martes, 30 de abril de 2013

Tláhuac, la delegación

Los tiempos del hacendado Íñigo Noriega que despojó de sus tierras a campesinos de Tláhuac para expandir su latifundio, de su compadre Juan Martínez e, incluso, del cura cacique Domingo López (que tenía convertido el claustro de la parroquia de San Pedro en troje particular, además de que poseía grandes extensiones de tierra y maltrataba a los peones), forman parte de la historia de la delegación Tláhuac, en donde pareciera que además de los tradicionales sólo esporádicamente aparecían algunos otros inversionistas que se atrevían a concretar sus proyectos, gracias a los cuales la escenografía urbana apenas si experimentó algunos cambios. Sin embargo, luego de más de cuarenta años de aparente inmovilización y mientras las demás poblaciones de delegaciones circunvecinas tuvieron considerables transformaciones, como Xochimilco y Tláhuac, y en el estado de México Valle de Chalco e Ixtapaluca se desarrollaron con vertiginoso ritmo, de unos años a la fecha por fin comenzaron a notarse significativos cambios en el territorio de la delegación Tláhuac.
Integrada por siete pueblos de origen prehispánico: San Pedro Tláhuac, San Andrés Mixquic, San Nicolás Tetelco, San Juan Ixtayopan, Santa Catarina Yecahuizotl, Santiago Zapotitlán y San Francisco Tlaltenco, y dividida en las Coordinaciones Territoriales de Tláhuac, Mixquic, Tlaltenco, Zapotitlán, Zapotitla, Los Olivos, La Nopalera, Del Mar, Miguel Hidalgo, Santa Catarina, Tetelco, Ixtayopan y Agrícola Metropolitana, la delegación Tláhuac cuenta con 360 mil 265 habitantes (175 mil 210 hombres y 185 mil 055 mujeres), según el Censo 2010 del INEGI, lo que significa el 4.1 por ciento de la población total del Distrito Federal (8 millones 851 mil 080 habitantes).
Colonias de la delegación
Una de las colonias más grandes de la delegación Tláhuac es la Selene, la cual se encuentra dividida en dos secciones y una ampliación, y está ubicada en Tlaltenco, la cual se asienta sobre tierras que fueron ejidales. Su nombre se debe a que en ese entonces Neil Amstrong había dado en representación de la humanidad su pequeño paso en la Luna, de ahí que sus calles tengan nombres de la superficie del satélite natural de la Tierra como Mar de la Tranquilidad, Mar de la Serenidad, Mar de la Fecundidad o Mar de los Vapores. Sobre la Calle Estanislao Ramírez se encuentra el Centro Nacional de Actualización Docente de la Secretaría de Educación Pública, el cual fue inaugurado por el presidente Ernesto Zedillo a finales de 1996. El Instituto Tecnológico, inaugurado por el presidente Felipe Calderón en 2012, y el Centro de Estudios Tecnológicos e Industriales (Cetis 1) con 40 años de preparar técnicos para las industrias de la zona. El terreno del Cetis fue donado por los ejidatarios de Tlaltenco, quienes entonces pidieron que en retribución las autoridades educativas le pusieran el nombre de Matilde Galicia Rioja, según refiere el director del plantel, Rodolfo Juárez Jiménez.
La Colonia Zapotitla lleva ese nombre porque se deriva de Zapotitlán. Carlos Justo Sierra apunta en su obra Tláhuac (Departamento del Distrito Federal, delegación Tláhuac, 1986), que el cuatro de marzo de 1981 comenzaron a llegar a dicho lugar «personas provenientes del llamado ‘Campamento 2 de Octubre’, entonces ubicado entre La Viga y el Eje 3 en Ixtapalapa», traídos por las propias autoridades del Departamento del Distrito Federal, al haberlos desalojado de los terrenos que estaban bajo torres de corriente de alta tensión.
El antecedente de dicha acción se remonta a cinco meses atrás, cuando un grupo de pobladores de San Pedro Tláhuac que se oponían a la instalación en el Lago de los Reyes de un centro vacacional para trabajadores del Departamento del Distrito Federal, aprovecharon la visita que hacía a la cabecera delegacional el Regente de la Ciudad, Carlos Hank González, a quien interceptaron cuando se trasladaba de regreso en un autobús a su oficina en el centro. Luego que descendió del autobús el Regente, el grupo de iracundos vecinos le manifestó que la comunidad no quería ninguna obra en la zona chinampera. Tras de escucharlos con atención el Regente les dijo: «Está bien, me doy por enterado de su malestar, no tengan ningún pendiente, aquí no se va a construir ningún centro vacacional». Seis meses después el regente decidió que el lugar a donde debían ir las mil familias desalojadas del Campamento 2 de Octubre era precisamente la delegación Tláhuac.
Entonces nadie de la comunidad tlahuaquense mostró indignación por el masivo arribo de gente de fuera, lo que se volvió una constante en Tláhuac por aquello de que cada vez que los diversos grupos de pobladores que habían hecho de la oposición vecinal a proyectos de inversión pública o privada una industria, como sucede hasta la fecha aunque ya en menor proporción, salían a frustrar cualquier intento de transformación social, por aquello de que con cualquier obra cabía la posibilidad de la apertura de fuentes de trabajo para la gente de la región.
«En el año de 1982 —cita Justo Sierra—, secuestraron algunos vecinos al general Felipe Astorga Ochoa, entonces delegado político, por espacio de unas seis horas, y fue dejado en libertad hasta que firmó un documento solucionando el hacinamiento de personas». En las inmediaciones de Zapotitla y el Cerro de Jaltepec también se localiza la Colonia La Estación, en alusión a la que se encuentra en ruinas y que formaba parte del Ferrocarril México—San Rafael Atlixco.
Por su parte, la Coordinación de Los Olivos comprende la colonia del mismo nombre (bautizada así por la familia Zapata Tamez), Las Arboledas, La Turba y Ampliación Los Olivos, ubicadas en terrenos que fueron propiedad de Francisco Cabrera, por lo que incluso surgió una colonia denominada Granjas Cabrera, debido a que allá por la década de los años cincuenta del siglo pasado, en el lugar abundaban las granjas. El doctor Cabrera tuvo fuertes disputas con un señor de apellido Mora, quien finalmente asesinó a aquel, por lo que antes de huir a España vendió la propiedad a una señora de apellido Soberón.
La Nopalera, colonia que de igual forma se estableció en los años cincuenta, también se encuentra sobre terrenos que pertenecieron a la ex Hacienda de San Nicolás Tolentino, donde estuvieron establecidas granjas porcinas y gallineros. El nombre se le quedó debido a que cuando algún pasajero quería descender del autobús que cubría la ruta México—Tulyehualco, simplemente decía al chofer «bajo en la nopalera», por aquello de que el lugar verdeaba de cactáceas.
En tanto que la Colonia del Mar es más reciente, si así se le puede llamar, debido a que surgió a principios de los setenta en terrenos salitrosos que pertenecieron al ejido del Tequesquite. Su nombre se debe a que en su inicio, por condición de ser un asentamiento irregular, en época de lluvias aquello se inundaba al grado de que había construcciones a las que sus moradores no podían entrar ni salir. Era tanto el salitre que en los bordes del agua en la tierra daba la impresión de ser arena, de ahí que a sus calles le fueron asignadas nombres de cetáceos como Delfín, crustáceos como CamarónJaiba y Cangrejo; así como TiburónBarracudaBagreTintorera y Pescado.
Otros pobladores que fueron desplazados hacia Tláhuac fueron los que habitaron la Colonia Agrícola Metropolitana (por sus iniciales de Consejo Agrarista Mexicano que lideró Humberto Serrano). En un principio, encabezados por su líder Enrique Romero, se aposentaron de unos terrenos próximos a la Calzada Taxqueña, pero después el Departamento del Distrito Federal los reubicó en la delegación Tláhuac en terrenos propiedad de un señor de apellido Prieto.
