jueves, 25 de abril de 2013

San Francisco Tlaltenco


La región de Tlaltenco fue poblada durante el Preclásico Medio (1200-400 a.C.), por pueblos agrícolas que aprovecharon la ribera del Lago Chalco-Xochimilco, en terreno fértil que le ganaron al lago, ya fuera para cultivo como para construcción. Fue el llamado Terremote Tlaltenco, ubicado en una península o islote, sobre los terrenos pantanosos a orillas del lago, donde han sido encontrados vestigios de una aldea contemporánea a Cuicuilco. Al decir de Cecilio Robelo (Nombres geográficos mexicanos del Distrito Federal), Tlaltenco tiene sus raíces en tlalli, tierra; tentli, orilla, y co, en; que significa «tierra de enfrente», aunque también se le interpreta como «en la orilla de la tierra».
Con respecto a la albarrada que contenía las aguas del lago, Josefina García Quintana y José Rubén Romero Galván (México Tenochtitlan y su problemática lacustre, Cuaderno Serie Histórica 21, UNAM, México, 1978) apuntan que los mexicas dispusieron la construcción de la calzada de Tulyehualco a Tlaltenco; mientras que Alfredo Chavero (México a través de los siglos) refiere que los xochimilcas fueron obligados a construir esa calzada a fin de que Xochimilco fuera comunicado por tierra con Tenochtitlan.
En abril de mil novecientos setenta y ocho en la zona conocida como Terremote Tlaltenco, la arqueóloga Mari Carmen Serra Puche, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, realizó excavaciones con un grupo de trabajo compuesto por ayudantes y alumnos, en lo que al parecer había sido una aldea de pescadores en la ribera del lago. En Terremote Tlaltenco los arqueólogos encontraron indicios de asentamientos humanos del período Formativo Medio, como canastos, cuerdas y vasijas.
El lugar originalmente se encontraba a la altura del Arco de Piedra de Tlaltenco, signo distintivo de la población, sobre la entonces Calzada México-Tulyehualco, como a medio kilómetro del que cumplía las funciones de aduana, sobre tierras que después fueron del ejido y que en 2009 las expropió con lujo de violencia a sus legítimos propietarios el gobierno de la ciudad para la construcción de la línea 12 del Metro.
Terremote-Tlaltenco fue un asentamiento arqueológico ubicado al sur de la Cuenca de México, en el antiguo lago de Chalco-Xochimilco. La época de mayor ocupación pertenece cronológicamente al Formativo Superior; sin embargo, la arqueóloga encontró indicios de que ese asentamiento dio inicio durante el Formativo Temprano (que va de 1500 al 600 a.C). Incluso, se refirió a la aldea igualitaria y autosuficiente que al llegar al Formativo Superior adquirió mayor complejidad social.
Fue ahí un islote artificial que fue creciendo a medida que sus moradores requerían de mayor espacio. Las crecidas del lago daban lugar a que se fueran superponiendo capas de tules, encima de las cuales los pobladores del lugar echaban lodo apisonado sucesivamente, de lo que se podía inferir un sistema constructivo similar al de las chinampas.
El islote constaba de diecisiete montículos-habitación que no rebasaban los dos metros de altura. Uno de los montículos era una plataforma más alta, la cual tenía características constructivas diferentes, considerándose entonces como una estructura arquitectónica de carácter civil, por lo que dicho asentamiento la arqueóloga lo consideró como un centro local ubicado entre dos centros ceremoniales importantes: Tlapacoya al este y Cuicuilco al oeste.
En opinión de Mari Carmen Serra (Gaceta UNAM, Época iv, volumen ii, número 30, 24 de abril de 1978) el medio ambiente lacustre proporcionaba gran cantidad de recursos, aprovechados por ese centro local, como peces, patos e insectos, y la gran variedad de los bosques de las orillas suministraban madera, venados, conejos y otros animales. Asimismo, mediante el transporte acuático se daba intercambio de productos con las aldeas de los alrededores.
Ahí encontraron una serie de utensilios de piedra y partes de una construcción de doscientos ochenta metros cuadrados, lo que se sumó al hallazgo de toda una capa de apisonado de aproximadamente un metro de espesor, la cual fue echada sobre un relleno de piedras que, a su vez, cubrían una estructura cuadrada con talud de piedras.
Por las condiciones húmedas del terreno, debido a que esa zona de Terremote-Tlaltenco estuvo inundada desde su construcción doscientos años antes de nuestra era, hasta el año de mil novecientos cuarenta y cinco aproximadamente, se habían conservado muestras de madera y restos de objetos textiles, fondos de canastos, cuerdas, bolsas de tule y fibra de maguey, asociados a punzones, agujas y espátulas.
La arqueóloga encontró un embarcadero con restos de madera y partes sujetas con nudos, donde seguramente las canoas descargaban productos agrícolas y de comercio.
Uno de los motivos fundamentales de su proyecto fue el de inferir, a través del estudio de los restos arqueológicos, el modo de vida de los habitantes del lugar en el Formativo Superior, de significativa importancia en el desarrollo mesoamericano debido a que al final del mismo surgió el centro político más importante de la Cuenca de México: Teotihuacan.
En aquel entonces, Mari Carmen Serra y su equipo de trabajo buscaban identificar el tipo de economía básica y el de organización social que prevalecía en ese período y el por qué de su cambio.
Posteriormente, alrededor de 1420, un grupo de origen chichimeca se establecería en Tlaltenco, al pie de los cerros que ahora se conocen como de la Sierra de Santa Catarina, desde los cuales observaron su asentamiento inserto en el majestuoso paisaje de aquella época.
Parroquia de San Francisco de Asís
Lo más significativo del pueblo de San Francisco Tlaltenco es su templo construido por los franciscanos en el siglo xvi. La parroquia de San Francisco de Asís, localizada en Plaza Centenario esquina con Calle San Francisco, cuenta con un retablo mayor tallado en madera y dorado, del siglo xviii, el cual se encuentra en buen estado de conservación, con un ancho de cuatro metros con 60 centímetros.
Dicho retablo está trabajado en estípite y dividido en un cuerpo y el remate; en la predela aparecen tres pinturas del lazo izquierdo de muy buena calidad, el Señor San Joaquín al centro, Cristo con el cáliz y la hostia y, del lado derecho, la Señora Santa Ana. El origen de las pinturas probablemente sea del siglo xviii, de acuerdo con el Catálogo de Bienes Muebles del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
En el primer cuerpo del retablo se encuentran tres esculturas, la de la izquierda es San Ignacio de Loyola y la de la derecha es San Estanislao de Koska; al respecto, el Catálogo señala que fueron difíciles de identificar debido a que no llevaban atributos. La del centro es una escultura estofada que representa a San Francisco de Asís (una imagen de buena talla); también del lado izquierdo en la parte superior se encuentra una escultura de San Benito, aunque su manufactura corresponde al siglo xx. En el remate al centro se encuentra una pintura manierista en óleo sobre tela de la Virgen Inmaculada, también del siglo xx y quizás copia de algunas de las pinturas del oaxaqueño Miguel Cabrera (1695-1768); no es muy perfecta debido a que tiene la cabeza demasiado pequeña y el cuerpo muy voluminoso. Mientras que del lado derecho del retablo se encuentra una escultura de Santo Domingo, en buen estado, aunque no se ha podido precisar de qué época es la talla en madera.
En el lado derecho de la nave del templo se encuentra una escultura de la Virgen de la Soledad del siglo xviii, así como una pintura de la Virgen de Guadalupe del siglo xix, pintada por el presbítero poblano Gonzalo Carrasco (1859-1936). Mientras que en el pasillo, junto a la Sacristía, se ubica una pintura en óleo sobre tela de San Francisco de Asís del siglo xviii, de autor anónimo, de 3.80 metros de alto por 2.90 metros de ancho. Al centro se ve a San Francisco de Asís de cuerpo entero con una garza y un cordero, sobre la mesa un cráneo descarnado, acompañado por seis querubines. Le hacen marco 12 escenas de su vida.
En la parte superior se pueden ver tres escenas donde se le representa acompañado de Cristo y la Virgen con Santo Domingo, mientras que en la parte de abajo del lado izquierdo se le ve con el ángel en la presencia de un enfermo compartiendo la comida con Cristo. En la parte de abajo, de izquierda a derecha, se ve su conversión, su muerte, así como despojándose de su ropa frente al Papa; de abajo hacia arriba, del lado derecho, con un fraile al que bendice, la prédica a los peces y a las aves, y como patrón de las ánimas del purgatorio.
Un pueblo con futuro
Don Juan Reyes Martínez decía que San Francisco Tlaltenco parecía, «hace muchos años, como un Señorío muy importante, porque éramos muy poquitos» (revista Nosotros, número 34, diciembre de 2000). El señor Reyes fue una figura emblemática de su comunidad, fundador de tres significativas agrupaciones: la Sociedad Benito Juárez, la Sociedad Flor de Octubre (así bautizada por él en honor al santo patrono del lugar), de la que recuerda: «yo le puse ese nombre, pero las envidias... Usted mejor que nadie sabe...», me dijo entonces; y la Sociedad Nereidas, la cual lleva ese nombre por su amistad con el compositor oaxaqueño Amador Pérez Torres, conocido por el mote de «Dimas», autor de ese célebre danzón y de quien existe un busto en la Plaza Centenario. La Sociedad Nereidas fue fundada en 1959.
En la plática con don Juan Reyes recuerda anécdotas relacionadas con las visitas de Dimas a Tlaltenco con motivo del carnaval: «Lo conocí en el Salón México, yo estaba soltero, chamacón, iba con mi hermano Camilo y mi primo Juan Martínez (...) Dimas quería vivir en Tlaltenco, y no sólo eso, quería morir aquí, pero no fue así (...) No le vendieron un terrenito. Hasta él se dio cuenta de los partidos que había en el pueblo (un pueblo que ha sido muy político, reconocería entonces). Él venía desde el centro de la ciudad cargando su trombón, entonces pasó por un lugarcito donde vendían pulque y uno de los borrachitos lo vio y le pegó el grito: ‘¡Dimas!’ Y él se dijo, ni modo, tengo que ir, y fue a donde estaban aquellos, lo invitaron a tomar un pulque y se lo tomó, luego dijo que ya se iba y aquellos le dijeron: ‘Ya te vas con los ricos, porque aquí estás con los pobres’, y eso se le pegó a Dimas, eso fue allá por los años cincuenta. Pero eso era la división que había entonces cuando la fiesta de los carnavales. Si no había un muerto es que no había estado bueno el carnaval».
Entre otros recuerdos plasmados por señor Reyes en la entrevista publicada por Nosotros, están los conciertos de las bandas en la plaza de Tlaltenco, cuando no había más que un manantial y el legendario fresno, a cuya sombra los músicos debían tocar. Cúmulo de vivencias que para no olvidarlas, en alguna ocasión pidió que alguien más las escribiera. «A un compañero también jubilado le propuse que llevara la contabilidad de toda la historia. El día que le comenté que de pronto comenzaron a hablar muchos acerca de que yo fui el fundador de esto, no que fui yo, no que yo fui, él les dijo: ‘No muchachos, antes de que se pongan a hablar dénle una repasadita a las páginas de este libro, ahí está todo nuestro historial, de la Flor, de Nereidas, de la Sociedad Benito Juárez’...»
En cuanto a los recuerdos de la Revolución, don Juan Reyes rememora en la plática el día en que los carrancistas quemaron buena parte de la población: «Con la Revolución muchos decían que ya se iban a acabar las fiestas del pueblo, pero no fue así, afortunadamente, porque con estas fiestas podemos decir que tenemos vida, que Tlaltenco es un pueblo vivo, con gente entusiasta. Entonces muchos eran zapatistas, muchos carrancistas. Fue un carrancista el que dijo: ‘¿Cómo es posible que no puedan sacar de ahí a los zapatistas?’ ¡Pues quién sabe dónde están!, dijo otro. ¿Qué propone usted para sacarlos del pueblo?, le preguntaron. ‘¡Quemarlo!’, respondió aquel. ¿Y qué ganamos con quemarlo? ‘Que una vez quemado todos se van a ir, quién va a querer vivir aquí’. Y así lo hicieron. Los carrancistas quedaron de acuerdo y nos platican los que vieron eso porque ya estaba yo chicampeano, tenía diecisiete años, cuando íbamos camino de Iztapalapa, porque allá nos fuimos a refugiar».
Con respecto al vetusto fresno de la Plaza Centenario, Maricela Chávez Castañeda apunta que en tiempos de la revolución «ahí eran colgados los traidores». En su artículo «El fresno de Tlaltenco» (Nosotros, número 7, agosto de 1997) señala que ese árbol «vio, fue y es mudo testigo de la gente de Tlaltenco. A sus pies, o tronco, se ha desarrollado la parte más importante de la historia de la población, desde las facetas económicas, como el surgimiento de la plaza del pueblo, que hace muchísimos años a su alrededor se hacía, hasta los dramáticos y deleznables, como el asesinato de aquel joven al que llamaban ‘el jilote’, a quien a traición dieron 36 puñaladas, amparados en la penumbra y escondidos tras del fresno».
Festividades
En el calendario de festividades de San Francisco Tlaltenco se encuentran la del mes de marzo que corresponde a la celebración del Señor de Mazatepec. Asimismo, el cuatro de octubre es la concerniente a San Francisco de Asís. En ambos casos abundan los fuegos pirotécnicos, las bandas de música y los juegos mecánicos, además de los consabidos bailes.
Otra significativa festividad es la de los carnavales durante el mes de marzo, cuyo colorido y alegría de los vecinos inunda las calles de la población más grande de la delegación Tláhuac, como expresión de la vitalidad que caracteriza a su gente. En 1929 es conformada la Sociedad Benito Juárez, por lo que en 2013 cumplió 84 años de participación en el carnaval de manera continua. En 1944 es creado el Club Juvenil San Francisco Tlaltenco, mientras que en 1969 es establecida la Comparsa Independiente Chupamaros. Por su parte, el Grupo Guadalupano fue integrado en 1973, en tanto que la Comparsa de Barrio Fuerte fue fundada en 1979.
Silvestre Leyte, periodista nativo de Tlaltenco, anota al respecto que «cuentan, quienes a su vez lo escucharon de sus ancestros, que hace casi un siglo el incipiente carnaval consistía solamente en el desfile de un pequeño grupo de jóvenes disfrazados de manera rudimentaria que al son de la banda del pueblo recorrían las calles del pueblo, algunas de ellas empedradas, pero en su mayoría polvosas y angostas. La música que interpretaba la banda —elemento primordial del carnaval— es la misma que se sigue tocando hasta nuestros días y tiene su origen en las piezas que amenizaban los bailes de las cortes europeas, en especial la francesa. Se dice que los músicos nativos rápidamente las aprendieron durante el período de la invasión del ejército galo, que en esta región dejó una fuerte presencia» (revista Nosotros, número 2, marzo de 1997).
Sitios de interés
El arco de Piedra es quizás el emblema más significativo de San Francisco Tlaltenco. También conocida en el pasado como «puerta», se localiza sobre la Avenida Ferrocarril Atlixco, fue construida a comienzos del siglo pasado con fines de supervisión y registro comercial y constituye un monumento histórico debido a que por ahí se tenía control del tráfico de mercancías que eran transportadas a través de la ruta que venía de Chalco con destino al centro de la Ciudad de México.
