martes, 23 de abril de 2013

San Pedro Tláhuac

Representación del juego de pelota

San Pedro Tláhuac es uno de los siete pueblos prehispánicos de la delegación Tláhuac. Fue fundada en una isla, casi en el centro del antiguo Lago de Xochimilco. Se dice que cuando los aztecas salieron de Aztlán en busca de la señal del águila y del nopal, lo hicieron acompañados de otros grupos, entre los que estaban los cuitlahuacas. El Códice Aubin (1576) refiere que de Aztlán salieron ocho tribus: los huexotzincas, chalcas, xochimilcas, cuitlahuacas, malinalcas, chichimecas, tecpanecas y matlazincas. Pero Torquemada (Monarquía Indiana), por su parte, se refiere a nueve tribus que salieron de Chicomoztoc (lugar de las siete cuevas), no menciona a los huexotzincas y sí en cambio a mixquicas y mexicas.
Mientras que el Códice Ramírez dice que los cuitlahuaca fueron los terceros en llegar al Valle de México, después de los xochimilcas y chalcas, estableciéndose en una isla que separaba los lagos de Chalco y Xochimilco, dedicándose a la agricultura y pesca. Los primeros pobladores que llegaron con la migración lo hicieron en el período postlásico temprano, a raíz de la caída de Tula (999), cuando los toltecas se dispersan y algunos, los que no pudieron seguir a Quetzalcóatl, por imposibilidad física o voluntad propia, llegan al Valle de México, como Culhuacán, Xico, Cuitláhuac y Mixquic. No todas las fuentes se ponen de acuerdo en el número de tribus que llegaron del norte, lo único cierto es que entre estas venían los cuitlahuacas.
También resulta impreciso establecer el tiempo en que fue fundada la población de Cuitláhuac, aunque algunos se remiten a tierra firme como Chalco donde se asentaron antes de 1171 los que serían primeros pobladores, para más adelante constituirla en 1222, en una isla ubicada dentro de una apacible laguna de agua dulce y transparente que se encontraba entre Chalco y Xochimilco. Cuitláhuac se constituyó como población con cuatro barrios conocidos como Ticic —el más importante hasta 1472—, Tecpan (Tecpancalco), Atenchicalcan y Teopancalcan.
En 1190 el territorio cuitlahuaca fue ocupado por los chalcas, posteriormente estos tuvieron que salir en 1325 con la conquista del territorio por parte de los tecpaneca, y finalmente en 1430 Izcóatl y Nezahualcóyotl, señores de México y Texcoco, acabaron con el imperio de Azcapotzalco y conquistaron Mixquic y Cuitláhuac.
A Cuitláhuac Ticic lo distinguió en la época prehispánica la fama de ser lugar de agoreros, debido a que según la leyenda ahí se habían establecido los caballeros nigromantes de Mixcóhuatl, el que cuando aún no había mucha gente y aún había oscuridad, bajó nueve veces en Culhuacán dando vuelta cerca del agua y en ninguna parte se halló bien, sino hasta que pasó por Cuitláhuac donde se metió inmediatamente dentro del agua. Hasta que al final del imperio azteca, inmerso en premoniciones y augurios fatales, Moctezuma Xocoyotzin vio aparecer sobre el firmamento un cometa de larga y resplandeciente cauda, por lo que mandó llamar a los agoreros de Cuitláhuac, quienes con anterioridad le había anticipado la llegada de los españoles, no gustándole de nueva cuenta la respuesta de Tzompanteuctli, a quien mandó matar junto con sus hijos, porque le pidió que comprendiera «que no ha de ser nuestro dios el que ahora está», sino que «va a llegar el dueño de todo y hacedor de las criaturas».
Tzompanteuctli significa nahualteuctin: nigromantes, y con su muerte acabaron los famosos agoreros de Cuitláhuac que tanta fama habían dado a la isla.
Luego de consumada la conquista de Tenochtitlan por parte de los españoles, el majestuoso paisaje de Cuitláhuac, único en el valle donde al igual que los pobladores de Xochimilco y Texcoco los pantanos de los coloridos lagos habían sido convertidos en fértiles chinampas donde practicaban todo tipo de cultivo como frijol, chile, maíz, tomate, chía, calabaza y flores, que junto con la caza de patos y conejos eran enviados al mercado de Tlatelolco, acabó por cautivar también a Hernán Cortés.
