miércoles, 29 de febrero de 2012

Seduciendo a la vida

La gran ciudad está lleno de historias y personajes que la recorren de un lugar a otro y la atiborran de anécdotas. Uno de ellos es Carlos Zazueta, de 50 años de edad, con 28 de taxista y 36 de bailador consuetudinario. Estupendo conversador y avezado conductor de taxi. Pero, ¿y qué es lo que hace un taxista construyendo una herida, con sus sueños de cama, como dice la canción de Arjona. Mientras cubría los 45 minutos del trayecto, el taxista decidió contar pasajes de su vida al desconocido pasajero, sin saber que su historia acabaría en el Cronicario.

Mi nombre es Carlos, me dicen Charli y tengo veintiocho años de taxista, nomás que ahorita vine a Tláhuac a dejar un pasaje y ya voy de regreso a la ciudad, pero yo voy a donde me digan, porque me gusta mi trabajo y no me voy haciendo güey como otros compañeros que van despacito para que les marque más el taxímetro, no, a mi me gusta llevar rápido y seguro al cliente. Me gusta platicar con la gente, soy muy alegre, y fui… ¡Soy!... muy bailador, me gusta el baile. En mi tiempo bailé cumbia, buggy, swing, rocanrol, funky, chachachá y mambo. Porque el mambo no se baila todo igual. Si usted se fija en las películas de Resortes o de Tin Tan, ellos sí fueron bailadores de salón, del Esmirna, y junto a ese salón estaba el Teatro Follis en Izazaga. Mi mamá me platica que al Esmirna solamente entraban los hombres de corbata o moño, y que ahí conoció a Resortes. Decía que era el esmeril, ya ve que en ese tiempo hablaban medio vaciado, como caliche. Y entonces para el Mambo número cinco no son los mismos pasos que para el Mambo del ruletero ni el mambo ese de la Lupita, traen ciertos pasos diferentes. Yo bailé hasta como de robot ahora, como lo que baila Michael Jackson, y que lo bailaba Resortes efectivamente, pero también Capulina, simplemente, con los zapatos que se usaban en ese tiempo y que eran como si no tuvieran tacones, como si de atrás estuvieran sin tapas, y de adelante se veían levantados. Bailé desde rock pesado, cuando Deep Purple, los Doors, bailé hasta fresas como Chicago. Fui de la generación que usó pantalones acampanados, es más, me decía mi mamá que yo parecía María Victoria, porque eran todos pegados de aquí y con pata de elefante y aquí unos botones en la bragueta. Mi esposa usaba sus pantalones a la cadera, con sus tops, yo me acuerdo, ella tenía un cuerpo bien bonito cuando yo la conocí, es más, yo a mi esposa me la vol… ¡Me la robé! Yo duré de novio como seis meses con ella, porque yo era bien noviero, como bailaba era bien popular con las chamacas.

Me sonreía en el espejo y se sentaba de lado…

A mi esposa cuando la conocí tenía un novio con lana, estaba en la secundaria y era amiga de la que ahora es mi comadre y yo le dije a ella, oye, a mi me gusta tu amiga, está re bien… No te va a hacer caso, su novio está bien guapo y además tiene lana, me dijo, y sí, cuando fui a una fiesta que lo voy conociendo, ¡no!... Más alto que yo, de pelo chino, blanco, bien cara el chamaco, ¿eh?, y eran dos porque tenía un cuate, eran cuates esos hermanos, pero yo tenía mucho carisma. Mi mamá dice que cuando yo nací se decía, si mi hijo es feo que lo sea, pero que no le caiga mal a la gente. ¡Se lo juro que yo he tenido mucha suerte! Entonces yo empecé a bailar con mi compadre y aquella nomás se me quedaba viendo, ya sabía que a mi esposa le gustaba el baile y no pues me la amarré, se la tumbé a aquel. Luego fui a unos quince años y salí de chambelán allá por Toluca, me la llevé. Seis meses después entró ella a trabajar a Comercial Mexicana de Pilares, y que me la robo en los quince años donde salí de chambelán con la hermana del que ahora es mi compadre. Entonces yo tenía mi casa ahí donde la tengo ahora, por Cabeza de Juárez, y ahí teníamos unos cuartos fincados y que me la llevo. Ya después fui a hablar con mi suegra y con mi suegro que en paz descanse, pero desde chamaco fui bien canijo, bien vivido. Veintiocho años ya tengo de taxista, veintidós trabajando en puros bares, puros antros, y tengo ocho hijos con cuatro mujeres… ¡Ah, sí! Tengo que incluir a los tres que tengo con mi esposa, entonces tengo once. Y hasta ahora ya me cansé, por eso trabajo en el día, bueno, trabajo hasta las doce del día de lunes a viernes, y me levanto a las cuatro de la mañana. Tengo cincuenta años de edad, nací en la Colonia Morelos, pero no en Tepito, conste, que aunque es lo mismo, pero haga de cuenta que de donde yo nací pasando la calle ya es Tepito. Ahí íbamos a las fiestas, a las tocadas, con sonido, porque los sonidos ya son muy viejos, nada mas que después ya subieron de nivel, como ahora que son muy espectaculares, como la Changa y el Cóndor, pero mas que nada por el equipo de sonido que llevan… Ahora que como dice el refrán, la música viva siempre es mejor, por decirlo yo que trabajé en tantos antros. Es más, usted ha oído un éxito por decir de Cañaveral, ¡yipiyipiyí!... Pues hay grupos que en vivo tocan mejor una canción que el grupo original, por decir los de Libertad o la Sonora Señorial que no tienen mucho cartel, que no son muy conocidos y aún así van y alternan con Celia Cruz, con Edy Santiago, con Willi González, porque tocan muy bien y traen muy buenos vocalistas.

