Asimismo, refiere que en México el culto a la Candelaria «sirvió para tratar de evitar que los indígenas realizaran sus ceremonias religiosas en honor de Tláloc, el dios de la lluvia, a principios de febrero», y como la celebración de la Candelaria es el día dos de ese mes fue que resultó oportuna la sustitución. «De cualquier forma, lo que se dio fue un sincretismo puesto que en muchos poblados del centro de México es común que los fieles indígenas campesinos lleven como ofrendas a la Virgen de la Candelaria mazorcas o semillas de frijol para pedir buenas lluvias y cosechas como antes se hacía a Tláloc», explica Martha Delfín.
Los fieles del pueblo y quienes lo visitan ese día, caminan por las calles del pueblo, van a la parroquia y a las casas de los pobladores, los que comparten con los presentes las abundancias que durante todo el año les brindó la santa patrona.
Ese día, desde la entrada del pueblo se percibe el ambiente de fiesta por los coloridos arreglos florales y las bandas de música que acompañan a la Virgen en su peregrinación.
Los mayordomos que fueron insaculados por los miembros de la comunidad, ofrecen durante varios días su hospitalidad y alimentos a la gente que concurre al lugar con música de banda que recorre sus calles y callejones con singular alegría, así como juegos pirotécnicos de gran espectacularidad y estruendo que anuncian la motivación de la gente por reconocer la tradición.
Representación de Semana Santa
Compañía de Teatro Salvador Novo
En 1950 un grupo de jóvenes entre los que se encontraban José Martínez, José Concha, Luz Villagrán y Amado Vergara, dieron inicio con la tradición de escenificar el Viacrucis de Semana Santa. Jamás imaginaron que se convertiría en una de las tradiciones más emotivas de La Candelaria y de gran trascendencia en la Ciudad de México.
Veinte años después, en 1970, consolidaron su asociación como Grupo de Teatro Salvador Novo, en honor al distinguido coyoacanense que incluso trabajó con ellos y les brindo su apoyo, y con esa nueva fisonomía también evolucionó la forma de llevar a cabo la representación en las décadas de los ochenta y noventa. Los habitantes del pueblo se muestran cada año muy interesados en participar y continuar con la tradición en La Candelaria, por lo que ya no es una representación teatral más, debido a que convoca a numerosos habitantes, jóvenes y adultos, que se preparan durante varios meses con la memorización de sus papeles a fin de participar después en la escenificación de la última cena de Jesús en el atrio de la iglesia, y al día siguiente en la crucifixión, en el majestuoso escenario que representa el Pedregal de Huayamilpas, símbolo de identidad y arraigo en la zona de los Pedregales.
Actualmente, los días miércoles y jueves de Semana Santa, en la plazuela de La Candelaria se desarrolla la escenificación del Viacrucis con 60 actores en escena, gran vestuario y estupenda producción, y el viernes se desarrolla el Viacrucis de Jesús con la crucifixión en el Pedregal.
Recibimiento y despedida del Señor de la Misericordia
El Señor de las Misericordias
Cuenta la leyenda que la imagen del Señor de la Misericordia procede del pueblo de Santiago Zapotitlán, en Tláhuac. En aquellos tiempos una comisión de vecinos la llevaba al centro de la Ciudad de México para restaurarla, un día en que se encontraban rendidos por el cansancio se detuvieron en lo que hoy es Taxqueña a tomar pulque, dejando la imagen entre los matorrales. Luego de una hora, cuando regresaron al sitio donde supuestamente la habían dejado, se dieron cuenta que la imagen ya no estaba, por lo que no tuvieron más remedio que continuar su camino al pueblo de Zapotitlán.
Al poco tiempo, gente residente del pueblo de los Reyes Coyoacán pasó por el lugar y encontraron la imagen abandonada, por lo que la llevaron a la capilla de Coyoacán a fin de encontrar el origen del Señor de la Misericordia. Como nadie reclamó la propiedad de la imagen, se tomó la decisión de dársela a la gente que la había encontrado.