En tanto que la Colonia Miguel Hidalgo surgió a principios de los cincuenta en propiedades que fueron de la señora Juana Cavazos viuda de Zapata, y en terrenos que pertenecieron al ejido de Zapotitlán. La festividad más importante tiene lugar durante las Fiestas Patrias.
La línea 12 del Metro
Luego de la serie de despojos y expropiaciones y la represión de ejidatarios de San Francisco Tlaltenco por parte de la administración capitalina, porque aquellos defendieron hasta con la cárcel sus tierras, igual a como lo había hecho Porfirio Díaz con los campesinos de Tláhuac cuando estos pretendieron defenderlas de la voracidad de Íñigo Noriega a principios del siglo veinte —acontecimientos que también forman parte de la historia—, la línea 12 del Metro que va de Tláhuac a Mixcoac comenzó a funcionar, aun cuando no estaba terminada del todo, el 30 de octubre de 2012.
La demanda estimada es superior a los 367 mil pasajeros diarios en día laborable, con lo cual la línea 12 pasará a ocupar el cuarto lugar de la Red de Metro, misma que podrá alcanzar los 450 mil con el ordenamiento del transporte colectivo y la redistribución de viajes locales y regionales, según estimaciones oficiales.
Visión a futuro
Globos aerostáticos en la Ciénaga de Tláhuac
En opinión del empresario Alejandro Durán Raña, dirigente de la organización Empresarios Unidos de Tláhuac, a la delegación le hacen falta nuevas y amplias vialidades que la comuniquen con otras partes de la Zona Metropolitana del Valle de México. «Debe abrirse la delegación a más industria y comercio para que nuestros hijos y nietos ya no tengan que salir a trabajar a otras partes del Distrito Federal o de las entidades mexiquenses. Tláhuac debe dejar de ser ciudad dormitorio, y eso solamente lo vamos a conseguir si se abren aquí nuevas fuentes de empleo», señaló.
Sobre todo, indicó, «porque con la llegada del Metro vamos a tener una explosión demográfica en aproximadamente diez años, de ahí la necesidad de ir construyendo ya nuevas vialidades y de ir propiciando fuentes de empleo, porque de lo contrario la inseguridad pública que nos espera va a ser de grandes magnitudes».
Para documentar el recuento
El primer hotel en Tláhuac fue el Siesta del Sur, ubicado en Avenida Tláhuac y Calle Cocodrilo en la Colonia Los Olivos, catalogado como de cuatro estrellas, además de que tuvo el primer elevador que hubo en la delegación. «La planta principal del hotel tiene una especial decoración. Alejandro Durán (empresario cabeza visible del grupo de inversionistas propietarios del mismo) decidió colocar siete bellos vitrales, cada uno contiene una imagen representativa de Tláhuac. Ahí está la Capilla de la Soledad de San Juan Ixtayopan, la iglesia de San Francisco Tlaltenco y el Arco de piedra que se encuentra sobre Avenida Tláhuac, la Fuente de las Ollas en Los Olivos, la iglesia de Santiago Zapotitlán, la zona chinampera y la iglesia de Santa Catarina Yecahuizotl» (revista Nosotros, número 1, febrero de 1997. El moderno edificio de cinco niveles fue inaugurado en 1996, por lo que paulatinamente el escenario urbano de esa zona comenzó a cambiar a principios de 1997, cuando de igual forma abrió sus puertas el Centro Comercial Wal Mart con el conjunto de salas cinematográficas y el restaurante Vips, que aunque por su ubicación corresponde a la delegación Iztapalapa, fue también el primero que brindó sus servicios a los habitantes de la delegación Tláhuac.
Otra significativa empresa que comenzó a operar en Zapotitlán el 31 de julio de 1941 fue Central de Industrias, SA, mejor conocida como CISA, con la producción de butacas para cines, triciclos y bicicletas. Cuando la empresa requirió de mayor espacio cambió sus instalaciones a la entonces Calzada México—Tulyehualco 6732 (hoy Avenida Tláhuac) el 13 de octubre de 1969, con sus mil 200 trabajadores, en un terreno de 48 mil 582 metros cuadrados, «constituyéndose como motor del desarrollo y en fuente de empleo permanente para quienes viven en la región» (Nosotros, número 13, diciembre de 1998). Posteriormente, ante la inminente globalización de la economía amplió su mercado a la industria automotriz y cambió su nombre por el de Lear Corporation.
Empresas de gran importancia son Día, ubicada en Zapotitlán, donde se elabora materia prima para las más connotadas pizzerías de la Zona Metropolitana, y que pertenece al Consorcio Alcea. Asimismo, la empresa Multifor, dedicada a la fabricación de aceites y lubricantes, en la Colonia Los Olivos. Otra más es la empresa Productos para Aves y Animales, localizada detrás de la empresa Foca, también en Los Olivos. Una más es la denominada Sintoking, localizada en la Calle Ana Bolena en la Colonia Miguel Hidalgo. Y en la Colonia Selene se encuentra ICA-Pret, del consorcio Ingenieros Civiles Asociados, dedicada a la fabricación de monumentales ballenas para las grandes obras viales de la Ciudad, la cual ha dado empleo a cientos de habitantes de la delegación Tláhuac.
Institución de Asistencia Privada de significativa importancia en la delegación es la Casa Hogar de las Niñas de Tláhuac, que se encuentra en Avenida Piraña número 5 en la Colonia del Mar, con 23 años de labor ininterrumpida de atención y servicio a pequeñas desamparadas o de familias de escasos recursos. Fue fundada en 1990.
Museos en la delegación
El Museo Regional Comunitario de Cuitlahuac se encuentra en la Carretera Tláuac—Chalco. Al decir de Jesús Galindo Ortega, presidente de la Alianza de los Barrios Ticic, Teopancalco, Atenchincalca y Teopancalco, AC, el museo proyecta el destino común de los tlahuaquenses basado en el acervo cultural que les legaron sus ancestros. Responde a la inquietud de la comunidad por crear y tener un espacio cultural permanente para el mismo pueblo y público visitante. Fue concebido como un espacio participativo, cuya premisa es conjugar las preocupaciones espirituales de los habitantes para ofrecer la oportunidad de reconocerse en su patrimonio cultural.
Paisaje chinampero. Óleo sobre tela de Fidel Arroyo
Mientras que el Museo Regional Tláhuac, que originalmente fue sede del Comunitario como así había sido convenido por la entonces delegada con la comunidad (quien después reculó), se localiza en el edificio donde anteriormente se encontraba el Registro Civil de la delegación.
En tanto que el Museo Andrés Quintana Roo de San Andrés Mixquic contiene colecciones arqueológicas donadas por la doctora Socorro Bernal Roque, vecina y originaria de esa población. Resguarda alrededor de 280 piezas arqueológicas, principalmente de barro y piedra, producto de hallazgos en la región, pertenecientes a las culturas tolteca y teotihuacana, de la que destacan un Chac Mool, vestigios de un teotlachtli (aro de juego de pelota), sellos de barro y de piedra, una serpiente cilíndrica, un tzompantli (altar donde se ensartaban las cabezas todavía sangrantes de los sacrificados para honrar a los dioses), una culebra anudada y otra de cinto y un calendario que fue ahuecado para transformarlo en pila bautismal, entre otras piezas. Cuenta con biblioteca y centro de computación. Se localiza en Avenida Independencia sin número.
