martes, 28 de enero de 2014

El Barrio de Santa Catarina, Coyoacán

Santa Catarina es otro de los barrios de Coyoacán en donde es posible encontrar un remanso de tranquilidad, lo cual no es muy común en la convulsionada ciudad. Se localiza en un antiguo asentamiento prehispánico llamado «Omac», que significa «entre dos aguas», aunque en antiguos documentos aparece como «Omaque», en cuyas inmediaciones se encontraba un páramo de roca volcánica, ocasionado por la erupción del volcán Xitle, que paulatinamente se convirtió en fértil terreno debido a las filtraciones de agua provenientes del Ajusco.
El barrio a principios del siglo pasado
Sin haber sufrido transformaciones que hayan alterado mayormente su fisonomía de barrio, debido en buena medida a la defensa que de Coyoacán han hecho a través de los años influyentes personajes de la vida cultural y política de la Ciudad de México (uno de ellos fue el insigne doctor Antonio Castro Leal, del grupo de los Siete Sabios y que fue rector de la UNAM), el Barrio de Santa Catarina también se caracteriza por tener casonas del siglo XVIII, como las de Alvarado (muy cerca de la que fue casa de Salvador Novo) y de Ordaz (a pocos metros del Jardín Centenario), ambas ubicadas en la antigua Calle Real o de Santa Catarina, que desde 1951 lleva el nombre de Francisco Sosa en reconocimiento a la labor que tan insigne personaje desarrolló en beneficio de la historia y la cultura coyoacanense.
La Casa de Alvarado, ubicada en el número 383 de la Calle Francisco Sosa, es una quinta virreinal, ejemplo de la arquitectura local.
Mientras que en el número cuatro de la misma calle, la Casa de Diego Ordaz destaca por ser interesante construcción de una planta y fachada decorada al estilo mudéjar del siglo XVIII. Se trata de una de las casonas que la tradición popular ha rodeado de un halo de romanticismo y misterio, porque durante muchos años se creyó que había sido habitada por el conquistador español Diego de Ordaz; sin embargo, tiempo después y de acuerdo a un análisis detallado, se dedujo que el inmueble fue construido alrededor del siglo XVIII, mucho tiempo después de que el capitán murió en alta mar en 1532, cuando regresaba a España luego de haber fracasado en la búsqueda del famoso «El Dorado».
Capilla de Santa Caarina, en Coyoacán
Contribuyen al plácido ambiente del Barrio de Santa Catarina la presencia de viejas residencias con altos muros, la mayoría de ellos cubiertos de enredaderas, las cuales han sobrevivido al paso del tiempo gracias a las restauraciones. Flanquean las estrechas calles donde parece que se detuvo el tiempo, por lo que quien las camine podrá experimentar la sensación de encontrarse en otra época, y fantasear con la posibilidad de ver circular carruajes del período Colonial, cuando la conseja popular dio origen a leyendas de aparecidos y espectros diabólicos.
Sobre la Calle Francisco Sosa, principal vialidad del barrio, se encuentra la Plaza de Santa Catarina, rodeada de frondosos árboles, lo que contribuye a resaltar la hermosura de la zona. Ahí se localiza un muro que al parecer formó parte de una construcción del siglo XVII, así como el busto del cronista e historiador de Coyoacán, Francisco Sosa, quien vivió en esa zona hasta su muerte ocurrida el nueve de febrero de 1925, en la casa marcada con el número 38 de la Calle Real, cuyo nombre se debía a que conectaba al pueblo de Chimalistac, hoy San Ángel, con el de Churubusco.
Se trata de un soberbio camino que comienza a la altura del arco del Jardín Centenario y concluye en el puente de Panzacola, uno de los pocos puentes virreinales que se conservan intactos, en Avenida Universidad.