Así fue como dio inicio la tradición de que cada año, a mediados del mes de agosto, el Señor de las Misericordias, al que se le atribuyen grandes bondades y milagros, llega de visita al pueblo de La Candelaria, para luego de unos días regresar el primer domingo de septiembre a Los Reyes. Durante ese tiempo se ofrecen rosarios diarios, mientras que se afinan los detalles relacionados a la ceremonia de despedida, con la elaboración de los tradicionales tapetes y la misa que por ese significativo momento se ofrece, para después marchar en peregrinación a la iglesia de Los Reyes Coyoacán a entregarlo.
La tradición indica que las celebraciones y festividades en La Candelaria van a la par con la organización de ferias y venta de antojitos y comida, además de los indispensables buñuelos, tamales, algodones de azúcar y ponche de frutas, y la infaltable feria con sus juegos mecánicos y stands de tómbola, tiro al blanco y demás vendimia, para impregnarle mayor ambiente y colorido a la festividad.
El Centro de Investigación y Documentación Histórica y Cultural de Coyoacán dice en su sitio web (www.historiasdecoyoacán.org) que los habitantes del pueblo de La Candelaria requirieron la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia, para la obtención de una declaratoria que garantizara la protección legal de su patrimonio cultural.
En efecto, el INAH atendió la demanda de estos y fue así como investigadores de la Escuela Nacional de Antropología e Historia realizaron un proyecto que tenía como objetivos aportar elementos para la legitimidad de la declaratoria; apoyar en la protección del patrimonio cultural, y divulgar la riqueza del mismo. Por lo que del patrimonio cultural del pueblo de la Candelaria destacan especialmente las tradiciones festivas, en las que el pueblo usa libremente su templo, sus plazuelas y estrechas calles, lo que es una forma de apropiación del territorio que permite la existencia de un sentimiento de propiedad legítima, que refuerza la identidad y la unión.
«El amplio calendario de fiestas permite que prácticamente todo el año niños, jóvenes, adultos y viejos, acostumbren utilizar su tiempo libre en la preparación y celebración de estas festividades, ya sea como actores a través del trabajo colectivo o como espectadores cuando asisten a los diferentes escenarios de las fiestas; espacios que brindan la oportunidad de disfrutar la convivencia con vecinos y visitantes», señala el Centro.
Lo anterior demuestra la importancia del patrimonio cultural en la vida e identidad del pueblo de La Candelaria, y la preocupación de sus habitantes por preservarlo.
El pueblo colinda con las colonias Pedregal de Santo Domingo, Real de los Reyes, Ajusco Coyoacán, San Pablo Tepetlapa, Ciudad Jardín, Ruiz Cortines, Nueva Díaz Ordaz y Santa Úrsula Coapa.
Patrimonio material
En el pueblo el patrimonio material lo constituyen dos emblemáticas construcciones: los Respiraderos del Río San Buenaventura,  que corresponden a los siglos xix y xx, y que se pueden ver sobre la Avenida División del Norte, al centro del camellón, y el Templo de La Candelaria, que data del siglo xvi, que se localiza en Plazuela de La Candelaria esquina con Calle Panteón.
Riesgos de la modernidad
La situación actual en La Candelaria en cuanto a inseguridad pública es igual que en el resto de Coyoacán y de la ciudad en general, por lo que al visitante, sobre todo en los días de fiesta, una de las cosas que inmediatamente le llama la atención cuando se dispone a entrar a la iglesia del pueblo, es la manta que contiene una advertencia para quienes llegan al lugar con otros fines. Ante el incremento de hechos delictivos, los organizadores de las festividades tomaron la determinación de cerrar filas en contra de los delincuentes.
«Si vienes a La Candelaria a robar o asaltar piénsalo dos veces porque estamos unidos y nos vamos a defender. Ya basta de impunidad», se lee en la manta que permanece a un costado de la entrada al atrio de la iglesia del pueblo de La Candelaria.
Mientras tanto, la vida continúa en ese pintoresco pueblo de Coyoacán, donde sus habitantes se esfuerzan por preservar el rico legado cultural de sus ancestros, aun cuando los embates de la modernidad, con el continuo flujo de inmigrantes que cada año llegan a vivir a esa zona, es constante.

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