Le besé hasta la sombra…

Cuando estaba chamaco me iba a los tíbiris, a bailar en la calle. En aquel tiempo los tíbiris eran los toquines o fiestas callejeras, así se llamaban, no ve que hay una canción de Daniel Santos que dice ¡en el tíbiri tábara, oye, ya tú lo ves mi compadre!Tibirí… Ahora se siguen haciendo las fiestas en la calle, pero ya no se llaman tíbiris. Por decirlo, en Ciudad Nezahualcóyotl hay lugares donde son parques, canchas de patinaje o de futbol rápido y los tapan, cuben todo alrededor y ahí toca un sonido y usted va a bailar ahí y le cobran quince o veinte pesos, pero no son ni tardeadas ni nada. Para bailar ahora hay muchos lugares, antes no había tantos, aunque la gente que iba al California o a Los Ángeles a bailar era impresionante por el número. Hay un lugar en la Zona Rosa que es el Salón Azul del Normandía, ahí se tocaba pura salsa. Aquí en Bucareli y Avenida Morelos está el Palacio de la Quebradita, por si a alguien le gusta y no sabe bailar ahí aprende. Y si a mi me gusta la salsa pues me voy al Cosmos en la Romero Rubio. O también hay quienes van a an Cosme esquina con Circuito Interior, cobran treinta o cuarenta pesos y tocan buenos grupos. Tocan música tropical, porque en particular salsa no. Para eso hay lugares donde se toca exclusivamente salsa, y a mi me gusta, no es lo mismo bailar salsa que bailar cumbia, no. El Cañaveral no toca salsa, salseros Edy Santiago, Willie Colón, los del grupo Niché, la Guayacán, ellos tocan una música más pausada. La salsa es otro tipo de música, sí, más rica en instrumentos musicales y en todos los aspectos, hasta en la manera de bailar, yo en mi tiempo bailaba en el barrio desde brinquito, luego ya cambié mi forma de baile, ahora lo hago con más estilo y saco muchas vueltas, muchos pases, se florea uno con muchas vueltas, pero con harta clase, porque con el ritmo al moverse uno le da estilo al cuerpo, nomás es cosa de llevar el compás, y la salsa es más acompasada. La cumbia no, es más rápida. A un lado del Blanquita estaba el Salón Veracruz, creo que ya lo tiraron, abajo estaba el Nueva York, ahí estaba pura gente que le gustaba bailar sólo de la Matancera, usted llegaba y se sentaba en las mesas y no como en otros lugares donde solamente cuando se ve a una chica sola se le saca a bailar, no. Ahí iban familias, grupos de hombres y mujeres, todos sabían bailar y uno podía ir a sacar de un grupo a una mujer. ¿Bailamos? Porque todos bailan Matancera. Ahí iba un cuate que le dicen el Tirantes y era el que imitaba a Héctor Suárez en Lagunilla mi barrio, iba mucho al Margo, que ahora se llama La Maraca, ahí en Eugenia, bailaba igual que el Tirantes en la película, iba cuando estaba Oscar de León, ese cuate tiene puestos en La Merced. Lo conocí en el Veracruz y un día me invitó a la Zona Rosa, yo como taxista, ¿eh?, y él no bebía ni una copa, pero llegaba ahí al Nueva York y encontraba chicas que lo conocían, y qué pasó, cómo estás, y les pedía una botella y la pagaba y todo, bailaba con todas y me invitaba a bailar, y yo bailaba, pero él no tomaba ni una copa, su esposa era una señora gorda gorda gorda, luego la llevaba a bailar al Margo.