En la plaza también se encuentra la capilla reformada, debido a que el origen de la primera se remonta al siglo XVI, está dedicada a Santa Catarina de Siena. Originalmente fue capilla abierta con un marco sobre capiteles y basas, donde los naturales recibían servicios de evangelización por parte de la orden de frailes franciscanos. Hacia el siglo XVII se levantó una capilla con nave de cañón corrido que completó a la capilla abierta, y para 1650 fueron tapiados los huecos de su fachada, los vanos y el claro del coro, con lo que adquirió una apariencia estilo barroco. En la actual construcción fue añadida una torre, misma que perdió su linternilla debido al sismo de 1985. Fue declarada Monumento Nacional el 16 de agosto de 1932.
En tanto que del siglo XVII es el pequeño templo de San Antonio que se encuentra junto al puente de Panzacola, que cruzaba el Río de la Magdalena –el único río vivo del Distrito Federal actualmente–, de cuyo lado sur comenzaban las tierras de la Hacienda de El Altillo. Antes había ahí una capilla de principios del siglo XIX, la cual fue donada por la señora Aguayo Piña a la orden religiosa de los Misioneros del Espíritu Santo. Actualmente funciona ahí el Centro de Espiritualidad San José del Altillo, construido por el arquitecto Enrique de la Mora, es un moderno templo católico que, de acuerdo con Luis Everaert Dubernard, cronista de Coyoacán, «durante la invasión norteamericana fue ocupado como cuartel del regimiento de Pennnsylvania».
Por lo que corresponde a la Capilla de San Antonio Panzacola (Avenida Universidad y Calle Francisco Sosa), cuenta la leyenda que en acción de gracias y como cumplimiento a la promesa hecha por la madre de un grupo de contrabandistas, se mandó edificar esta peculiar iglesia. Se dice que hasta el siglo XIX fue paso obligado para trasladarse de Coyoacán y San Ángel a la Ciudad de México, y que existía una especie de punto estratégico —aduana—, donde las autoridades virreinales supervisaban los cargamentos que entraban y salía de estos lugares.
Otra célebre construcción es la Casa de Miguel Ángel de Quevedo (Francisco Sosa número 440), que ocupa la cuarta parte de la manzana que forman las calles Francisco Sosa, Panzacola y Miguel Angel de Quevedo. Resalta por su tamaño y por la cantidad y variedad de árboles y plantas que alberga en su interior. Originalmente era alimentada por un pequeño arroyo proveniente del Río Magdalena, hoy entubado en su mayor parte. Su uso actual es de casa-habitación.
Coyoacán recupera su esplendor en el porfirismo
Transcurridos los aciagos años en que Coyoacán prácticamente quedó en el abandono después de la lucha independentista y la invasión estadounidense, a finales del siglo XIX y principios del XX, durante el gobierno de Porfirio Díaz comenzó a recuperar su tradicional esplendor. Coyoacán se distinguió del resto de poblaciones de la ciudad por la floreciente generación de actividades culturales que comenzó a ser desplegada por quienes ahí vivían, lo que propició que se volviera centro de reunión de escritores, artistas y científicos.
Teatro de Santa Catarina
Indudablemente que Francisco Sosa influyó mucho para que Coyoacán atrajera a la intelectualidad. El periodista, historiador y poeta nacido en Campeche cuando esta ciudad formaba parte de Yucatán, pero avecindado en el Barrio de Santa Catarina después de 1869, solía invitar a sus amigos, así como a sus compañeros del Partido Liberal, con quienes cuestionó la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada y apoyó a José María Iglesias en su campaña por la Presidencia, para que visitaran tan paradisíaco lugar y motivaran su imaginación. Por cierto, años después Porfirio Díaz lo designó prefecto de Coyoacán (de 1897 a 1902, como refiere Luis Everaert en el prólogo del libro Bosquejo histórico de Coyoacán, que escribió Sosa) y, posteriormente, director de la Biblioteca Nacional.
Debido a la importancia de su ubicación geográfica, en el Barrio de Santa Catarina comenzaron a ser construidas espectaculares quintas veraniegas por parte de familias de alcurnia y raigambre, así como de personajes ligados a Porfirio Díaz.