El Museo Tomás Medina Villarruel en San Juan Ixtayopan se ubica en Calle Sur del Comercio sin número. Lleva ese nombre debido a que el señor Tomas Medina Villarruel (21 de diciembre de 1938—3 de noviembre de 2008) originario del lugar, gustaba de coleccionar piezas arqueológicas de la región, por lo que al final decidió donar su acervo, alrededor de 850 piezas, en 1984. Pero no fue sino hasta 1998 cuando fue creado el Museo Comunitario de San Juan Ixtayopan, al que el 20 de febrero de 2003.
Casas de Cultura
El Centro Cultural Faro Tláhuac se encuentra en Avenida La Turba sin número, en el Bosque Tláhuac, y es un lugar para las expresiones culturales y artísticas del suroriente de la Ciudad de México. Forma parte de la red de Fábricas de Artes y Oficios y hace posible el desarrollo de movimientos culturales desde las periferias de la gran urbe. El Faro Tláhuac abrió sus puertas el 26 de mayo de 2006, y entre sus instalaciones se encuentra el teatro, salas de exposiciones, un auditorio, la biblioteca y aulas para talleres, conferencias, cine, teatro, exposiciones de artes plásticas, presentaciones de libros, conciertos, torneos de ajedrez y festivales.
La Casa de la Cultura Rosario Castellanos se localiza en Calle Sonido 13 esquina con Avenida Tláhuac, Colonia Santa Cecilia Tláhuac (CP 13010). Fue fundada en marzo de 1989. La finca, edificada en un predio de aproximadamente 600 metros cuadrados, lleva el nombre de la escritora Rosario Castellanos porque el entonces delegado era oriundo de Chiapas. Una parte de la casa fue destinada para la biblioteca. Cada año y con motivo de su aniversario, ahí se lleva a cabo un interesante programa de actividades.
Ixtayopan, tierra de pelotaris
No puede pasar desapercibido el esplendor y gloria que le han dado al deporte en la delegación Tláhuac los pelotaris de San Juan Ixtayopan, donde cada año se lleva a cabo el Torneo de la Amistad entre México y España, lo que constituye un acontecimiento que acapara la atención de los pobladores, pero también de otras partes de la Zona Metropolitana, debido a la superlativa calidad de los pelotaris, cuyas confrontaciones en el frontón de la localidad bien podrían ser comparadas con las de un torneo de tenis como el Roland Garros en Francia. Torneo de la Amistad que es posible gracias al entusiasmo de ixtayopenses como Antonio Medina Aguirre, presidente también de la Escuela de Pelota Vasca Ixtayopan Kirol (que en vasco significa deporte) y con 13 años consecutivos al frente del comité organizador (sin contar los dos años en que el torneo tuvo que ser suspendido), Luis Fernando Medina Garcés, Antonio Medina Díaz, Oscar Garcés Díaz, Marcos Medina Ríos, Aniceto Jiménez Caldera, Felipe Tapia de la O, Ángel Rodríguez Garcés, Ariel Tapia Medina y Fernando Medina Ríos (ex campeón nacional), entre muchos otros.
La afición ixtayopense durante el Campeonato Mundial de Pelota Vasca
En el Torneo de la Amistad intervienen pelotaris como tres de los más recientes medallistas olímpicos, como Pedro Olivos el «GC», Javier Marín y Javier Vera; Orlando Tapia Medina «Jacobo», Jorge Alcántara el «Cocol», Luis Fernando Garcés y Orlando Díaz Balleza el «Niño Nike». Y mención aparte merece el internacional pelotari de San Juan Ixtayopan Fernando Medina Ríos el «Momo», único jugador mexicano que llegó al profesionalismo en España donde jugó cinco años y fue campeón del mundo con la cuadra del equipo Arcegarce de la Península Ibérica.
El poderoso conjunto de pelotaris de San Juan Ixtayopan
San Juan Ixtayopan, donde algunos dicen que los niños nacen con una pelota de frontón bajo el brazo, fue una de las sedes del Campeonato Mundial que se celebró en nuestro país en 2006, cuando el frontón de la localidad estrenó un tablero electrónico que fue donado por la Fundación Cultural Alejandro Durán Raña.
Lienzo Charro de la Colonia San José
En la historia contemporánea de la delegación no puede ser ignorada la tradición del deporte nacional por excelencia con la Asociación Charros Unidos de Tláhuac, que con el empresario Alejandro Durán como presidente comenzaron a construir el lienzo charro en 1972, mismo que inauguró el presidente José López Portillo en 1980, gracias al apoyo de delegados como Alberto Alvarado Arámburo (para muchos el mejor delegado que ha tenido Tláhuac en su historia desde que existe esa figura) y Felipe Astorga Ochoa.
Bosque Tláhuac
Donde alguna vez fue un gran predio de 58 hectáreas al que fueron a parar los escombros de los edificios derrumbados por los sismos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, ahora es el Bosque Tláhuac, un lugar con espacios recreativos, deportivos, culturales y de esparcimiento para la comunidad. Quizás a eso se debió que el lago se haya secado, lo que hasta la fecha (abril de 2013) no ha podido ser remediado. Ahí se localiza la Alberca Olímpica Bicentenario de la Revolución, la controvertida Pista de Hielo Mujeres Ilustres, la confortable Sala de Artes Centenario de la Revolución con capacidad para poco más de 300 personas y el Edificio de aulas y Talleres Francisco Aquino, donde se imparten clases de música  y cuyos alumnos integran la Orquesta Sinfónica Juvenil Teocuicani.
Este es el Tláhuac del siglo veintiuno, al que parece que por fin la modernidad ha llegado, y de la que sus habitantes esperan que respete tanto la identidad cultural de las diversas comunidades que conforman la delegación como la gran reserva de suelo de conservación, la cual custodian los pobladores originarios para la sobrevivencia tanto propia como de aquellos con los que conviven en la Zona Metropolitana del Valle de México.

lunes, 29 de abril de 2013

San Nicolás Tetelco

San Nicolás Tetelco es una población colindante con San Andrés Mixquic, con la que estuvo unida en la época prehispánica y compartieron el majestuoso escenario natural que caracterizó a esa región chinampera de fértiles tierras, las cuales favorecieron el desarrollo de la actividad agrícola, incluso en la época Colonial, cuando se le conoció como Teteltzinco, continuó siendo una sección de Mixquic. Hasta la fecha, buen número de pobladores de Tetelco todavía se dedican al trabajo en las chinampas con el cultivo de hortalizas.
En su esplendoroso pasado Tetelco tuvo manantiales que alimentaron los canales repletos de peces, así como las verdes chinampas en las que se cultivaron desde entonces plantas de ornato y hortalizas, maíz, frijol, calabaza y chía, entre muchos otros productos que eran transportados en canoas hasta el centro de la ciudad, en un trayecto de doce horas.
El origen de Tetelco es impreciso, aunque algunas fuentes dicen que éste se remonta al siglo xiii, posiblemente por grupos vinculados a toltecas y chichimecas que llegaron tanto a Cuitláhuac como a Mixquic. De acuerdo con la historia oral narrada por pobladores nativos del lugar, el poblado fue habitado originalmente por quienes eran desterrados de Mixquic, a causa de haber cometido algún delito.
El nombre de Tetelco se compone del vocablo náhuatl tetelli, que significa «montón, hacinamiento de piedras», y de co, «en», lo que sería «en el montón de piedras», de acuerdo con la descripción de Cecilio A. Robelo en su obra Nombres geográficos mexicanos del Distrito Federal, en la que refiere que los mexicanos llamaban teocalli o teopantli al templo bien construido y de nuevos materiales, y a los construidos de madera, adobe, tierra o piedras hacinadas, a los que llamaban xantetellicuauhtetellitlaltetelli o, simplemente, tetelli o momozti.