Carlos Justo Sierra en su obra Tláhuac (DDF, México, 1986) refiere que en Cuitláhuac «había muchas acallis o barcas para servicios de las casas y otras muchas de tratantes que iban con bastimentos a Tenochtitlan, al mercado de Tlatelolco y a todos los pueblos de la región, que también estaban llenos de barcas. Las calzadas contaban con puentes que fácilmente se podían alzar. Fue para los de Cuitláhuac, Mixquic, Xochimilco y demás pueblos del Anáhuac, el acalli su más eficaz medio de transporte, debido a que estaban rodeados de agua. Estas canoas las utilizó el cuitlahuaca para emprender acciones militares o para defenderse, llegando a considerarse muy diestros para manejar el remo. Razón por la que se sentían invulnerables y que acrecentaba más su orgullo».
Fue tanto el colorido y grandiosidad de aquel paisaje con sus islotes y ciudades lacustres sucediéndose en la profundidad del valle, conforme la vista escudriñaba cada parte de la naturaleza en cuya plena armonía de pronto afloraban torres y templos, que se quedaron atónitos los españoles cuando miraron absortos desde lo alto de algún cerro aquel despliegue de verdor con azulados tonos marinos, al grado de que Francisco Javier Clavijero en su Historia antigua de México anotó que «Eran tantos los canales de la ciudad que a cualquier barrio se podía ir por agua; lo cual contribuía a la hermosura de la población».
No olvidemos que cuando Cortés pasó por Cuitláhuac en su camino a Tenochtitlan, fue tanta la conmoción que experimentó por haber visto tan espléndido panorama que tiempo después escribió en sus Cartas de Relación que al entrar «por una calzada tan ancha» fueron a dar a «una ciudad la más hermosa, aunque pequeña, que hasta entonces habíamos visto, así de muy bien labrada casas y torres como de la buena orden que en el fundamento había por ser armada toda sobre el agua».
Durante la Colonia el tráfico de canoas que transportaban verduras, granos, maderas y materiales de construcción hacia la Ciudad de México fue constante, incluso telas y mercadería diversa que provenía de Oriente en la Nao de China, que tras de ser desembarcadas en Acapulco llegaban a Chalco y de ahí eran conducidas por agua a la metrópoli. Se consolidó el mestizaje y la tradición lacustre con actividades acuícolas de sus pobladores, ligados al trabajo de la tierra, cuya dinámica de vida se diferenció de la que tenía la ciudad.
Segregación de Tláhuac
En 1857 la Ciudad de México contaba con 20 municipalidades distribuidas en cuatro prefecturas políticas: Tacubaya, Tlalpan, Guadalupe Hidalgo y Xochimilco, a esta última perteneció Tláhuac y Mixquic. Más tarde, en 1889, se incorporó la municipalidad de San Francisco Tlaltenco, según refiere Carlos Justo Sierra; sin embargo, la municipalidad de Tláhuac fue suprimida en marzo de 1903 luego de que el gobierno porfirista expidió la Ley de Organización Política y Municipal del Distrito Federal. Luego de la Revolución, proceso en el que San Pedro Tláhuac sólo participó de manera colateral, como apunta Lucía Álvarez Enríquez («ya que de manera activa no participó como pueblo en la guerra»), que a solicitud expresa el Congreso restableció el Ayuntamiento el cinco de febrero de 1924, gracias al apoyo del general Severino Ceniceros, senador por Durango, constituyéndose como delegación a finales de 1928.
Lucía Álvarez Enríquez («San Pedro Tláhuac, Tláhuac», en Pueblos urbanos, identidad, ciudadanía y territorio en la Ciudad de México, UNAM-Porrúa) dice que «más que un pueblo urbano fue en realidad un pueblo con características muy rurales. Su vínculo con la Ciudad de México se mantuvo lejano y fue hasta la segunda mitad del siglo xx cuando éste se fortaleció y aumentó la comunicación con la ciudad mediante la emigración cotidiana de nativos a la capital en busca de trabajo y formación educativa, y también a través del enlace directo que proporcionó la Avenida Tláhuac», la cual data de la época prehispánica, aunque ha sido reconstruida varias veces y sigue siendo la principal vía de acceso a San Pedro Tláhuac.
Barrios
Los barrios tradicionales son ocho: La Asunción, La Guadalupe, La Magdalena, San Juan, San Mateo, Santa Ana, Los Reyes y San Miguel. Los barrios de San Miguel, La Magdalena y Los Reyes se localizan donde antiguamente estuvo asentado el de Ticic; mientras que los de San Juan, Santa Ana y La Lupita el de Tecpan; en tanto que el de La Asunción se ubica donde estuvo el de Atenchicalcan, y el de San Mateo en lo que fue Teopancalcan. Las colonias son Santa Cecilia, La Habana, San Andrés, San José, Tierra y Libertad y Quiahuatla.