A finales del siglo XIX, cuando todavía corrían arroyos por las calles de Coyoacán para fertilizar las huertas y viveros que había establecido el ilustre coyoacanense Miguel Ángel de Quevedo en una zona que comprendía desde el Pedregal de Oxtopulco hasta más allá de la Calle Real, al oriente de ese espacio verde, el 18 de octubre de 1890 fue inaugurada la Colonia El Carmen, así llamada en honor de Carmelita Romero Rubio de Díaz, esposa del presidente, quienes acompañados por su comitiva viajaron en ferrocarril de la Ciudad de México a San Ángel y de ahí en tranvía a Coyoacán.
El cronista Evereard detalla que entonces había sido tendido en su primer tramo entre la Ciudad de México y la Villa de San Ángel, por el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, el Ferrocarril de Circunvalación del Valle de México, el cual iba a ser inaugurado por Porfirio Díaz, quien realizaría el primer viaje redondo en el moderno tres de vapor, por lo que el presbítero Juan Violante «discurrió solicitar al Primer Magistrado que, entre la ida y la vuelta de su periplo intercalara una visita a Coyoacán tomando el ramal del tranvía de tracción animal ‘de mulitas’, que de la hacienda de Guadalupe (la actual Colonia Guadalupe Inn) enlazaba con la Calzada de Tlalpan en el pueblo de San Pablo Tepetlapa», para que el general Díaz hiciera la inauguración oficial del fraccionamiento al que se le impondría el nombre de pila de don Porfirio, Carmen.
El presidente Díaz buscaba la modernización del país, por lo que en Coyoacán se dio inicio con la venta de lotes de lo que fue el primer fraccionamiento de ese arbolado lugar, la Colonia del Carmen.
La transformación urbana de Santa Catarina
Sin embargo, vino la Revolución y tras del movimiento armado de 1910 comenzó la especulación inmobiliaria y de uso de suelo, por lo que el Barrio de Santa Catarina no pudo escapar a la oleada de obras públicas, ampliaciones y apertura de nuevos caminos. En 1906 fueron empedradas por la Dirección General de Obras Públicas la Calzada de San Pedro y Calle Real, siendo también alumbradas con tres focos de luz incandescente, cuando apenas unos años antes habían dado inicio los trabajos para el tendido del cableado eléctrico.
La imagen urbana del Barrio de Santa Catarina también se vio favorecida con la introducción del sistema de drenaje y agua potable, así como del tendido de vías para brindar el servicio de transporte a los coyoacanenses, a través de los tranvías que comunicaron a Coyoacán con San Ángel, Churubusco y el centro de la ciudad.
Tradición y cultura
Al respecto, Ana María Castro, cronista de barrios y pueblos de Coyoacán (Santa Catarina Omac, un barrio histórico y tradicional, cuyo artículo puede consultarse en el sitio web «www.cronistasdf.org.mx»), apunta precisamente que los barrios del Centro Histórico de Coyoacán y los alrededores han establecido, por décadas, la transición entre lo patrimonial y las colonias de fines de  siglo.
Plaza de Santa Catarina
«En estos lugares –señala– se guarda un enorme bagaje cultural que aún hoy en día es conservado por los habitantes de los mismos, constituyendo su rasgo distintivo del resto de la delegación. Elemento fundamental de ese bagaje lo constituye, sin duda alguna, la fiesta patronal del barrio; festejo que durante mucho tiempo fue el pilar de la vida social y tradicional del barrio, hasta que fue decayendo debido al constante movimiento humano que identifica al lugar: nativos que vendieron sus propiedades al fallecer sus padres y la llegada de nuevos vecinos, generalmente intelectuales, funcionarios gubernamentales, representantes políticos, artistas, en fin, gente poco afecta a la fiesta popular, a la convivencia vecinal, a la conservación de las tradiciones».  
Sin embargo, se muestra optimista por lo que ella llama «aires renovadores» significados por el entusiasmo de un grupo de personas interesadas en revitalizar la festividad tradicional de la santa patrona del barrio, a fin de reintegrarle la dinámica que había perdido, por lo que poco a poco, la festividad vuelve a tener el esplendor que la había caracterizado.
