sábado, 27 de abril de 2013

San Juan Ixtayopan


San Juan Ixtayopan, uno de los siete pueblos originarios que conforman la delegación Tláhuac, es una población asentada entre la planicie de lo que fue el lago de Chalco—Xochimilco y lomas colindantes, con calles angostas y pintorescas en la zona tradicional, que se suceden al paso del andante que se desplaza a través de ellas y que se han ido expandiendo conforme a la demanda de más vivienda por parte de las nuevas generaciones, intercalándose con vetustos callejones hasta semejar un laberinto cual estratégica defensa de las ricas tradiciones culturales de sus pobladores.
Su nombre se compone de iztayotl, salmuera (agua cargada de sal), y de pan, sobre, que significa «sobre la salmuera». El nombre se refiere a la calidad salina del suelo. Iztayotl se compone de iztatl, sal, y de yotl, desinencia que expresa el ser de la cosa o lo que pertenece a ella.
Refieren las antropólogas Marcela Montellano y Claudia Espejel Carrajal que al menos en el sitio conocido como Los Olivos «se tiene una historia cultural de tres milenios» (Boletín del Museo Nacional del Virreinato, Instituto Nacional de Antropología e Historia). Las primeras ocupaciones humanas datan del período llamado Formativo Temprano, es decir, 1350 a.C. En esa época los asentamientos se encontraron dispersos a lo largo de la ribera del lago de Chalco-Xochimilco, en donde el medio ambiente presentaba condiciones óptimas para la agricultura y la explotación de los recursos lacustres.
Al respecto, el cronista Manuel Garcés Jiménez, presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y colaborador de la revista Nosotros («El olivar de Ixtayopan», número 63, octubre de 2003), reproduce lo asentado en el Boletín acerca de que «durante el Formativo Medio hay un crecimiento demográfico que da lugar a asentamientos nucleados distribuidos homogéneamente en la ribera del lago y aparecen otros de tamaño considerable, al pie del monte. El sitio Los Olivos es uno de los primeros».
Montellano y Espejel anotan que «el constante aumento poblacional trae consigo cambios en la estructura política, social y económica de la región, iniciando al mismo tiempo un proceso de jerarquización en los asentamientos. Para el Formativo Tardío, varias aldeas están agrupadas alrededor de uno o varios sitios nucleares, en uno de estos grupos se encuentra Santa Catarina, Tlapacoya y Terremote; en otro Tlaltenco, Tláhuac, Ixtayopan y Mixquic». Al parecer las poblaciones que se encontraban en la ribera del lago, como Terremote y Tlapacoya, ocuparon una posición destacada por contar con terrenos dispuestos para la actividad agrícola; mientras que las aldeas pequeñas de las zonas altas dependían de las primeras para subsistir.
«Hacia el año 300 d.C., Cuicuilco, al poniente de la Cuenca, se vuelve un centro importante, lo mismo que Teotihuacan, al norte. Los pobladores del lago de Chalco-Xochimilco emigran hacia estos nuevos centros urbanos, lo que da lugar una vez más a la aparición del patrón de asentamientos disperso de las primeras épocas. Esta situación prevaleció hasta que, en las fechas tardías del período Postclásico, surgen asentamientos grandes y homogéneos como Culhuacán, Xochimilco, Chalco, Amecameca, Mixquic, Ayotzingo y Cuitláhuac. Este último corresponde al actual San Pedro Tláhuac del que dependían los habitantes de Tulyehualco e Ixtayopan».
En 1868, durante la realización de excavaciones para reparar la calzada de Tláhuac, fueron encontrados en las cercanías del pueblo de Tulyehualco los restos de una antigua población sepultada bajo la lava de algún volcán. Por ese motivo se trasladaron hasta el lugar representantes del Museo Nacional, quienes solamente pudieron testificar fue, tal y como refiere Carlos Justo Sierra en su libro Tláhuac (DDF, México, 1986), que en las lomas de San Juan Ixtayopan, o «Tenachictiloyan, lugar del encuentro o de la competencia», fueron desenterrados varios esqueletos humanos en buen estado de conservación, así como algunos objetos de arcilla.
En su obra Justo Sierra cita un fragmento del informe presentado por Manuel M. Villada, José Agustín Arriaga y Antonio Peñafiel, a Ignacio Mariscal, ministro de Justicia e Instrucción Pública (y que éste a su vez presentó al Congreso de la Unión en noviembre de 1869), que «en la exhumación de los esqueletos fue digna de notarse la posición que estos guardaban. Generalmente a todos ellos, que fueron 50, los encontramos reposando, ya sobre el costado izquierdo, ya sobre el derecho: los huesos de las piernas (tibia y peroné) doblados sobre el fémur y éste en contacto con el vientre; los huesos del antebrazo (cúbito y radio) doblados sobre el húmero y las manos sobre el canal».