Porque , además, el cronista Manuel Garcés Jiménez menciona que a Tetelco (originalmente llamado «Tetelzingo de los Ahuehuetes») algunos estudiosos de topónimos le dan el significado de tetelcoatl, «donde existen serpientes», y que otros más argumentan que proviene de la raíz teotl, tezontle, y con, montón, por lo que sería «montón de tezontle». Al paso de los años tetelli se transformó simplemente en Tetelco, «en el sentido que todas las palabras nahuas no fueron pronunciadas exactamente por el conquistador español», explica.
Con respecto al nombre de Tetelzingo, refiere que así se llamaba el pueblo «porque ahí se desarrollaron enormes, longevos y míticos árboles de ahuehuetes (viejos del agua) característicos de esas zonas húmedas».
Los atoleros
A los pobladores de Tetelco se les conoce entre los otros pueblos de la delegación por el mote de atoleros, la versión más común se le atribuye a que en los albores del siglo xx gente del lugar y de los alrededores subía al Ayaquemetl con sus burros en busca de leña, muy de madrugada comúnmente, a fin de cortar a punta de machete y hacha gruesas ramas de árboles, cuando no se ponían a talar el pino completo, para posteriormente hacerlas trozos manipulables a fin de poder acomodarlas en tercios sobre las acémilas.
Luego de ardua jornada de trabajo que la mayoría de las veces se extendía a cinco o seis horas, dependiendo de la capacidad de carga de acuerdo al número de burros que los leñadores llevaban, de regreso a sus respectivos pueblos que bien podían ser Ixtayopan, Tecómitl o Mixquic, al pasar por Tetelco se encontraban con el vapor de las ollas de barro en las que hervía a fuego de leña del Ayaquemetl el sabroso atole elaborado con masa de maíz. Por lo que detenerse en alguna de las casas donde humeaba el atole a fin de recuperar energías con un sabroso y aromático (a la vez que lo más caliente posible) tarro de atolli, con el que pudieran mitigar el hambre, se volvió costumbre entre los leñadores.
Sin embargo, el cronista Manuel Garcés Jiménez, en su artículo «Tetelco, pueblo de atoleros» (Nosotros, número 75, diciembre de 2004), apunta que durante el porfiriato «concurrían a Tetelco docenas de peones libres, los cuales trabajaban en la famosa Hacienda de los Ahuehuetes de Santa Fe, dando lugar a que se apostaran en la entrada principal de la hacienda algunas mujeres campesinas que ofrecían en las primeras horas del día los tamales, café y atoles de sabores en enormes ollas de barro conocidos como ‘nixcomiles’».
Por ese motivo, durante algún tiempo se llevó a cabo  en la Plaza Emiliano Zapata la original Feria del Atole, del nueve al 11 de septiembre, lo que coincidía con la fiesta en honor del santo patrono, situación que al parecer no fue del agrado de algunos mayordomos porque la festividad en honor a San Nicolás Tolentino no debía tener otro propósito. Sin embargo, fue una feria singular en la región, debido a que la cocción dulce de maíz de agua condimentada con especias aromáticas como cacao, vainilla, canela, anís y azahar, con saborizantes como chocolate para incrementar su sabor, ofrecía al paladar exquisitos sabores a fresa, vainilla, nuez, mango, coco, chocolate, guayaba y piña. Uno de los más exquisitos era atole de amaranto.
Festividades
Las festividades que son compartidas con el resto de la delegación Tláhuac son el Año Nuevo (31 de diciembre), el Día de Reyes (seis de enero), el Día de la Candelaria (dos de febrero), la Semana Santa, la festividad del Día de la Cruz (tres de mayo) y el Día de Corpus. La tradición indica que el 15 de mayo se celebra una misa en honor a San Isidro Labrador, para pedirle que les prodigue la lluvia en sus cosechas; asimismo, la fiesta de Cristo Rey (26 de noviembre), la Inmaculada Concepción (ocho de diciembre) y la Virgen de Guadalupe (12 de diciembre).
Vista desde lo que será la iglesia de Cristo Rey. Fotografías Sergio Rojas
A partir del ocho de septiembre y durante ocho días, se celebra la fiesta del santo patrono de Tetelco, San Nicolás Tolentino. La festividad es organizada por los mayordomos del pueblo, quienes se encargan de darle realce y alegría con la presentación de bailes tradicionales, danzas aztecas, bandas de viento y fuegos artificiales. Lo obtenido en la feria, que incluye por supuesto la venta de antojitos, juegos mecánicos y espectáculos artísticos con bailes populares, debe ser destinado para posteriores obras de restauración de la iglesia principal y sus imágenes, al menos así lo indica la costumbre de uno de los llamados pueblos originarios.
Aunque como quedó asentado en el número 71 de la revista Nosotros, la restauración de la iglesia de San Nicolás Tolentino no ha sido fácil, por lo que ante la negativa de la autoridad delegacional y del propio clero para apoyar cualquier proyecto de restauración del inmueble, en 2004 un grupo de vecinos se puso a tocar puertas para poder rescatar el monumento histórico. Recurrieron, además de particulares del pueblo, al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, organismo donde de inmediato decidieron apoyar la iniciativa ciudadana.
En 2001 los tetelquenses enviaron un oficio al Instituto Nacional de Antropología e Historia para solicitar la restauración de una escultura que tenía 70 años arrumbada en la bodega de la iglesia, a la que nadie le hacía caso, e incluso un día no faltó quien sugiriera mejor echarla a la basura. Se trataba de una imagen de Jesús Nazareno hincado, que tras de ser examinada por un restaurador supieron del valor histórico que esta tenía, por lo que entonces también pidieron apoyo a ese organismo y lo obtuvieron.
En julio de 2004 fuimos invitados por los integrantes del Patronato de Restauración, entre quienes se encontraba Ramiro Jurado Vigueras como presidente, para que atestiguáramos los avances de las obras, siendo las más significativas el enladrillado de la cúpula a fin de evitar cuarteaduras en el techo y paredes, y la colocación de una plancha de cemento por debajo del piso debido a que el edificio curiosamente no tenía cimentación. Así fue como el edificio adquirió una nueva fisonomía, además de que en el atrio fueron retiradas las tumbas que había, los muertitos se quedaron en su lugar, nadie los movió de donde estaban, aunque todavía se pueden ver algunas lozas en el piso.
La iglesia del pueblo
El templo de San Nicolás Tolentino fue construido en el siglo xviii, se encuentra ubicado en Calle Emiliano Zapata esquina con General Antonio Beltrán. En las campanas está inscrita la inscripción «1913», época en la que para ingresar al lugar se hacía por una pronunciada rampa empedrada al igual que la calle.
Como es común en los templos de los siete pueblos originarios de la delegación Tláhuac, el de Tetelco posee obras de arte religioso registradas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en el Catálogo correspondiente, por lo que la visita al de San Nicolás Tolentino significa adentrarse, además de lo concerniente al ámbito religioso, en la contemplación de valiosos objetos de culto ancestral cuyos autores, en la inmensa mayoría de los casos, son anónimos.
Cuenta con una escultura de madera de la Virgen de Dolores del siglo xviii (1.25 metros de alto por 45 centímetros de ancho); una escultura en madera de Cristo cargando la cruz, del siglo xviii (87 centímetros de alto por 28 de ancho); una talla en madera de la Virgen Purísima correspondiente a los siglos xviii-xix (1.60 metros de alto por 45 centímetros de ancho); una escultura de madera de Cristo en la cruz correspondiente al siglo xvii (1.70 metros de alto por 1.33 de ancho); una escultura de pasta posiblemente de caña de maíz de Cristo crucificado, del siglo xvii (1.70 metros de alto), el cual lleva cabello natural; una talla en madera y estofado de San Nicolás Tolentino del siglo xviii (1.70 metros de alto por 60 centímetros de ancho); una escultura en madera policromada de San Nicolás Tolentino del siglo xviii (87 centímetros de alto por 42 de ancho); una pintura al óleo sobre tela de la Virgen de Guadalupe del siglo xviii (2.10 metros de alto por 1.40 de ancho) y una escultura de Cristo en su entrada a Jerusalén del siglo xviii (1.15 metros de alto por 45 centímetros de ancho).