Inmuebles históricos
Con respecto a la iglesia de San Pedro Tláhuac, pueblo que fue conocido en la época colonial como «San Pedro Cuitláhuac» o «Cuitláhuac Ticic», como señala el joven historiador de esa localidad Baruc Martínez Díaz, la ficha del Catálogo Nacional de Bienes Inmuebles Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia refiere que según fray Toribio de Motolinía la construcción del primer templo tuvo lugar después de 1529. Tras de darle correspondiente crédito al arquitecto español Francisco Becerra como posible asesor de la obra, el Catálogo señala que «la primera iglesia era de madera y adobes, con techo de dos aguas y planta de tres naves. En 1554 los franciscanos cedieron el templo y el convento a los frailes dominicos, quienes lo concluyeron de 1587 a 1596. La actual iglesia fue terminada por los dominicos a fines del siglo xvii o principios del xviii».
Sin embargo, Baruc Martínez Díaz dice en su libro La iglesia de Tláhuac y el proceso de evangelización en las comunidades indígenas, que efectivamente, dicho inmueble religioso fue edificado en el siglo xvi«posiblemente iniciado en la primera mitad de esta centuria y concluido en las dos primeras décadas de la segunda», pero que la fecha exacta del término de la obra del convento de Cuitláhuac Ticic es 1570 por parte de los dominicos.
La iglesia y el ex convento son la obra arquitectónica más significativa de San Pedro Tláhuac, debido a que la parroquia fue construida sobre las ruinas de un antiguo templo cuitlahuacatl, por lo que tras de que la parte baja del convento permaneció cubierta por tierra durante muchos años debido a las constantes inundaciones, a la llegada del párroco Antonio Valdés (que como dato adicional era hermano de Germán Valdés Tin Tan) al comienzo de la década de los años 60 del siglo pasado, fueron encontrados dos aros del juego de pelota llamado tlachtli.
Baruc Martínez Díaz apunta en La iglesia de Tláhuac que  esas «dos joyas arqueológicas (…) hacían referencia a las antiguas prácticas ceremoniales de los cuitlahuacah», las cuales «fueron colocadas en sendas columnas al interior del atrio de la parroquia de Tláhuac», donde actualmente se encuentran, y que pueden ser admiradas por los visitantes.
Enfrente de la iglesia de San Pedro Tláhuac se encuentra el edificio construido en el siglo xix, y que ha cumplido las funciones de Palacio de Gobierno, así como sede del xl comité distrital. A un costado se localiza el Mercado Típico de Comida, donde al llegar la noche se puede degustar el tradicional chileatole, así como otros platillos típicos de la gastronomía regional.
Lago de los Reyes
El Lago de los Reyes es un sitio que parece mágico porque conforme se adentra en los canales el silencio envuelve el frondoso paisaje de la zona chinampera, con sus plantíos de verduras y majestuosos escenarios naturales. El embarcadero se encuentra sobre la Avenida Tláhuac, enfrente del célebre restaurante La Playa, y al navegar sobre una confortable trajinera se pueden observar una gran variedad de aves, entre garzas, patos y gallaretas, por mencionar apenas algunas de las 50 especies migratorias que llegan a Tláhuac cada año.
El Lago de los Reyes se llama así porque se encuentra en el Barrio que lleva ese nombre, aunque hace algunos años quienes en la chinampería tienen su forma de ganar el sustento, le agregaron al nombre el adjetivo de Aztecas en honor al grupo más importante y representativo del glorioso pasado prehispánico. Ahora que si se desea pasar un día de campo con la familia, el canoero le permitirá desembarcar en una de las chinampas que cuentan con palapas y asador.
Festividades y tradición
La festividad más importante es la de San Pedro, santo patrono del pueblo que, de acuerdo con Baruc Martínez Díaz, dio inicio con la llegada de los españoles y la introducción de los santos del catolicismo. La versión actual de la feria dio inicio el 12 de octubre de 1956, cuando gracias al doctor Juan Palomo y los profesores Juan Ruiz y Pedro Páez Nieto dieron inicio con la primera Feria Escolar, Ganadera, Artesanal y Comercial, con el objetivo de brindar un espacio a la difusión de la cultura y comercialización de los productos del campo. En 1957 la feria fue cambiada de fecha estableciéndose la del 29 de junio en honor a San Pedro Apóstol.