Señala el informe que «las antigüedades encontradas en las lomas de San Juan Ixtayopan, son de arcilla y en muchas de ellas es digno de notarse la elegancia de las formas, la finura del trabajo y la buena preparación dada al material con que fueron fabricadas».
La conclusión del informe fue que las lomas de Ixtayopan habían sido en su tiempo el cementerio de una tribu, lo que perdura hasta nuestros días debido a que el panteón del pueblo, que en 1899 había quedado comprendido en la municipalidad de Tulyehualco, se localiza también en una loma.
Poco tiempo después (1900), Íñigo Noriega, que mantenía muy buena relación con el dictador Porfirio Díaz, luego de apropiarse de las tierras de los pobladores de Xico y de promover la desecación del lago de Chalco, mandó construir un canal por el que fluyeron las corrientes de la serranía, así como los excedentes de los lagos. El canal fue construido por el ingeniero Ángel García Lascurain, de la Comisión Hidrográfica del Valle de México.
Con la construcción del canal del sur, al que actualmente se le conoce como río Amecameca, Noriega Jaso invadió entre otras propiedades las de Mixquic, Tetelco e Ixtayopan. El codicioso sujeto sumó las tierras de Ixtayopan a su hacienda amparado por la protección que le brindaba Porfirio Díaz a través del prefecto político de Xochimilco, José María Mignoni, y el gobernador de distrito, Ramón Corral, encarcelando a los pobladores que buscaron defender sus tierras.
Sin alusión alguna a escenario actual en Tláhuac, Justo Sierra cita en su libro al informante Apolinar Jiménez Jiménez cuando recuerda que «en San Juan Ixtayopan les llamaban ‘los amarillos’ a las personas que estaban al servicio de Noriega, cuya función consistía en impedir que los comarcanos entraran a la hacienda».
Los campesinos acudieron ante el dictador para exponerle la situación por la que atravesaban tanto en Ixtayopan como en Mixquic, entre otros pueblos, debido a la construcción del canal del sur, porque al represar las aguas de los manantiales las tierras al igual que las casas sufrían de inundaciones, por lo que consideraban que la intención del codicioso latifundista era desaparecer a todos los pueblos de la región para expandir su hacienda hasta el Ajusco.
Sin embargo, lo único que lograron fue enfurecer a Díaz, quien en lugar de atender las peticiones de los campesinos les advirtió que si seguían oponiéndose al progreso muy caro pagarían las consecuencias, y acto seguido mandó encarcelar a los que continuaron con la lucha de defender sus tierras.
Durante la Revolución, en San Juan Ixtayopan se suscitaron enfrentamientos entre los hombres del general Emiliano Zapata y las fuerzas federales de Venustiano Carranza. Fue así como los campesinos, influidos por los ideales de la gesta revolucionaria, pero sobre todo por los que enarboló la lucha zapatista, se enfrentaron contra las llamadas guardias blancas de la Hacienda de Xico a fin de recuperar sus tierras que les había quitado Íñigo Noriega Jaso.
Una vez transcurrida la lucha armada retornó la calma al país y de manera paulatina fueron restableciéndose los ayuntamientos. «Se empiezan a elegir los concejales cada dos años», refiere Justo Sierra, por lo que para el período que corría, 1922 a 1923, el cargo de regidor lo ocupó Juan Calzada, quien se dio a la tarea de comenzar las gestiones para la separación de Tláhuac de las entonces catalogadas como arbitrarias autoridades de la municipalidad de Xochimilco. Razón por la cual Calzada fue acusado de usurpación de funciones, por lo que tuvo que recurrir al amparo con el fin de no ser encarcelado.
Fue así como Ixtayopan, Tetelco y Mixquic aceptaron unirse a Tláhuac para separarse de la municipalidad de Xochimilco, por lo que el general Severino Ceniceros, senador por Durango y quien radicaba en San Pedro, influyó en el Congreso para el restablecimiento del ayuntamiento. Y los representantes del pueblo, fieles a la tradición que indica que San Juan Ixtayopan siempre ha sido una comunidad politizada, pusieron como condición que se les permitiera elegir autoridad luego de que Tláhuac lo hiciera. Convenido el acuerdo, Tláhuac nombró a Pedro Galicia y, posteriormente, el turno correspondió a Crescencio Ríos, de San Juan Ixtayopan, como el segundo presidente municipal.