Asimismo, a unos pasos del Arco de Piedra, pero sobre la Avenida Tláhuac esquina con Calle Morelos, se encuentra la parroquia del Señor de Mazatepec.
Dentro del territorio de San Francisco Tlaltenco quedaron ubicadas dos de las estaciones de la línea 12 del Metro, un proyecto que tenía más de veinte años guardado en un escritorio del gobierno capitalino, pero que finalmente comenzó a funcionar en octubre de 2012, luego de tres años de obras para mortificación de la población, debido a que nunca fueron construidas vías alternas como había ofrecido el entonces alcalde, lo que dificultó la movilidad en el transporte. Son las estaciones precisamente de Tlaltenco y Tláhuac las ubicadas en San Francisco, las cuales fueron abiertas a los usuarios cuando aún no habían sido terminadas, ante la inminente conclusión del sexenio en turno.
Sin embargo, la línea 12 del Metro ha sido de mucho beneficio para la población no solamente de la delegación Tláhuac, sino de otras parte de la región sur oriente de la Zona Metropolitana del Valle de México.
El Centro de Actualización Docente en Mecatrónica, cuya construcción comenzó en 1992 sobre la Avenida Estanislao Ramírez y Calle Mar de las Lluvias, fue inaugurado por el presidente Ernesto Zedillo tres años después, lo que constituyó la primera escuela de estudios superiores que fue instalada en la delegación Tláhuac, gracias a un convenio de transferencia tecnológica entre los gobiernos de México y Japón, cuyo decreto de promulgación del acuerdo sobre Cooperación Técnica fue publicado en el Diario Oficial del 25 de abril de 1988. Dicho plantel, adscrito a la Subsecretaría de Educación e Investigación Tecnológicas de la SEP, forma parte del corredor escolar más importante de la región debido a que sobre la Avenida Estanislao Ramírez se encuentran otras escuelas como el Tecnológico de Tláhuac y el Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios (CETIS) cuyo director es el maestro Rodolfo Juárez.
También en San Francisco Tlaltenco, específicamente en la Calle Ejido 118 de la Colonia Las Puertas, se localiza la sede de la asociación Empresarios Unidos de Tláhuac. Mientras que en Avenida Tláhuac 36, se encuentran las oficinas de la revista Nosotros, inauguradas el 23 de abril de 1999 (ver revista número 16 correspondiente al mes de mayo de ese año), publicación regional que en febrero de 2013 cumplió su xvi aniversario. Otra publicación periódica que también nació en Tlaltenco es la revista Palabra.
San Francisco Tlaltenco es una población que paulatinamente va perdiendo lo poco de actividad agrícola que le queda conforme transcurre el nuevo milenio, por lo que inevitablemente la mancha urbana continuará ocupando la reserva territorial que hasta la fecha ha mantenido su vocación rural o de suelo de conservación. Como antaño con el camino que comunicaba a Cuitláhuac con Tenochtitlan, la Avenida Ferrocarril Atlixco y la Avenida Tláhuac cruzan Tlaltenco como importantes vías primarias por las que a diario circulan miles de personas, lo que ocasiona un conflicto vehicular en temporadas de festividades cuando la población nativa sale a desfilar sin tomar en cuenta el derecho que tienen a circular libremente quienes por múltiples motivos deben cruzar por ahí. Habrá que encontrar la forma en que concilien intereses tanto los pobladores originarios como quienes de forma mayoritaria han poblado las colonias de un histórico lugar que, definitivamente, hace muchos años dejó de estar en la orilla de la tierra.

4 comentarios:

  1. Hola buenas tardes hay alguna pagina que pueda dar mas información acerca del pueblo de San francisco Tlaltenco

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