Pero de todas ellas destaca Jesús Nazareno, una escultura elaborada en el siglo xvii con caña de maíz, la cual estuvo abandonada muchos años; sin embargo, en una de las visitas que personal del INAH hizo a la iglesia de San Nicolás Tolentino, los especialistas detectaron en una bodega la presencia de un bulto cubierto con una sábana. Al descubrirla, valoraron la magnitud de la escultura, por lo que informaron a los pobladores el valioso tesoro sacro que tenían.
La imagen, que sirvió de portada del número 81 de la revista Nosotros (junio de 2005), mostró el estado actual de ésta luego de su restauración, proceso en el que fue encontrado en el interior de la cabeza un pergamino enrollado con un texto redactado en español antiguo, donde se hacía notar su anterior fecha de restauración en el año de 1720 por Juan Ambrosio Pincel, nativo del barrio de Santiago Tlatelolco, lo que permite suponer que en 284 años el Cristo no había recibido mantenimiento. El documento original fue nuevamente depositado en la cabeza de Jesús Nazareno.
Piedras de la historia
La Hacienda Santa Fe Tetelco tuvo varios dueños, hasta que fue adquirida por Íñigo Noriega Jasso, el causante de la desecación del Lago de Chalco-Xochimilco con el avieso propósito de incrementar la extensión de tierras de su propiedad, por lo que las ruinas que aún quedan se localizan en Calle Emiliano Zapata esquina Calle 20 de Noviembre.
Cúpula de lo que será la iglesia de Cristo Rey en Tetelco (marzo de 2013)
Garcés Jiménez cita en Nosotros que hasta donde se tienen evidencias fehacientes respecto a la fecha de construcción de la hacienda, «ésta ya existía desde el año de 1703, cuando el señor Juan de Uriarte la vende a don Francisco de Ceballos, contrato de compra que aparece en el Archivo General de la Nación y citado por don Refugio Palacios en el libro Historia de San Nicolás Tetelco (1534-2000)». Con lo que se puede afirmar que la hacienda fue uno de los primeros inmuebles en su tipo que fueron construidos a finales del siglo xvii en el sureste del Distrito Federal.
«Las crónicas indican que años después fue adquirida por Agustín Marroquín, quien seguía manteniendo una cantidad considerable de peones cautivos y otros más libres. Estos últimos sólo en la época de temporal agrícola se presentaban a laborar», menciona el cronista. Además de que para poder agilizar el transporte de mercancías por el Lago de Chalco, había un puerto de canoas que las llevaban a los mercados de la Ciudad de México.
Período revolucionario
Refugio Palacios Ruiz registra en su obra la cédula de nacionalización de los bienes de la Hacienda Santa Fe Tetelco el 22 de mayo de 1915, donde Lázaro García Montoya, jefe de armas del poblado, da a conocer la restitución de tierras de la hacienda que en ese momento pertenecía a Mariano Yáñez, a sus originales dueños, los campesinos. Hacienda que por lo demás ya había sido quemada durante la Revolución por fuerzas zapatistas. No toda la hacienda fue repartida en la primera etapa, por lo que todavía alcanzó a tener otra propietaria, como fue el caso de la señora Carolina Bate viuda de Domínguez.
Maximiliano Vigueras
Durante la Revolución mexicana, los pobladores de San Nicolás Tetelco apoyaron al Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata. Los zapatistas estuvieron a buen resguardo en las inmediaciones del Teuhtli, a fin de arremeter contra las fuerzas carrancistas acuarteladas en Tláhuac, y aunque en Tetelco no se libró ninguna batalla, hubo quienes se unieron a la lucha por la defensa de la tierra y alcanzaron grados militares por su valerosa actitud en los campos de batalla como Luis Hernández Arenas, Juan Mancera, Juan Laguna Hernández, Catarino Nava y el general Maximiliano Vigueras, a quien apodaban el «Xoco». Al decir de Jean Meyer («El zapatismo va a la cristiada», Nexos, 1 de marzo de 1997), el general Maximiliano Vigueras posteriormente fue jefe cristero.
Con otros pueblos de Tláhuac, Tetelco solicitó también al gobierno mexicano que le fueran restituías sus posesiones comunales, arrebatadas durante el siglo xix. La petición fue rechazada, pero los campesinos del pueblo recibieron una dotación de tierras bajo el régimen ejidal. «Después de la lucha armada los vecinos del poblado de Tetelco, así como de los pueblos circunvecinos, se ampararon bajo el decreto de la ley del seis de enero de 1915 (…) por lo que fueron partícipes de la segunda repartición de tierras que se empezó a dar el 12 de junio de 1922, estando a cargo de un grupo de campesinos, como presidente Juan Aldarete; secretario Pánfilo García; secretario Teodoro Arenas y como vocales Manuel Martínez y José Palma», recuerda el cronista Garcés Jiménez.
La hacienda de Santa Fe originalmente tenía una superficie de mil 562 hectáreas y 52 áreas de terreno; de esas tierras, durante el período del presidente Emilio Portes Gil, el primero de febrero de 1930 el repartimiento determinó que 514 hectáreas pasaban a formar parte de los ejidos de Tetelco, Tecómitl y San Juan Tezompa.
El Ayaquemetl, último pulmón del DF
San Nicolás Tetelco posee significativa extensión de área verde en el Cerro del Ayaquemetl, la cual constituye el último pulmón que provee de oxígeno a los habitantes del Distrito Federal, por lo que la preservación de la zona tiene especial importancia para quienes son los custodios de la tierra: los ejidatarios, como sucede en el predio «El Cacalote», donde construyeron un camino de penetración de unos 700 metros de longitud con piedra volcánica, a fin de facilitar la transportación de los productos agrícolas.
Al decir de Erasmo Medina Jurado, presidente del Comisariado Ejidal, ese hermoso paraje boscoso (de 540 hectáreas que territorialmente se localizan en la delegación Milpa Alta, más una ampliación de 58 hectáreas en Xico, estado de México) ni siquiera es conocido por mucha gente de Tetelco, por lo que el proyecto concebido por él incluye además el acondicionamiento de un centro de recreación y esparcimiento para los ejidatarios y sus familias. «Es la parte más boscosa del Ayaquemetl donde todavía es posible ver mucha fauna como coyote, gato montés, guinea, tlacuache, águila, zopilote, cocoleada, zorrillo, correcaminos, armadillo, víbora de cascabel, cincuate y chirrionera, entre otros animalitos que se han preservado en lo que es el último pulmón de los habitantes de la Ciudad de México», por lo que cuidan la zona de cazadores furtivos (revista Nosotros, número 151, diciembre de 2012).
Desde el Ayaquemetl es posible ver el pueblo de Tetelco y gran parte de esa zona boscosa, aunque también se divisa el incontrolable avance de la mancha urbana desde el estado de México, como sucede con la Colonia San Miguel, en Tezompa, lo que tiene de sobra preocupados a los ejidatarios. «Desgraciadamente —señala el señor Medina Jurado— los asentamientos ya pueden verse desde aquí y hay que evitarlos para que no afecten la naturaleza que queremos preservar, porque si no logramos conservar estos bosques sabrá Dios qué vaya a ser del futuro de nuestros hijos. Si así tenemos tierra y no sembramos, lo único que hacemos es dejar que siga expandiéndose la mancha urbana. Por eso los ejidatarios deben ponerse a pensar que lo mejor para salvaguardar el patrimonio de sus hijos es sembrar la tierra, para que no sean meros ejidatarios de membrete».