Templo de San Juan      
El templo de San Juan Bautista se localiza en Plaza Abelardo Rodríguez esquina con Fernando Montes de Oca. A pesar de ser una construcción de principios del siglo veinte, edificada mayormente con piedra y concreto, cuenta entre sus bienes artísticos con una pintura mural, pintura de caballete y esculturas. El Catálogo Nacional Monumentos Históricos Muebles del Instituto Nacional de Antropología e Historia registra varias esculturas (talla en madera) como la de Cristo en la Cruz del siglo xvii, ubicado del lado izquierdo de la nave del templo; la Virgen de los Dolores, del siglo xviii, y una de San Agustín, del siglo xix.
Asimismo, en el altar mayor se encuentra una pintura al óleo de la Virgen de la Soledad que llegó al pueblo en 1853, la cual es idéntica a la que tiene la capilla de La Soledad en Santa Catarina Yecahuizotl, según indica el Catálogo Nacional, por lo que se supone que fue hecha por la misma persona. Está adornada con un marco de plata donde se encuentran todos los símbolos pasionarios trabajados en relieve y también en plata. En el centro de la parte superior lleva un escudo con la cruz, la lanza, la escalera y el hisopo. La cruz representa el Divino Rostro en el centro del astil, la corona es de plata con pedrería. A los pies y a los lados del altar se encuentran dos resplandores de plata, con la base que representa un ánfora griega en plata dorada. En la parte superior se encuentra la imagen del patrón del lugar, San Juan Bautista.
En el templo también se encuentra una escultura del siglo xvi de autor anónimo de la Virgen de San Juan de los Lagos, y pertenece al grupo de imágenes elaboradas por los españoles y que se conocen como imágenes castrenses (por ejemplo, la de Zapopan). Normalmente sólo presentan rostros y manos como estructura y el resto del cuerpo es cartón aglomerado (papel maché) y luego van revestidas.
Otras tallas en madera del templo son el Santo Entierro, del siglo xviii, de 2.50 metros de largo por 40 centímetros de alto; un Cristo de autor anónimo del siglo xviii, de 1.55; una Virgen del Carmen del siglo xix en la Sacristía, y un Cristo en la Cruz del siglo xvi, entre otras valiosas piezas de arte sacro.
Otros sitios de interés
El pueblo se compone de los barrios de La Lupita, La Asunción, San Agustín, La Soledad y La Concepción. Sobre la Calle Comercio Sur se localiza la Plaza de la Soledad, con la célebre capilla del mismo nombre, la cual fue construida, según señala el Catálogo Nacional del INAH, en el siglo xvi, con peculiar fachada, inmueble que fue reconstruido en 1970.
En la Plaza Abelardo Rodríguez, frente al templo de San Juan Bautista, se encuentra el célebre kiosco del pueblo, construido aproximadamente en 1900 y al que en 1980 le fue cambiado su techo. A un costado se localiza una gran palmmera que sirve de albergue a docenas de periquitos que alegran el ambiente de la plaza con sus gritos agudos, los que cambiaron su forma de vida domesticada por una relajada.
En el Barrio de la Soledad, el cronista de Tláhuac, José Eduardo López Bosch, recuerda que sobre la Calle Comercio Sur se encuentra «El Portal» (revista Nosotros, número 27, mayo de 2000), «una tiendita de abarrotes, mostrador de tablones y estantería, que debiera estar protegida por el INAH por ser la más antigua de la región sur del DF (…) que fue creada poco después de la Independencia, según consta en los libros en que se registraban las ventas en el siglo xix.» De hecho, el Catálogo Nacional del INAH (1986) tiene registrado dicho inmueble ubicado en el número 69 de Calle Comercio Sur, esquina con Independencia, como que fue construido en el siglo xviii, pero que ya ha sido modificado.
La Virgen de la Soledad
Una de las tradicionales peregrinaciones que en el siglo xviii tenía lugar, era la que los habitantes del pueblo de Topilejo realizaban hasta la ciudad de Puebla de los Ángeles a fin de esperar el año nuevo. A su regreso debían pasar por San Juan Ixtayopan el dos de enero, donde recibían alojamiento y comida en casa de la señora Juana Galán.
En el año de 1970, luego de haber descansado y recobrado fuerzas para reanudar en la madrugada su camino a Topilejo, los peregrinos percibieron en el ambiente un extraño aroma, el cual provenía de detrás de una puerta, por lo que una de las sirvientas de la casa decidió asomarse y fue entonces cuando descubrió un lienzo con una pintura que de momento no pudieron determinar su identidad.
Peregrinos y la señora Galán acompañada por familiares formaron una comitiva para ir a ver al párroco de Tecómitl, debido a que la capilla de San Juan era una vicaría, con el propósito de informarle acerca de lo que habían descubierto. El cura de inmediato se trasladó a Ixtayopan y tras de observar el lienzo les dijo que se trataba de la Virgen de la Soledad renovada, lo cual fue catalogado como milagro.
Poco antes de que el párroco de Tecómitl se retirara de la casa fue interceptado por los peregrinos, quienes reclamaron la posesión del lienzo debido a que la imagen les había sido obsequiada en Puebla por un comerciante español. El cura les dijo que aquel lienzo estaba renovado, lo que significaba que la imagen tomó la decisión de quedarse en Ixtayopan, razón suficiente para no entregarla a quienes la demandaban como suya.
«Mejor vengan ustedes a ver a la Virgen de la Soledad aquí cada tres de enero y a festejarla ese día», les dijo el párroco, por lo que no quedándoles más opción a aquellos se retiraron del pueblo sin el lienzo. Fue así como a partir de 1771 dieron inicio los festejos de la Renovación de la Virgen de la Soledad.
Posteriormente, en 1951 según refieren algunos pobladores, tuvo lugar uno de los varios milagros que se le atribuyen a la Virgen en Ixtayopan. Resulta que la laguna que había en las inmediaciones del pueblo se secó totalmente, lo que hizo que la gente pidiera a la imagen que volviese a llenarla debido a que la gran mayoría se dedicaba a las labores agrícolas. Tiempo después la laguna volvió a llenarse, por lo que los pobladores se pusieron a buscar el lugar de donde provenía el agua, tras de lo cual descubrieron que la corriente se originaba en uno de los manantiales del rumbo. En agradecimiento, encabezados por el cura Agustín Espinosa Hurtado, los pobladores de Ixtayopan procedieron a coronar a la Virgen de la Soledad.
Olivar Santa María
San Juan Ixtayopan se caracteriza por tener en su territorio los centenarios árboles de olivo, los cuales fueron traídos a la región por los españoles, específicamente por fray Martín de Valencia, quien enseñó a los indígenas del lugar el cultivo y proceso de elaboración del aceite de oliva. Los árboles fueron plantados en el paraje que después sería conocido como Olivar Santa María. Es un apacible y agradable lugar ubicado al norte del poblado, en dirección hacia Tulyehualco.
Las amarguras de Ixtayopan
Una añeja tradición en Ixtayopan tiene lugar la noche del Viernes Santo con la confección de grandes tapetes de aserrín pintado con diseños florales sobre el piso para recibir el cadáver de Cristo, antes de la Resurrección, el Sábado de Gloria y después de la misa de gallo. «Pero cuando la liturgia cambió la Gloria para el Domingo de Resurrección —señala el cronista López Bosch—, la tradición de las ‘amarguras’ también se recorrió un día» (revista Nosotros, mayo 2000).
En su artículo «Las amarguras de Ixtayopan», el cronista delegacional recuerda que anteriormente se hacían en cada barrio, «sobre el piso de las calles, que era de tierra, en donde se realizaban figuras precuauhtémicas y animales míticos elaborados como tapetes, con alfalfa, hojas y ramas de bugambilia y de otras plantas que se traían del monte para conformarlos, a los que se hacían sombreados con los diferentes tonos de las hojas y plantas, las que se configuraban entre arcadas de guirnaldas moradas, en las que se colgaban frutas, melones y naranjas, las que después de la celebración se repartían entre los vecinos. Con el tiempo se empezó a usar aserrín, que a alguien se le ocurrió colorear, lo que le dio otra presencia a las alegorías e hizo que la coloración fuera más viva».
Lo cierto es que la Semana Mayor tiene un elemento distintivo con las «amarguras». En vísperas de la celebración, niños, jóvenes y adultos de los barrios de La Lupita, La Asunción, San Agustín, La Soledad y La Conchita, colocan descansos rectangulares a través de los cuales pasan los fieles. Las dimensiones de las «amarguras» son variables, en promedio tienen cinco metros de ancho y pueden ir desde 12 hasta 25 metros de largo y de tres a cuatro de alto. Casi todas se erigen sobre armazones metálicos y tienen techos de lona de los que cuelgan banderitas, frutas y figuras de papel picado. La procesión con imágenes de la Virgen y la cruz se efectúa en el pueblo, espacio sagrado donde los misterios se llevan a cabo en las casas de los vecinos.
Esto es San Juan Ixtayopan, tierra de amigos y gente noble cultivada en la cultura del esfuerzo, pero también de destacados pelotaris que a nivel mundial le han dado fama y gloria a su terruño y a México, lo cual comentaremos en otro capítulo de esta colección.

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