Otros sitios de interés de Santa Catarina
Justo enfrente de la plaza se encuentra la Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles, en el numero 202 de la Calle Francisco Sosa. El nombre náhuatl del predio era el de Izatitlan, que significa «entre izotes» (una especie de palma).
Según refiere Edi Ríos en el blog «barriosantacatarina.blogspot.com», en 1780, en plena época Colonial, la casa del predio de Izatitlan «pertenecía a don Juan de Luna Celis, quien tenía ahí una fábrica de papel. Posteriormente la casona fue adquirida por la familia Espinosa de los Monteros en el siglo XIX. Para 1912, se mudó a ella don Francisco Armida, quien conservó el viejo casco original y la cruz atrial del siglo XVII».
En julio de 1985 el gobierno donó sus terrenos y habitaciones para que funcionara como casa de cultura, y a partir de entonces ahí se imparten talleres de música, literatura, artes plásticas, teatro y danza; además de que se imparten conferencias, talleres y seminarios; conciertos y exposiciones temporales.
Asimismo, del lado izquierdo de la plaza se halla el Teatro Santa Catarina, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México, con representaciones de obras experimentales, comerciales y laboratorios teatrales.
Detrás de la Casa de la Cultura Reyes Heroles se encuentra el célebre Callejón del Aguacate. Es una calle muy peculiar de aproximadamente cuatro metros de anchura y con un sabor misterioso, que ha sido protagonista de varias leyendas e historias de terror. Por ejemplo, Edi Ríos da cuenta de las apariciones de «un monstruoso ser con forma de perro, de enormes y afiladas garras, que trata desesperadamente de arrancar de su nicho la imagen de la Virgen del Carmen, y en cuanto pone sus patas en ella se escucha el rasguño sobre la pared y sus infernales aullidos».
La conseja popular dice también que en el Callejón del Aguacate es común escuchar ruidos de cadenas y ver en las ventanas de las casas sombras y veladoras encendidas, siempre y cuando quien decida adentrarse en él a la media noche tenga los nervios bien templados.
Más casonas emblemáticas del Barrio
En el Barrio de Santa Catarina también se encuentra la Casa de Dolores del Río (Salvador Novo 127), inmueble conocido como «La Escondida», en el que vivió la actriz mexicana nacida en Durango. Fue construida en estilo colonial y posteriormente remodelada, tras de lo cual adquirió un estilo modernista. Su estado actual es de casa-habitación.
Otra emblemática construcción es la Casa del Indio Fernández (Dulce Oliva número 1, esquina con Zaragoza). Su construcción duró alrededor de 20 años y fue proyectada por el arquitecto Manuel Parra. Es una casona estilo colonial con impresionante fachada construida con piedra volcánica. el cineasta mexicano nacido en Coahuila, Emilio «Indio» Fernández la habitó durante gran parte de su vida y ahí falleció en 1986. Actualmente pertenece a su hija Adela Fernández.
Ni qué decir de la Casa del Sol (Francisco Sosa 412), construida por los señores Aguilar y Quevedo, donde la Sociedad Forestal Mexicana rinde homenaje a Venustiano Carranza, quien redactó ahí el proyecto de nuestra Constitución de 1917. Se dice que fue casa de descanso del «Apóstol del árbol», como también se le llamó a Miguel Ángel de Quevedo. Actualmente es casa particular.
Finalmente, y no por ello menos importante, destaca la casona sede del Instituto Italiano de Cultura (Francisco Sosa número 77), construida entre los siglos XVII y XVIII y remodelada en el siglo pasado. Se trata de una bella casona con muros de adobe y piedra, así como una fachada aplanada en rojo y revestida en ajaracas. Cuenta con un hermoso patio central y una fuente decorada con azulejos, varios nichos y la base de lo que fue un bello altar. Este monumento alberga además las oficinas culturales de la Embajada de Italia en México.

1 comentario: