miércoles, 24 de abril de 2013

San Andrés Mixquic

Entrada a Mixquic viniendo de Tetelco

Mixquic significa mezquital o en el mezquite. Es el único sitio ubicado en la zona lacustre del Valle de México que rompe con el modelo cronológico de la región. Carece de restos arcaicos como los teotihuacanos, y su fundación se puede remontar hacia el período de 1150 a 1168, durante la época del postclásico que inaugura Culhuacán, correspondiente a los tiempos de la expansión de la primera fase de los aztecas.
Los pobladores de Mixquic estaban vinculados étnicamente con los tolteca-chichimecas y mantuvieron cierto parentesco con chalcas y cuitlahuacas. Mixquic se constituyó como un señorío independiente al contar con un gobierno propio hasta 1382, aunque antes sufrió una invasión mexica, durante el primer año de gobierno de Acamapichtli en Tenochtitlan (1376). Las incursiones aztecas de conquista continuaron en Mixquic en 1378 y a Cuitláhuac en 1396.
Posteriormente, en 1403 Mixquic sufrió un nuevo ataque mexica y en 1433 fue sometido por Itzcoatl, «serpiente de obsidiana», cuarto tlatoani de los mexicas, por lo que permanecieron subordinados durante todo el siglo xv y parte del xvi.
«Sometidos, los mixquicas rindieron tributos a los diversos tlatoanis de Tenochtitlan, convirtiéndose Míxquic en un centro ceremonial de importancia, donde la celebración principal era el sacrificio de prisioneros capturados en los alrededores de Xochimilco», refiere el Grupo Icnihuyotl en un texto publicado en la revista Nosotros número 9, de octubre de 1997.
Puente y campanario. Fotografías de archivo de Baruc Martínez y Ricardo Flores
Por su portentoso paisaje, los conquistadores en su camino hacia la Gran Tenochtitlan, después de que Cortés y su ejército estuvieron 17 días en Tlaxcala, se detuvieron a contemplar el pueblo de Mixquic, cruzado por canales con vastos sembradíos, hortalizas, flores y plantas de ornato, sobre la planicie lacustre de las chinampas, con sus borbotones de agua en los cristalinos manantiales como los de Tezompa y Tetelco que alimentaban los acalotes, en cuyo verde paisaje enmarcado por la majestuosidad de los volcanes Popocatepetl e Iztaccíhuatl, aquellos quedaron pasmados. Y de tan embelesados los españoles quedaron con las bellezas naturales de Mixquic que, como llevó bastante tiempo la detención para regodearse con el paisaje, algunos cronistas como Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, dicen que Cortés y sus huestes pernoctaron ahí el siete de noviembre de 1517, siendo su anfitrión Chalcayaotzin.
Es un pueblo que junto con el de Tláhuac se remontan a un pasado prehispánico y común. «Siendo los dos una misma familia y vecinos, es explicable como durante la época prehispánica participaron de una misma historia. Durante la época colonial siguieron su camino, uno al lado del otro», apunta Carlos Justo Sierra en su libro Tláhuac.
La dedicación de este lugar a un santo cristiano se debe a la llegada de los primeros misioneros españoles que se asentaron en el Valle de Anáhuac. Según apunta el Grupo Icnihuyotl, quienes llegaron a Mixquic fueron los agustinos en el año de 1533 y, en honor al apóstol San Andrés, los religiosos dieron al lugar el nombre que aún conserva.
Durante el siglo xvi los agustinos levantaron el convento y la iglesia, cuyos techos fueron elaborados con el mejor artesón de los indios, según apuntó Manuel Toussaint en su obra Arte mexicano. Sin embargo, fue reedificado en el siglo xvii. «El templo que hoy conocemos —escribe Justo Sierra—, se construyó sobre los restos del viejo convento agustino y del primer templo, y fue edificado bajo la advocación de San Andrés». Luego cita a Ochoa Zazueta cuando refiere que la iglesia «de planta y trazo que pudo ser románico se pervirtió en un corte neoclásico decadente que en su fachada guarda intentos de un barroco que no llegó a fructificar, características que están reflejando diversas épocas de construcción y las diferentes influencias culturales que las propiciaron».
El templo y convento de Mixquic, localizado en Calle Independencia esquina 20 de Noviembre, de acuerdo con el Catálogo de Bienes Inmuebles Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, fueron construidos en el siglo xvi por los padres agustinos fray Jerónimo de San Esteban y fray Jorge de Ávila, poco después de su estancia en Ocuituco en 1536; el templo se concluyó en 1563, según fecha inscrita en el techo del presbítero. «Durante julio y agosto de 1568 se sabe que Simón Peyrens se encontraba construyendo un retablo para ese templo. Su fachada se concluyó en 1620. Pasó al Clero Secular en el siglo xviii. Fue declarado monumento el 19 de febrero de 1932», dice la ficha correspondiente.
El convento tal y como se encuentra en la actualidad fue reconstruido en 1934. Al respecto, el INAH señala lo siguiente: «Se conservan construcciones del siglo xvi como la Torre y la Antigua Portería así como las hojas de las puertas forradas con tachones. La iglesia actual ostenta en la portada la fecha de 1620. En 1901 la Casa Cural estaba en construcción. En febrero de 1916 el Curato fue ocupado por las fuerzas carrancistas. Se declaró monumento el 19 de febrero de 1932».
Llegada de agustinos a Mixquic. Fotografía proporcionada por Ricardo Flores
Al decir del joven cronista de esa población Ricardo Flores Cuevas, hace 475 años se realizó en Mixquic la primera ceremonia religiosa dedicada a San Andrés Apóstol. En su artículo «Frailes agustinos en Mixquic» (Nosotros número 141, septiembre de 2011), refiere que «seguramente fue realizada por los frailes agustinos Jorge de Ávila y Jerónimo de San Esteban, fundadores del primer templo y convento», debido a que ambos llegaron a México en 1533, fueron destinados a la zona de Chilpa-Tlapa, y catequizaron y fundaron conventos en Totolapan, Yecapixtla, Juantetelco, Jonacatepec, Tlayacapan, Atlatlauhcan y Mixquic.
Algunos de los tesoros artísticos que alberga la parroquia de San Andrés Apóstol es su retablo del siglo xviii, el cual se encuentra sobre una base más antigua del siglo xvi, aunque en el INAH no descartan que esté compuesto con partes de varios retablos. Contiene una imagen de la Virgen de Guadalupe de autor anónimo, del siglo xix cubierta con un cristal. En ambos lados hay otras imágenes de talla en madera, una de San Judas Tadeo (siglo xix) y San Nicolás Tolentino (cuyo origen data entre el siglo xviii y xix); en las repisas donde se encuentran, y por detrás de cada uno de ellos, existe una pintura de cada lado con motivos florales. «Remata el frontón de la repisa un querubín, también de cada lado. Las esculturas del lado izquierdo son modernas: del lado derecho y fuera del retablo está San Antonio (escultura moderna). En el remate se encuentran dos esculturas correspondientes a San Juan Bautista y «un santo Cefaloporo», según menciona el Catálogo de Bienes Inmuebles del INAH. Al pie del retablo y junto a la predela se localiza la escultura de San Bartolomé (talla en madera y estofado del siglo xviii). También se encuentra una escultura de San Agustín del siglo xviii.
Los barrios
El pueblo de Mixquic está compuesto por cuatro barrios y cada uno cuenta con una cruz así como una pequeña capilla, en sustitución de los teocallis, dedicados al santo patrono de cada barrio. En el Barrio Los Reyes, la cruz elaborada en el siglo veinte (conforme a la inscripción que presenta con fecha de mayo tres de 1928) con piedra de tezontle, se localiza en la confluencia de las calles Emiliano Zapata e Insurgentes. Según señala el Catálogo de Bienes Inmuebles Históricos, «es parte de las cinco cruces que se encuentran en Mixquic y que por su localización van formando un rectángulo en torno al templo».
Otra de las cruces es la correspondiente al Barrio San Bartolo, en Calle Insurgentes esquina con Josefa Ortiz de Domínguez, y cuya elaboración debe corresponder al siglo veinte. La tercera cruz se localiza en el Barrio San Agustín, y se encuentra en Calle Josefa Ortiz de Domínguez y la desembocadura de José María Morelos, por cuya inscripción es posible saber que data del tres de mayo de 1889. Las otras cruces no son mencionadas en el Catálogo.
Con el paso del tiempo, al realizar excavaciones se han encontrado calaveras de piedra, que hasta hace poco tiempo adornaban algunas fachadas de las casas de Mixquic. Estas calaveras representaban las cabezas decapitadas de los prisioneros, las cuales eran colocadas en un altar denominado zompantli. Uno de los supuestos hallazgos arqueológicos es la diosa Mixquixtli, que actualmente se encuentra en el patio contiguo a la parroquia de San Andrés Apóstol, el de la casa cural. También se han encontrado piedras del juego de pelota, un Chac-mool, vasijas, sellos, unas columnas con figuras de Quetzalcoatl, vestigios del teocalli y una especie de calendario (que pudo haber sido utilizada como piedra de sacrificios) que fue vaciada y hoy en día es la pila bautismal de la parroquia.
Cultura popular con sabor a mezquite
Si lo que queda de la chinampa todavía preserva la huella prehispánica en Mixquic, el lugar conserva ese aire pueblerino con sus estrechas calles. El nombre del pueblo sabe a mezquite, pero también a cultura popular, porque la víspera de día de muertos los pobladores del lugar ven alterada la tranquilidad del sitio debido a la conmemoración de los fieles difuntos, tradición que de unos años a la fecha incluye un amplio programa con actividades culturales y artísticas.
Como los tradicionales siete pueblos de la delegación Tláhuac, el de Mixquic también ha sufrido grandes cambios, entre otros factores porque ha habido intercambio de personas. Aunque sus habitantes conservan sus tradiciones. Es un pueblo rústico, pero sobre todo místico, principalmente en noviembre, porque en el resto de año es uno de los principales proveedores de hortalizas a la Ciudad de México. Diariamente salen de ahí alrededor de cien toneladas de brócoli a la Central de Abasto, en la delegación Iztapalapa, además de otras tantas de rabanitos, lechuga y acelgas.
El 90 por ciento del agua que tenían los canales de Mixquic se ha perdido, y aunque aún tienen agua, ya no es en la misma proporción que hace cien años, pero es suficiente para mantener el 70 por ciento de sus cultivos. Sólo que el agua ya no es llevada a través de aquellos amplios canales, ni tampoco proviene de los manantiales, sino de una planta de tratamiento ubicada en el Cerro de la Estrella.
«Aquí en Mixquic hubo manantiales —recuerda la doctora Socorro Bernal en una plática que tuvimos con ella hace algunos años—, pero con la perforación de pozos artesianos para llevar agua a la Ciudad de México acabaron con aquellos. Por eso ahora a los canales simplemente los llamamos zanjas, porque están surtidas con aguas tratadas» (Nosotros, número 6, julio de 1997).
La doctora Bernal es una de las personas más significativas de Mixquic y su vida la ha dedicado a conseguir beneficios para los pobladores. Nunca se casó porque desde los catorce años, cuando fue elegida por su comunidad para entregarle un ramo de flores al presidente Miguel Alemán Valdés en señal de bienvenida, supo que su apostolado debía ser el trabajo por la gente de Mixquic, y entre tragos amargos, pero muchos más de satisfacciones, María del Socorro decidió estudiar medicina para acabar de servir de tiempo completo a sus paisanos que la requirieran.
Tradiciones
Cada tres de mayo las cruces de los barrios son objeto de animada celebración. Pero también, otra festividad es la del 30 de noviembre, cuando se lleva a cabo la fiesta patronal de San Andrés.
Sin embargo, es en Mixquic con la conmemoración de Día de Muertos donde la tradición continúa y se reafirma, cuando las ofrendas con raíz prehispánica son levantadas en los hogares católicos. En la víspera, los pétalos de flor de cempasúchil son desprendidos uno a uno, las velas vuelven a ser encendidas en las ofrendas y en cada una de las tumbas del panteón-atrio el reencuentro con el Mictlán, el mundo de los muertos para los antiguos mexicanos, se repite cada año debido a que se recibe con nostalgia a los que se nos adelantaron en el camino.
Honrar a la muerte en Mixquic permite a los mixquenses reencontrarse también con su historia y su presente. Para ellos, como para la mayoría de los mexicanos, la vida no termina con la muerte.
La celebración místico religiosa comienza el día 31 de octubre de cada año, a  las doce del día, con doce campanas de la parroquia de San Andrés Apóstol, a las que sigue un repique solemne que anuncia el momento en que llegan las almas de los niños. El día primero de noviembre a las doce, otras doce campanas anuncian la partida de los niños y el arribo de las ánimas de los adultos. Más tarde, a las siete de la noche, doblan las campanas anunciando «la hora del campanero», y entonces pueden verse por las calles a niños y jóvenes de ambos sexos llevando una campanita y un costal, para pedir en los hogares su ofrenda.
Pero el dos de noviembre todo el día se escucha el doblar de las campanas, y el panteón se transforma en la casa de todos, con el aromático olor a copal e incienso que brota de los sahumadores de brillante barro negro y se mezcla con el aroma de las flores, en especial las de cempoalxóchitl, la flor de muerto que con su llamativo color amarillo no puede faltar en tumbas y ofrendas, y enmarca las frutas que en perfecta simetría comparten el espacio.
Desde hace varios años los organizadores de la festividad con motivo de Día de Muertos organizan junto con la delegación un programa de actividades que comprende obras de teatro, exposiciones, concursos de calaveras y ofrendas, con el fin de darle mayor realce a la celebración.