Dicha festividad alcanzó su mayor esplendor en el lapso comprendido de 1988 a 1994, con los diversos patronatos responsables de la organización de la para entonces llamada Feria Regional de Tláhuac, en los que participó y en algunos casos los encabezó, el empresario Alejandro Durán Raña, por lo que se realizaron también diversos trabajos de restauración y conservación en la parroquia de San Pedro Apóstol, como fue el minucioso trabajo de limpieza y desinfección del retablo y la restitución de las piezas faltantes; la colocación del piso de mármol, la aplicación de pintura a las grecas y el rescate de la Virgen de Lepanto; además del enladrillado de las azoteas, restauración de los candiles, adquisición del órgano de la parroquia y colocación de la alfombra central, todo realizado con recursos que dejó la Feria Regional. Además de que el señor Durán Raña donó a la parroquia el altar que hasta la fecha tiene.
San Pedro Tláhuac es uno de los numerosos pueblos que se establecieron y prosperaron a la orilla de los lagos, pero también donde la tradición se vive con mayor intensidad por parte de sus habitantes. Alberto Barranco Lozano recuerda en un artículo («El baile de los judas», revista Nosotros número 11, abril de 1998), cómo «todos los años, el Domingo de Pascua, nos desquitamos… de los judas», de los que se mofan, se manifiestan y los bailan, cuando las comparsas salen de su madriguera, dice, como la de Amigos del Carnaval, los Auténticos Amigos del Carnaval o los Carpitas del Carnaval. La tradición continúa.
Ahora que si de refrescar el gaznate se trata, ahí está la pulquería La Mangana en San Pedro Tláhuac, último reducto de lo que fue  la región más transparente de los aires chinamperos, cual abrevadero de prosapia donde persiste la tradición de empinar el codo con la bebida de los dioses, la que a todas luces resulta más saludable que tomar cerveza. Por las tardes, sabios populares, nostálgicos bohemios y demás parroquianos, se sientan plácidamente en las pandeadas sillas para comentar las recientes incidencias ocurridas en el pueblo y demás álgidos temas desde alguno de sus rincones favoritos, como el del escuadrón de la muerte, el de los solitarios o el de los pájaros caídos, obviamente, en cumplimiento del beber.
En cuanto al día de muertos, la tradición en San Pedro inicia 15 días antes del uno y dos de noviembre, con la elaboración de las estrellas con armazón de carrizo, para luego ser forradas con papel de china al que se le agrega engrudo, aunque por la modernidad no falta quien les ponga celofán, pero en ambos casos deben ser de diferente color a fin de que resalte el colorido con la luz del foco que se coloca por dentro para después colgarla en la parte más elevada de la casa y todos puedan observar su cintilar. Sobre todo los difuntos, porque para ellos precisamente son colocadas esas estrellas que los guiarán en su paso hacia la tierra.
Lugares de interés
El primer Museo Regional Comunitario en Tláhuac reconocido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia se encuentra en Calzada Tláhuac—Chalco número 63, Barrio La Magdalena, en el que se exponen gráficos del paisaje lacustre y de los dioses de las chinampas. Pero sobre todo réplicas fidedignas de los originales de dos (Chicomecóatl y Tonacatecuhtli) de los cinco braseros ceremoniales aztecas que el entonces joven preparatoriano Jesús Galindo Ortega descubrió el tres de agosto de 1995 en tierras de cultivo de San Pedro, luego de notar la abundancia de tepalcates en la zona conocida como el «Tequesquite».
Asimismo, en San Pedro se encuentra el Museo Regional Tláhuac detrás de la iglesia de Tláhuac, sobre la Calle Severino Ceniceros, el cual resguarda hallazgos arqueológicos de otros pueblos.
Tláhuac, provincia de la capital
Hace dos décadas el cronista de Tláhuac, José Eduardo López Bosch, calificó a esa comunidad como la provincia del Distrito Federal porque, conforme escribió en sus colaboraciones periodísticas en diarios de la capital, «conserva su sencillez e inocencia» cual característica de las otrora apacibles poblaciones mexicanas, «a pesar de las múltiples embestidas de la mancha urbana que impasible avanza ante el desmedido crecimiento y la sobrepoblación que padecemos» (revista Nosotros, número 81, junio de 2005). Y aunque el destino parece finalmente haber alcanzado a la que parecía lejana región del centro de la metrópoli, sobre todo con la construcción de la línea 12 del Metro, San Pedro Tláhuac conserva en buena medida su vocación agraria y vida campirana.