Visita a los ejidatarios de Tetelco en el Ayaquémetl (noviembre de 2012)
En el Ayaquemetl los ejidatarios siembran en la parte alta forraje, avena, maíz, haba, chícharo, frijol y papa; y en la parte de abajo tomate, frijol, chícharo, calabaza y todo tipo de hortalizas, espinaca, acelga y huauzontle. «Todo natural porque aquí no acostumbramos echarle fertilizantes ni ninguna sustancia química a nuestros cultivos, todo es orgánico», dice Erasmo Medina. La flora del lugar se compone de encino, oyamel y madroño, entre otras especies de árboles, además de los frutales como manzana, ciruelo, durazno, tejocote, capulín, limón, naranja y pino piñonero.
Cristo Rey
En una de las dos colonias de San Nicolás Tetelco, Emiliano Zapata (la otra es La Conchita), donde ahora se encuentra el monumento a Cristo Rey, por iniciativa de los vecinos actualmente es construido el Santuario de Cristo Rey, cuya losa de concreto fue colocada el tres de marzo de 2012, acontecimiento atestiguado por el empresario filántropo de Tláhuac, Alejandro Durán Raña, quien ha apoyado lo que sin duda será, cuando esté totalmente terminado, el más importante atractivo del turismo religioso de la delegación.
Desde la cúpula de la monumental obra se observa el Volcán Teuhtli al poniente, el Cerro de Guadalupe de Tlaltenco al noroeste, el Cerro del Marqués en Xico al norte, y el Cerro de Cocotitlán, así como las poblaciones de Santa Ana Tlacotenco y San Pablo Oztotepec, al sur de la delegación Milpa Alta. En esa ocasión, el señor Gerardo Medina resumió el sentir generalizado de los pobladores de Tetelco:
«En la década de los 40 el gobierno de la Ciudad de México extrajo mucha agua de aquí, se llevaron el agua potable y desde aquí se ve cómo se ha hundido Tetelco. La zona se hunde porque no hay agua, por eso queremos aplicar un proyecto por el que el agua pluvial se iría a la zona chinampera mediante conductos cuyo costo por hacerlos sería de unos 50 millones de pesos, y así se humedecería nuevamente nuestra tierra, a fin de ya no dejar que el agua se vaya al drenaje y termine como hasta ahora en el estado de Hidalgo».
Atractivos de Tetelco
En el Mercado de Tetelco es posible disfrutar de un rico platillo típico de la región lacustre, como por ejemplo el mole de olla con pato silvestre, el mixmole de rana en tomate verde con nopales y acociles, así como alguna de las exquisiteces del maíz como son tlapiques, gorditas de nata, tlaxcales y tamales de elote.
Afortunadamente, al pueblo aún no se han presentado los fraccionadores ni especuladores del suelo, aunque eso no significa que no aparezcan por ahí un día de estos, sobre todo porque la mancha urbana avanza incontenible procedente del estado de México. Por lo que San Nicolás Tetelco es, tal vez, el pueblo con más fisonomía rural de la delegación Tláhuac, donde el ambiente provinciano, además de servir de remanso y quietud tanto para sus habitantes como para quien lo visita, en el ajetreo cotidiano de la gran urbe, motiva a la reflexión acerca de lo que podría esperarle a los tetelquenses y demás comunidades de Tláhuac si la autoridad delegacional aún no acaba de entender lo que significa el desarrollo sustentable.

domingo, 28 de abril de 2013

Santa Catarina Yecahuizotl


Santa Catarina Yecahuizotl es uno de los siete pueblos prehispánicos que conforman la delegación Tláhuac. Se encuentra al oriente de la Sierra que lleva su nombre y que es considerada como zona de reserva ecológica del Distrito Federal. Su fundación se remonta a comienzos del siglo xvii, la cual pasó a dominio de los mexicas cuando estos derrotaron a los cuitlahuacas.
En 1960 William T. Sanders emprendió un estudio sistemático sobre las diferentes etapas de la arqueología de la Cuenca de México. Como parte de esas investigaciones, Paul Tolstoy en 1971 llevó a cabo una serie de investigaciones en sitios del Formativo Temprano en Santa Catarina y Terremote en el lago de Chalco-Xochimilco. Santa Catarina y Terremote fueron considerados por Tolstoy como de ocupación restringida a esa fase temprana, con base en el material rescatado, tanto en superficie como en varios pozos estratigráficos allí excavados.
La cerámica hallada en la zona corresponde a las fases Coapexco y Ayotla, con ausencia absoluta de materiales del Formativo Medio, hecho que interesó a Tolstoy para conocer la dinámica de esa ocupación y del abandono del sitio. En otras investigaciones fueron detectados los restos de un pequeño asentamiento también del Formativo Temprano (1500-1150 a.C.), en las faldas al oriente del volcán Guadalupe. Dicha aldea se situaba sobre la ribera norte del lago de Chalco y su población se dedicaba a la pesca y a actividades agrícolas incipientes.
En el Horizonte Formativo Tardío (650-300 a.C.) la aldea lacustre mantenía relaciones con otras poblaciones ribereñas, entre las que destacaba una aldea en Zapotitlán, la cual actuaba como centro regional.
Significado de Yecahuizotl
Acerca del significado de su nombre original, Yecahuizotl, algunos refieren que por la forma del glifo que lo representa significa «en la nariz del animal anfibio».
Otra versión, la de Antonio Peñafiel, es que originalmente se llamó Acatzinco, que significa «cañas o carrizo» por acatl, y por la terminación tzinco, alusiva a la parte inferior del cuerpo humano sería «pequeño campo de cañas». Luego fue Santa Catarina Cuautli Itlacuayan, que al decir de Faustino Chimalpopoca significa «comedor del águila». Posteriormente, en 1924, cambió su nombre por el de Santa Catarina Yecahuizotl, que para Luis González Aparicio, Yecahuizotl significa «en la tercera parte del camino del sur». En tanto que el Códice Xolotl dice que Yecahuizotl significa «entre los ahuejotes de la nariz del cerro».
Por su parte, el cronista de Tláhuac, José Eduardo López Bosch, refiere que Yecahuizotl proviene de yecatl, «nariz», y que se le conoce como «la tercera parte del camino del sur». En tanto que acatzingo significa «campo de cañas o tierra de hormigas» (revista Nosotros, «Toponimia de los siete pueblos prehispánicos de Tláhuac», número 26, abril de 2000).
Mientras que Carlos Justo Sierra en su obra Tláhuac, tras de señalar que en los libros que consultó no dicen nada acerca del significado de Santa Catarina Yecahuizotl, apunta que, «sin embargo, algunas referencias indican que significa en los ahuejotes o sauces, de la nariz del cerro». En tanto que otros simplemente señalan que Yecahuizotl significa «tierra de hormigas», y dicho significado es el que más le gusta a la mayoría de sus habitantes.
Período Colonial
José Norberto Mendoza Vital refiere en el libro Rescate histórico del pueblo de Santa Catarina Yecahuizotl (Programa de Apoyo a Pueblos Originarios del DF, 2004), que durante el período Colonial, específicamente en 1646, fue construido el templo de Santa Catarina. Dice que, paulatinamente, «se va consolidando el poblado habiendo ya adaptado su nombre actual, Santa Catarina Yecahuizotl, en razón que la fiesta prehispánica de la aldea se celebraba el día 25 de noviembre, día que corresponde en el calendario cristiano a Santa Catarina».
El investigador oriundo del lugar y promotor del arraigo de la niñez y juventud al pueblo y sus tradiciones culturales, apunta que en el siglo xvii, así como Tláhuac, Santa Catarina Yecahuizotl también formaba parte del corregimiento o alcaldía mayor de Chalco, el que a su vez se encontraba bajo la jurisdicción de la Ciudad de México.