La ofrenda
La ofrenda debe ser levantada sobre el tradicional petate nuevo, adornada con ramos de cempoaxochitl en los alrededores y a las orillas de la mesa, sobre la cual deben colocarse las velas encendidas. Asimismo, debe ponerse un vaso de agua y un plato con sal para las ánimas durante su visita. En las orillas destacarán la hilera de cirios encendidos.
En el centro de la mesa se pueden colocar cazuelas con arroz, mole rojo y tamales de dulce, chile y frijoles. Un jarro grande de barro y a su alrededor cuatro jarros medianos todos con pulque. No debe faltar una botella de tequila y la cajetilla de cigarros preferida por el, o los difuntitos. Elemento indispensable son los floreros, obviamente con flores de cempoaxochitl predominando en ellos.
La artística colocación de los elementos que conforman la ofrenda debe comprender racimos de plátanos morados y amarillos, incluso hasta verdes, manzanas, naranjas, guayabas y demás fruta que se estime pertinente, debidamente distribuidas entre trozos de caña de azúcar, una jarra de atole de masa rodeada por piezas de pan de muerto y bollos. En algunas ofrendas es colocado dulce de camote.
En platos grandes transparentes se pone la calabaza y los tecojotes en dulce, por si vienen los difuntitos pequeños.
Al centro de la ofenda se coloca la imagen de la Virgen de Guadalupe y a sus lados dos fotografías de esas que chamusca el tiempo, una que corresponda a un adulto, quien fue el dueño de la casa o el patriarca de la familia, y otra de un niño o niña, porque se supone que a ellos estará dedicada la ofrenda.
El lugar en donde coloque la ofrenda deberá estar impregnado del humo del sahumerio, el cual se entremezclará con el aroma de las frutas, la comida y, sobre todo, las flores.
Lugares de interés
El Museo Comunitario de San Andrés Mixquic cuenta con alrededor de 270 piezas donadas por la comunidad, algunas de las cuales fueron aportación de la doctora Socorro Bernal —siempre interesada por la historia y la cultura de la población—, en su mayoría pertenecientes al postclásico tardío (1200-1500 d.C.), en el que se encuentra una colección de sellos o pintaderas que fueron utilizadas para pintar telas y vasijas, así como una serpiente enroscada labrada en piedra volcánica. Las piezas presentan diversas características que permiten ubicar el florecimiento de importantes culturas en esa región como fueron la tolteca y teotihuacana, más remotas a la mexica.
El 29 de julio de 2011 la oficina de Turismo del gobierno capitalino declaró a Mixquic como «Pueblo Mágico» del Distrito Federal, debido a que había el proyecto de darle promoción turística y propiciar la generación de empleos e inversiones al convertirlo en destino turístico, para que dejara de serlo solamente el uno y dos de noviembre; sin embargo, al parecer la intención sólo quedó en eso porque al concluir la administración el programa de Pueblos Mágicos desapareció.
Aún así no deja de ser una opción para pasear con la familia el fin de semana. En la entrada del pueblo, en el camino que viene de Tetelco, se encuentra sobre la Calle Independencia, justo en el Barrio de San Miguel, un pequeño tianguis de comida típica y quesadillas, sobre todo de flor de calabaza y huitlacoche recién cosechado en la chinampa, la cual se puede admirar desde ahí. Al menos lo que queda de ella.
La visita puede aprovecharse para comprar verduras recién recolectadas por los productores al caer la tarde frente a la iglesia. Sin dejar de lado una caminata por la Plaza Juárez, y si es día sábado, ver si aún vende la señora Elisa Galicia sus exquisitos raspados. Por lo demás, habrá que buscar quien le invite a uno alguno de los platillos típicos de la región, como el mixmole, elaborado con mole, charales y nopales, exquisita herencia de la gastronomía prehispánica.

2 comentarios:

  1. Itzcoatl no significa "serpiente de nubes", puesto que nube se dice Mixtli, al decir serpiente de nubes serìa el nombre de dicho Tlatoani "Mixcoatl" refiriéndose a nubes largas que parecen serpientes, o bien a los rayos que aparecen durante las tormentas, el significado mas acertado a Itzcoatl seria "Serpiente de obsidiana", Saludos !

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    1. Muchas gracias por su observación, efectivamente, tiene usted razón. Fue una lamentable equivocación que corregiremos a la brevedad. Reciba cordial saludo.

      Sergio Rojas

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