Aunque sus costumbres y tradiciones se ven constantemente amenazadas por quienes se auto erigen en representantes de barrios o colonias para sacar provecho de la organización de las festividades, San Pedro Tláhuac aún mantiene características propias como es el predominio de la población nativa sobre la de los avecindados. Lo que habla del arraigo que los pobladores tienen, tanto al suelo rural como el urbano. San Pedro Tláhuac es uno de los siete pueblos prehispánicos de la delegación Tláhuac. Fue fundada en una isla, casi en el centro del antiguo Lago de Xochimilco. Se dice que cuando los aztecas salieron de Aztlán en busca de la señal del águila y del nopal, lo hicieron acompañados de otros grupos, entre los que estaban los cuitlahuacas. El Códice Aubin (1576) refiere que de Aztlán salieron ocho tribus: los huexotzincas, chalcas, xochimilcas, cuitlahuacas, malinalcas, chichimecas, tecpanecas y matlazincas. Pero Torquemada (Monarquía Indiana), por su parte, se refiere a nueve tribus que salieron de Chicomoztoc (lugar de las siete cuevas), no menciona a los huexotzincas y sí en cambio a mixquicas y mexicas.
Mientras que el Códice Ramírez dice que los cuitlahuaca fueron los terceros en llegar al Valle de México, después de los xochimilcas y chalcas, estableciéndose en una isla que separaba los lagos de Chalco y Xochimilco, dedicándose a la agricultura y pesca. Los primeros pobladores que llegaron con la migración lo hicieron en el período postlásico temprano, a raíz de la caída de Tula (999), cuando los toltecas se dispersan y algunos, los que no pudieron seguir a Quetzalcóatl, por imposibilidad física o voluntad propia, llegan al Valle de México, como Culhuacán, Xico, Cuitláhuac y Mixquic. No todas las fuentes se ponen de acuerdo en el número de tribus que llegaron del norte, lo único cierto es que entre estas venían los cuitlahuacas.
También resulta impreciso establecer el tiempo en que fue fundada la población de Cuitláhuac, aunque algunos se remiten a tierra firme como Chalco donde se asentaron antes de 1171 los que serían primeros pobladores, para más adelante constituirla en 1222, en una isla ubicada dentro de una apacible laguna de agua dulce y transparente que se encontraba entre Chalco y Xochimilco. Cuitláhuac se constituyó como población con cuatro barrios conocidos como Ticic —el más importante hasta 1472—, Tecpan (Tecpancalco), Atenchicalcan y Teopancalcan.
En 1190 el territorio cuitlahuaca fue ocupado por los chalcas, posteriormente estos tuvieron que salir en 1325 con la conquista del territorio por parte de los tecpaneca, y finalmente en 1430 Izcóatl y Nezahualcóyotl, señores de México y Texcoco, acabaron con el imperio de Azcapotzalco y conquistaron Mixquic y Cuitláhuac.
A Cuitláhuac Ticic lo distinguió en la época prehispánica la fama de ser lugar de agoreros, debido a que según la leyenda ahí se habían establecido los caballeros nigromantes de Mixcóhuatl, el que cuando aún no había mucha gente y aún había oscuridad, bajó nueve veces en Culhuacán dando vuelta cerca del agua y en ninguna parte se halló bien, sino hasta que pasó por Cuitláhuac donde se metió inmediatamente dentro del agua. Hasta que al final del imperio azteca, inmerso en premoniciones y augurios fatales, Moctezuma Xocoyotzin vio aparecer sobre el firmamento un cometa de larga y resplandeciente cauda, por lo que mandó llamar a los agoreros de Cuitláhuac, quienes con anterioridad le había anticipado la llegada de los españoles, no gustándole de nueva cuenta la respuesta de Tzompanteuctli, a quien mandó matar junto con sus hijos, porque le pidió que comprendiera «que no ha de ser nuestro dios el que ahora está», sino que «va a llegar el dueño de todo y hacedor de las criaturas».
Tzompanteuctli significa nahualteuctin: nigromantes, y con su muerte acabaron los famosos agoreros de Cuitláhuac que tanta fama habían dado a la isla.
Luego de consumada la conquista de Tenochtitlan por parte de los españoles, el majestuoso paisaje de Cuitláhuac, único en el valle donde al igual que los pobladores de Xochimilco y Texcoco los pantanos de los coloridos lagos habían sido convertidos en fértiles chinampas donde practicaban todo tipo de cultivo como frijol, chile, maíz, tomate, chía, calabaza y flores, que junto con la caza de patos y conejos eran enviados al mercado de Tlatelolco, acabó por cautivar también a Hernán Cortés.