Independencia
En el México independiente, dice Mendoza Vital, Santa Catarina dependió de la municipalidad de San Francisco Tlaltenco, una de las veinte que componía la Ciudad de México, distribuidas en cuatro prefecturas políticas. Más tarde, en 1895, Porfirio Díaz autorizó al español Íñigo Noriega para que desecara el Lago de Chalco, con lo que consolidó una de las más grandes propiedades del Valle de México, la Hacienda de Xico. «En 1898 fue concesionada la construcción de las vías ferroviarias al mismo influyente personaje, pues serviría para comunicar su hacienda con la capital; el ferrocarril partía de la Ciudad de México y terminaba su trayecto en Atlixco, Puebla, pasando por Apapasco y Santa Catarina, con ramales a San Rafael Zavaleta y Ozumba», explica.
Santa Catarina en la Revolución
Una vez transcurrida la lucha armada en la Revolución, Santa Catarina Yecahuizotl como otros pueblos de la región, hizo valer sus derechos, por lo que sus pobladores pidieron el restablecimiento del Ayuntamiento, lo que finalmente consiguieron en 1924. Asimismo, vino la consolidación comunitaria con las dotaciones de tierra que dieron origen al Ejido de Santa Catarina, los ejidatarios pasaron a ser importante factor para dar impulso a la actividad agrícola y económica del lugar, así como núcleo y sostén de las tradiciones. Como en otros pueblos tradicionales de la delegación Tláhuac, los ejidatarios han tenido significativa presencia en la consolidación de instituciones educativas, sociales y políticas con la donación de terrenos.
«En Santa Catarina se conformó el núcleo de ejidatarios, a quienes se les benefició con 207 hectáreas de cultivo que pertenecían a la Hacienda de Xico», señala Mendoza Vital en su libro.
A finales de 1928 Tláhuac se constituyó como delegación, y desde entonces Santa Catarina Yecahuizotl forma parte de su territorio.
Puerta de entrada al Distrito Federal
Para quien proviene del sureste de la República, Santa Catarina es la puerta de entrada a la Ciudad de México.
Lo cierto es que hasta la década de 1960, Santa Catarina Yecahuizotl fue un pueblo que se mantuvo alejado del resto de la zona metropolitana del Distrito Federal y, por ende, de la modernidad. Sin embargo, la presión demográfica comenzó a llegar al lugar debido a la expansión de la mancha urbana por el lado de Iztapalapa y, sobre todo, del estado de México.
Iglesia del pueblo
El templo del pueblo que se localiza en Calle Hidalgo esquina con Santa Catarina, fue construido en el siglo xvii con piedra tezontle y es uno de los pocos que todavía conserva sus cuatro pórticos atriales erigidos junto con la iglesia. Mendoza Vital refiere que según la traducción de los títulos de Santa Catalina Tlamacaztongo, la iglesia del pueblo se comenzó a construir en el año de 1559. «En el lado sur del campanario se puede leer la inscripción ‘1776 año’, muy probablemente el año que se construyó el mismo, ya que según algunos relatos, se dice que la construcción se hizo por partes, primero lo que es el actual sagrario y después la nave mayor; en general el templo consta de una torre de dos cuerpos en la que se aloja el campanario, una sacristía, también en el costado izquierdo; el sagrario con una cúpula actualmente revestida de mosaico, en las cuatro esquinas del atrio se localizan pequeñas capillas, que representan a cada uno de los barrios del pueblo, en el atrio aún se pueden apreciar las cruces en el suelo que indican que anteriormente aquí se encontraba el panteón».
Conforme a la información del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la barda atrial fue construida en 1920 y, posteriormente, en 1938, las capillas atriales. Fue declarado monumento el tres de agosto de 1933.
La iglesia alberga tesoros artísticos de gran interés cultural religioso. En la Capilla del Santísimo se encuentra una escultura de 1.90 metros de largo por 1.30 metros de altura y representa una de las caídas de Cristo. Está hecha de madera tallada y fue elaborada en el siglo xviii, desconociéndose la identidad de su autor.
El altar de la Capilla del Santísimo es de madera y corresponde al siglo xix. La pila bautismal que se encuentra al centro de la capilla fue tallada en piedra en el siglo xvi, se encuentra sobre una base decorada con escudos en forma de cruz y tiene restos de pintura. También ahí es posible ver una escultura en madera de la Virgen de la Soledad del siglo xviii, de 1.65 metros de autor anónimo y buen estado de conservación. La imagen como otras que existen en la delegación, tiene incrustada, un poco debajo de los ojos y pegada a la nariz, una perla que simboliza una lágrima.
Asimismo, en la Capilla del Santísimo el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Muebles del INAH ubica la escultura en madera de una caída de Cristo, de autor anónimo, del siglo xviii, de 1.30 metros de alto por 1.90 de largo. «Las andas fueron doradas; esculpidas con motivos vegetales y varios símbolos pastorales; al frente se ve el cáliz, la túnica de Cristo, las cinco llagas; en el costado la columna con el gallo, los azotes y los flagelos, la lanza y el hisopo tras la escalera. El barandal, que circula las andas, está trabajado también con decoración vegetal y cabezas de querubines; además está balaustrado. La escultura es de muy buena calidad, lleva pelo y dentadura natural. Las andas son utilizadas para sacarlo en procesión, fueron doradas y ahora están pintadas en dorado. Los símbolos pasionales descritos son los que se ven ya que, quizás, en la parte posterior y lateral, que no se ven, tenga los símbolos restantes. Este tipo de Cristo ‘sangriento’ corresponde a la tradición de Cristos, iniciada en el siglo xvi y prolongada hasta el siglo xviii. El hecho que lleve dentadura humana, recuerda los Cristos trabajados en caña de maíz de Michoacán y en el altiplano. Los ojos son de vidrio; se marcan perfectamente las venas de Cristo y las llagas que lleva en el costado y a la altura de la muñeca. En los Cristos de caña son de hueso y en este caso sólo se simulan a través de la madera. La basa, sobre la que descansan las andas, es un trabajo ya de este siglo (xx)».
La puerta del sagrario es de madera y fue elaborada en el siglo xix, los relieves de cada una de las hojas probablemente sean del siglo xviii, la puerta está entablerada y deja dos ventanas con balaustres, para poder ver desde la nave al santísimo cuando se encuentra expuesto. El relieve con imagen de Cristo representa a Cristo cargando la cruz, puede verse que todavía hay a los lados el recuerdo de lo que fue los estípites; estuvo dorado y posteriormente pintado al aceite. La otra hoja de la puerta es exactamente igual y el relieve representa a la Virgen de la Soledad. La puerta es la del sagrario o Capilla del Santísimo.
El altar mayor en la nave principal fue renovado con madera de caoba y fue donado por el señor Aurelio Vázquez. Al centro se encuentra una escultura del siglo xviii. Los arcos fueron pelados, lo cual fue un mal ejemplo porque esto no era original. En las bóvedas hay pinturas murales de fines del siglo xix y principios del xx, que representan a Santiago Apóstol, a Santa Catarina de Alejandra y una alegoría en el altar mayor.
La iglesia de Santa Catarina Virgen y Mártir fue erigida como parroquia el día 16 de julio de 1989, y gracias a las restauraciones que le han hecho los pobladores, es como se cuenta con una de las construcciones más bien cuidadas de la delegación Tláhuac, por lo que constituye el principal atractivo turístico del pueblo.
Ambiente provinciano
Enfrente del templo se encuentra la Plaza de Santa Catarina y a un costado una construcción hecha aproximadamente en 1917, que en sus orígenes cumplió las funciones de troje, con muros de un metro de ancho. El conjunto fue remodelado en 1960, cuando fue habilitado por la delegación para prestar diversos servicios. Ahí fue construida la plaza ese mismo año en un predio que había pertenecido a una vieja casona.