Carlos Justo Sierra en su obra Tláhuac (DDF, México, 1986) refiere que en Cuitláhuac «había muchas acallis o barcas para servicios de las casas y otras muchas de tratantes que iban con bastimentos a Tenochtitlan, al mercado de Tlatelolco y a todos los pueblos de la región, que también estaban llenos de barcas. Las calzadas contaban con puentes que fácilmente se podían alzar. Fue para los de Cuitláhuac, Mixquic, Xochimilco y demás pueblos del Anáhuac, el acalli su más eficaz medio de transporte, debido a que estaban rodeados de agua. Estas canoas las utilizó el cuitlahuaca para emprender acciones militares o para defenderse, llegando a considerarse muy diestros para manejar el remo. Razón por la que se sentían invulnerables y que acrecentaba más su orgullo».
Fue tanto el colorido y grandiosidad de aquel paisaje con sus islotes y ciudades lacustres sucediéndose en la profundidad del valle, conforme la vista escudriñaba cada parte de la naturaleza en cuya plena armonía de pronto afloraban torres y templos, que se quedaron atónitos los españoles cuando miraron absortos desde lo alto de algún cerro aquel despliegue de verdor con azulados tonos marinos, al grado de que Francisco Javier Clavijero en su Historia antigua de México anotó que «Eran tantos los canales de la ciudad que a cualquier barrio se podía ir por agua; lo cual contribuía a la hermosura de la población».
No olvidemos que cuando Cortés pasó por Cuitláhuac en su camino a Tenochtitlan, fue tanta la conmoción que experimentó por haber visto tan espléndido panorama que tiempo después escribió en sus Cartas de Relación que al entrar «por una calzada tan ancha» fueron a dar a «una ciudad la más hermosa, aunque pequeña, que hasta entonces habíamos visto, así de muy bien labrada casas y torres como de la buena orden que en el fundamento había por ser armada toda sobre el agua».
Durante la Colonia el tráfico de canoas que transportaban verduras, granos, maderas y materiales de construcción hacia la Ciudad de México fue constante, incluso telas y mercadería diversa que provenía de Oriente en la Nao de China, que tras de ser desembarcadas en Acapulco llegaban a Chalco y de ahí eran conducidas por agua a la metrópoli. Se consolidó el mestizaje y la tradición lacustre con actividades acuícolas de sus pobladores, ligados al trabajo de la tierra, cuya dinámica de vida se diferenció de la que tenía la ciudad.
Segregación de Tláhuac
En 1857 la Ciudad de México contaba con 20 municipalidades distribuidas en cuatro prefecturas políticas: Tacubaya, Tlalpan, Guadalupe Hidalgo y Xochimilco, a esta última perteneció Tláhuac y Mixquic. Más tarde, en 1889, se incorporó la municipalidad de San Francisco Tlaltenco, según refiere Carlos Justo Sierra; sin embargo, la municipalidad de Tláhuac fue suprimida en marzo de 1903 luego de que el gobierno porfirista expidió la Ley de Organización Política y Municipal del Distrito Federal. Luego de la Revolución, proceso en el que San Pedro Tláhuac sólo participó de manera colateral, como apunta Lucía Álvarez Enríquez («ya que de manera activa no participó como pueblo en la guerra»), que a solicitud expresa el Congreso restableció el Ayuntamiento el cinco de febrero de 1924, gracias al apoyo del general Severino Ceniceros, senador por Durango, constituyéndose como delegación a finales de 1928.
Lucía Álvarez Enríquez («San Pedro Tláhuac, Tláhuac», en Pueblos urbanos, identidad, ciudadanía y territorio en la Ciudad de México, UNAM-Porrúa) dice que «más que un pueblo urbano fue en realidad un pueblo con características muy rurales. Su vínculo con la Ciudad de México se mantuvo lejano y fue hasta la segunda mitad del siglo xx cuando éste se fortaleció y aumentó la comunicación con la ciudad mediante la emigración cotidiana de nativos a la capital en busca de trabajo y formación educativa, y también a través del enlace directo que proporcionó la Avenida Tláhuac», la cual data de la época prehispánica, aunque ha sido reconstruida varias veces y sigue siendo la principal vía de acceso a San Pedro Tláhuac.
Barrios
Los barrios tradicionales son ocho: La Asunción, La Guadalupe, La Magdalena, San Juan, San Mateo, Santa Ana, Los Reyes y San Miguel. Los barrios de San Miguel, La Magdalena y Los Reyes se localizan donde antiguamente estuvo asentado el de Ticic; mientras que los de San Juan, Santa Ana y La Lupita el de Tecpan; en tanto que el de La Asunción se ubica donde estuvo el de Atenchicalcan, y el de San Mateo en lo que fue Teopancalcan. Las colonias son Santa Cecilia, La Habana, San Andrés, San José, Tierra y Libertad y Quiahuatla.
Inmuebles históricos
Con respecto a la iglesia de San Pedro Tláhuac, pueblo que fue conocido en la época colonial como «San Pedro Cuitláhuac» o «Cuitláhuac Ticic», como señala el joven historiador de esa localidad Baruc Martínez Díaz, la ficha del Catálogo Nacional de Bienes Inmuebles Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia refiere que según fray Toribio de Motolinía la construcción del primer templo tuvo lugar después de 1529. Tras de darle correspondiente crédito al arquitecto español Francisco Becerra como posible asesor de la obra, el Catálogo señala que «la primera iglesia era de madera y adobes, con techo de dos aguas y planta de tres naves. En 1554 los franciscanos cedieron el templo y el convento a los frailes dominicos, quienes lo concluyeron de 1587 a 1596. La actual iglesia fue terminada por los dominicos a fines del siglo xvii o principios del xviii».
Sin embargo, Baruc Martínez Díaz dice en su libro La iglesia de Tláhuac y el proceso de evangelización en las comunidades indígenas, que efectivamente, dicho inmueble religioso fue edificado en el siglo xvi«posiblemente iniciado en la primera mitad de esta centuria y concluido en las dos primeras décadas de la segunda», pero que la fecha exacta del término de la obra del convento de Cuitláhuac Ticic es 1570 por parte de los dominicos.
La iglesia y el ex convento son la obra arquitectónica más significativa de San Pedro Tláhuac, debido a que la parroquia fue construida sobre las ruinas de un antiguo templo cuitlahuacatl, por lo que tras de que la parte baja del convento permaneció cubierta por tierra durante muchos años debido a las constantes inundaciones, a la llegada del párroco Antonio Valdés (que como dato adicional era hermano de Germán Valdés Tin Tan) al comienzo de la década de los años 60 del siglo pasado, fueron encontrados dos aros del juego de pelota llamado tlachtli.
Baruc Martínez Díaz apunta en La iglesia de Tláhuac que  esas «dos joyas arqueológicas (…) hacían referencia a las antiguas prácticas ceremoniales de los cuitlahuacah», las cuales «fueron colocadas en sendas columnas al interior del atrio de la parroquia de Tláhuac», donde actualmente se encuentran, y que pueden ser admiradas por los visitantes.
Enfrente de la iglesia de San Pedro Tláhuac se encuentra el edificio construido en el siglo xix, y que ha cumplido las funciones de Palacio de Gobierno, así como sede del xl comité distrital. A un costado se localiza el Mercado Típico de Comida, donde al llegar la noche se puede degustar el tradicional chileatole, así como otros platillos típicos de la gastronomía regional.
Lago de los Reyes
El Lago de los Reyes es un sitio que parece mágico porque conforme se adentra en los canales el silencio envuelve el frondoso paisaje de la zona chinampera, con sus plantíos de verduras y majestuosos escenarios naturales. El embarcadero se encuentra sobre la Avenida Tláhuac, enfrente del célebre restaurante La Playa, y al navegar sobre una confortable trajinera se pueden observar una gran variedad de aves, entre garzas, patos y gallaretas, por mencionar apenas algunas de las 50 especies migratorias que llegan a Tláhuac cada año.
El Lago de los Reyes se llama así porque se encuentra en el Barrio que lleva ese nombre, aunque hace algunos años quienes en la chinampería tienen su forma de ganar el sustento, le agregaron al nombre el adjetivo de Aztecas en honor al grupo más importante y representativo del glorioso pasado prehispánico. Ahora que si se desea pasar un día de campo con la familia, el canoero le permitirá desembarcar en una de las chinampas que cuentan con palapas y asador.
Festividades y tradición
La festividad más importante es la de San Pedro, santo patrono del pueblo que, de acuerdo con Baruc Martínez Díaz, dio inicio con la llegada de los españoles y la introducción de los santos del catolicismo. La versión actual de la feria dio inicio el 12 de octubre de 1956, cuando gracias al doctor Juan Palomo y los profesores Juan Ruiz y Pedro Páez Nieto dieron inicio con la primera Feria Escolar, Ganadera, Artesanal y Comercial, con el objetivo de brindar un espacio a la difusión de la cultura y comercialización de los productos del campo. En 1957 la feria fue cambiada de fecha estableciéndose la del 29 de junio en honor a San Pedro Apóstol.