La peculiar construcción conocida como troje es una de las más antiguas del pueblo y fue lo único que quedó de la antigua propiedad que perteneció a la señorita Margarita Pacheco, la cual pasó a ser propiedad resguardada por la organización del grupo de ejidatarios a través de una permuta. Fue así como dicha construcción pudo ser remodelada y acondicionada para que en ella fuera instalado el expendio de leche Liconsa, el Centro Cultural «Santa Catarina» y el Centro de Cómputo Comunitario Cuauhtli-Itlacuayan, el cual brinda importante servicio a la comunidad, sobre todo a los jóvenes del pueblo y que se encuentra a cargo del investigador José Norberto Mendoza Vital, quien tiene ahí a la vista del público antiguas fotografías y mapas del lugar, a fin de que los asiduos visitantes se interesen por conocer la historia de su comunidad y consoliden su identidad cultural.
En medio de la plaza se encuentra el kiosco con techo de madera y tejas, con su herrería típica y faroles que dan el sello provinciano al lugar, donde por la tarde algunas familias van a disfrutar del lugar luego de que el Sol busca ocultarse. Es un agradable lugar tanto por el entorno arquitectónico como por la tranquilidad que lo envuelve, debido a que las calles que la circundan fueron cerradas al tránsito vehicular y son peatonales, además de que el Eje 10 Sur, por donde circulan microbuses, autobuses RTP, chimecos, tráileres, automóviles y demás, se encuentra a varias cuadras de ahí.
Justamente por su peculiar apariencia provinciana, ese conjunto arquitectónico sirvió de escenario en 2001 para la filmación de la película Una de dos, dirigida por Marcel Sisniega, basada en la novela homónima del escritor Daniel Sada (fallecido en 2011), quien además escribió el guión. En el filme, al pueblo de Santa Catarina lo hacen pasar por uno del norte de nuestro país para ambientar el guión cinematográfico (Sada de hecho nació en Mexicali, Baja California).
La película trata de Constitución y Gloria Gamal, dos gemelas solteronas dedicadas a la costura, quienes reciben una invitación para asistir a una fiesta en un pueblo vecino. Para no confundir a los posibles candidatos matrimoniales, sólo acude una de las hermanas. En la fiesta conoce a un pretendiente llamado Óscar, que empieza a visitarla cada domingo, por lo que las visitas comienzan a alterar notablemente la relación entre hermanas y la tranquilidad del pueblo.
Por otra parte, enfrente de la iglesia se encuentra la Biblioteca «Jorge Luis Borges», en una construcción de piedra, como las contiguas, que quizás corresponda a 1950, la que desgraciadamente es imposible visitar, debido a que hace algunos años a alguno de esos genios que luego suelen irrumpir en los organigramas burocráticos del servicio público delegacional, se le ocurrió poner en el amplio patio de ese centro de lectura una estancia infantil, para lo cual fueron construidas dos aulas prefabricadas que restringieron el espacio y confort que usuarios en general y estudiantes en particular debieran tener, motivo por el cual el personal de la estancia cierra las puertas a fin de que los niños no se vayan a salir, con lo que impiden que quienes pudieran tener la intención de abrevar en la fuente del conocimiento universal no ingresen al recinto.
Así que como todo pueblo que se precie de serlo, Santa Catarina Yecahuizotl cuenta con una bonita biblioteca, pero solamente a medias, porque para Ripley, la Biblioteca «Jorge Luis Borges» es la única tal vez en nuestro país que cuenta con una persona encargada del acervo a la cual el gobierno de la ciudad le paga un salario, y esta persona abre la puerta del recinto todos los días, puntualmente, pero la otra que da a la calle permanece cerrada. Surrealismo puro en la burocracia delegacional.
Barrios del pueblo
Santa Catarina cuenta con los barrios de La Concepción, San Miguel, Guadalupe y Santiago, así como la Colonia Ampliación Santa Catarina. Sin embargo, «el crecimiento también se ha dado hacia la parte noroccidental del poblado, con las ocupaciones irregulares de tierras ejidales localizadas en las estribaciones de la Sierra de Santa Catarina, en terrenos con declive, muy pronunciado y situados en una cota de nivel más alta que el poblado, lo que ha dificultado y hace más costoso el suministro de los servicios más elementales», apunta Mendoza Vital.
La fiesta
En Santa Catarina Yecahuizotl el 25 de noviembre se celebra la fiesta en honor de la santa patrona, es el único pueblo que se encuentra bajo la advocación de un nombre religioso femenino. Los pobladores queman castillos de fuegos artificiales y torean los tradicionales toritos típicos de la pirotecnia mexicana, además de disfrutar de los juegos mecánicos que por ese motivo son instalados.
Cabe destacar que en Santa Catarina la tradición de los juegos pirotécnicos ha perdurado a través de varias generaciones, por lo que el oficio se ha mantenido a través de los años en familias como las de Ortega Blanco, Ortega Rueda, Ortega Hernández y Ortega Infante, que tienen el aval de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Límites de Santa Catarina
Santa Catarina Yecahuizotl limita al oriente con el estado de México, en el Eje 10 Sur y en la Autopista México—Puebla con las colonias María Isabel, Santiago, del Carmen y Alfredo del Mazo, del municipio de Valle de Chalco Solidaridad; además, con San Juan Tlalpizáhuac y Ampliación San Juan Tlalpizáhuac, del municipio de Ixtapaluca. Mientras que al norte colinda con la delegación Iztapalapa, específicamente con las colonias San Francisco Apolocalco, La Cañada y Campestre Potrero, comunicadas a través de las calles que cruzan el Parque El Zapote. Al sur poniente Santa Catarina limita con San Francisco Tlaltenco y las colonias Selene y Ampliación Selene, por medio del Eje 10 Sur.
Los cambios en el territorio
En noviembre de 1994 fue publicado el decreto de creación del «Área Natural Protegida con carácter de Zona Sujeta a Conservación Ecológica», de una superficie de 576.33 hectáreas, las cuales pertenecían a la pequeña propiedad; posteriormente, por decreto con fecha de 26 de enero de 1996, fueron expropiadas tierras ejidales para evitar el deterioro de la Sierra de Santa Catarina.
Asimismo, durante la administración del presidente Carlos Salinas, los límites de Santa Catarina fueron alterados a fin de dar lugar a la creación del municipio de Valle de Chalco Solidaridad, en la vecina entidad, por lo que el territorio del pueblo fue mutilado y debido al capricho político de aquel una parte de la Colonia Ampliación Santa Catarina y la ampliación del Barrio de la Concepción pasaron a ser parte del estado de México. «La justificada inconformidad y protesta de los habitantes afectados no se hizo esperar, hasta la fecha siguen haciendo lo posible para que se respete el límite anterior al decreto», subraya Mendoza Vital en su libro.
Santa Catarina Yecahuizotl es un pueblo donde sus habitantes han preservado sus costumbres y tradiciones, pero también han defendido su espacio ante los continuos embates de la mancha urbana que busca expandirse por su territorio a través de la construcción de nuevas unidades habitacionales, aunque sin industria ni comercio que ofrezca opciones de empleo a sus habitantes. Es la puerta de entrada a la Ciudad de México, ciertamente, pero también es la última frontera de la capital de la República, donde el progreso mal entendido busca aprisionar y engullir a los custodios de lo que queda de suelo de conservación, como uno los últimos reductos donde se produce oxígeno para los habitantes de la descomunal urbe, y ofrece un paisaje lejos del mundanal ruido del que por tantos años los pobladores de ese singular lugar estuvieron a salvo.