Dicha festividad alcanzó su mayor esplendor en el lapso comprendido de 1988 a 1994, con los diversos patronatos responsables de la organización de la para entonces llamada Feria Regional de Tláhuac, en los que participó y en algunos casos los encabezó, el empresario Alejandro Durán Raña, por lo que se realizaron también diversos trabajos de restauración y conservación en la parroquia de San Pedro Apóstol, como fue el minucioso trabajo de limpieza y desinfección del retablo y la restitución de las piezas faltantes; la colocación del piso de mármol, la aplicación de pintura a las grecas y el rescate de la Virgen de Lepanto; además del enladrillado de las azoteas, restauración de los candiles, adquisición del órgano de la parroquia y colocación de la alfombra central, todo realizado con recursos que dejó la Feria Regional. Además de que el señor Durán Raña donó a la parroquia el altar que hasta la fecha tiene.
San Pedro Tláhuac es uno de los numerosos pueblos que se establecieron y prosperaron a la orilla de los lagos, pero también donde la tradición se vive con mayor intensidad por parte de sus habitantes. Alberto Barranco Lozano recuerda en un artículo («El baile de los judas», revista Nosotros número 11, abril de 1998), cómo «todos los años, el Domingo de Pascua, nos desquitamos… de los judas», de los que se mofan, se manifiestan y los bailan, cuando las comparsas salen de su madriguera, dice, como la de Amigos del Carnaval, los Auténticos Amigos del Carnaval o los Carpitas del Carnaval. La tradición continúa.
Ahora que si de refrescar el gaznate se trata, ahí está la pulquería La Mangana en San Pedro Tláhuac, último reducto de lo que fue  la región más transparente de los aires chinamperos, cual abrevadero de prosapia donde persiste la tradición de empinar el codo con la bebida de los dioses, la que a todas luces resulta más saludable que tomar cerveza. Por las tardes, sabios populares, nostálgicos bohemios y demás parroquianos, se sientan plácidamente en las pandeadas sillas para comentar las recientes incidencias ocurridas en el pueblo y demás álgidos temas desde alguno de sus rincones favoritos, como el del escuadrón de la muerte, el de los solitarios o el de los pájaros caídos, obviamente, en cumplimiento del beber.
En cuanto al día de muertos, la tradición en San Pedro inicia 15 días antes del uno y dos de noviembre, con la elaboración de las estrellas con armazón de carrizo, para luego ser forradas con papel de china al que se le agrega engrudo, aunque por la modernidad no falta quien les ponga celofán, pero en ambos casos deben ser de diferente color a fin de que resalte el colorido con la luz del foco que se coloca por dentro para después colgarla en la parte más elevada de la casa y todos puedan observar su cintilar. Sobre todo los difuntos, porque para ellos precisamente son colocadas esas estrellas que los guiarán en su paso hacia la tierra.
Lugares de interés
El primer Museo Regional Comunitario en Tláhuac reconocido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia se encuentra en Calzada Tláhuac—Chalco número 63, Barrio La Magdalena, en el que se exponen gráficos del paisaje lacustre y de los dioses de las chinampas. Pero sobre todo réplicas fidedignas de los originales de dos (Chicomecóatl y Tonacatecuhtli) de los cinco braseros ceremoniales aztecas que el entonces joven preparatoriano Jesús Galindo Ortega descubrió el tres de agosto de 1995 en tierras de cultivo de San Pedro, luego de notar la abundancia de tepalcates en la zona conocida como el «Tequesquite».
Asimismo, en San Pedro se encuentra el Museo Regional Tláhuac detrás de la iglesia de Tláhuac, sobre la Calle Severino Ceniceros, el cual resguarda hallazgos arqueológicos de otros pueblos.
Tláhuac, provincia de la capital
Hace dos décadas el cronista de Tláhuac, José Eduardo López Bosch, calificó a esa comunidad como la provincia del Distrito Federal porque, conforme escribió en sus colaboraciones periodísticas en diarios de la capital, «conserva su sencillez e inocencia» cual característica de las otrora apacibles poblaciones mexicanas, «a pesar de las múltiples embestidas de la mancha urbana que impasible avanza ante el desmedido crecimiento y la sobrepoblación que padecemos» (revista Nosotros, número 81, junio de 2005). Y aunque el destino parece finalmente haber alcanzado a la que parecía lejana región del centro de la metrópoli, sobre todo con la construcción de la línea 12 del Metro, San Pedro Tláhuac conserva en buena medida su vocación agraria y vida campirana.
Aunque sus costumbres y tradiciones se ven constantemente amenazadas por quienes se auto erigen en representantes de barrios o colonias para sacar provecho de la organización de las festividades, San Pedro Tláhuac aún mantiene características propias como es el predominio de la población nativa sobre la de los avecindados. Lo que habla del arraigo que los pobladores tienen, tanto al suelo rural como el urbano.

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