Mi mujer y mi horario han abierto un abismo…

A mi siempre me gustó ir a bailar música viva, hasta la fecha, ahora ya no voy muy frecuente, no, se va perdiendo la costumbre, que no la tradición. No, no se crea, fíjese que hay mucha gente que va a bailar, lo que pasa es que uno no se da cuenta. Nomás dese una vuelta al California y verá qué gentío, muchísima gente va cuando hay eventos de esos de maratones que vienen veinte o veinticinco grupos y que se acaban hasta las cinco o seis de la mañana, lo mismo en el Gran Fórum aquí en Taxqueña. La cosa del baile es muy bonita para la gente que le gusta bailar. Conozco gente que ha sido alcohólica igual que yo lo fui, y que se han retirado del alcohol y siguen vigentes en eso de ir a bailar. Las amistades de mi mamá todavía van a bailar al Colonia, creo que los miércoles y viernes, ahí en Manuel M Flores, entre Bolívar y el Eje Lázaro Cárdenas en la Colonia Obrera. Y usted va a ver puro viejito que va a bailar. Por eso le digo que la tradición no se pierde, lo que pasa es que estamos en una ciudad tan grande que luego no nos damos cuenta, sólo la gente que está dentro del medio y le gusta está al tanto, ¡no hombre!, he ido al California y ahí me he encontrado de todo, chamacas, señoras, de todo. Cuando tenía treinta años agarraba chamacas de veinte, la última mujer que tuve era de dieciséis años, más joven que yo, claro que me gustaba la juventud, pero cambian las cosas, había señores de cuarenta o de mi edad que buscaban a las chavas con las que yo andaba, y como tenían dinero les proponían relaciones y ellas no querían porque andaban conmigo, se sentían a gusto, aunque yo no les daba mucho dinero. Ahora que ya tengo cincuenta me encuentro chavas de veinte y me doy cuenta que tienen preferencia por chamacos de su edad, o un poquito más grandes pero ya no demasiado viejos. Yo ya terminé mi ciclo, ahora tengo amigas de cuarenta o de treinta y ocho años, porque todavía hay señoras muy bien, que son solteras, viven solas y que trabajan, y que todavía puedo ir a bailar con ellas. Me ven y me dicen, ¡ey, Charli, vamos a bailar! Porque les gusta bailar conmigo y no me las quito de encima… Conocí mujeres muy guapas, yo traía mujeres muy buenas y muy guapas, ¡con quién no quería! En mi tiempo quería con todas, pero había unas celosas o conocían con la que andaba y por eso no había relación, pero ahora que está uno viejo me las he vuelto a encontrar y pues ya son señoras maduras, y me decía, ¡íjole!, nunca se me hizo con esta, pero después de tanos años ya se me hizo. Nomás que ya me he alejado un poco de todo eso.

Se sufre en ambos lados de las clases sociales…

Siempre he sido bien bromista con mis hijos, con mi esposa, pero jamás le confesé a ella lo de mis mujeres, nunca ha sabido nada. El otro día me dijo, ¿a poco no has tenido otras viejas? Me conocía cómo era desde que andábamos de novios y luego de seis meses, se lo juro, yo trabaja… ¡ja, ja, ja! jaba en una fábrica, íbamos a las fiestas que se hacían en la fábrica cuando se celebraba algo, la llegué a llevar y la dejaba sentada porque me ponía a bailar con las amigas del trabajo, luego me las andaba fajando, bailando y fajando, joven, y mi vieja, o sea mi esposa, que en ese tiempo apenas era mi novia, nomás me veía desde la silla cómo andaba yo de cabrón, y no me decía nada. Todavía hasta la fecha no me dice nada, porque la chamba de taxista es muy alcahueta, ya ve, en mi caso llegaba a la casa al día siguiente, a las siete ocho de la mañana, en ocasiones a las dos de la tarde, a las seis de la tarde, nunca tuve hora, le decía ¡no, vieja!, es que tuve que llevar al encargado, al capitán del antro, al dueño. Porque este trabajo es muy alcahuete, aún así mi esposa nunca me celó ni me buscó, y tuve suerte con las mujeres con las que anduve, nunca me fueron a hacer escándalo en mi casa, gracias a Dios. Mejor mi madre conoce a cuatro de mis hijos, los llevé a registrar y, je, je, je, mi mamá fue de testigo. Hasta dónde llegué, ¿eh? Pero es que mi mamá primero, y luego mi esposa, me quieren tanto, y hasta la fecha mi mamá le dice, no, pues es que Carlos es re canijo. ¡Fíjese!, lo que es difícil que una mamá le de muchas veces por el lado de la nuera, ¿no?, es que Carlos anda de cabrón, yo lo vi con una vieja y ni así mi esposa me decía nada. Cuando yo llegaba a la casa mi esposa me decía, ¿qué crees que me dijo tu mamá? ¿Qué te dijo, vieja?, ¡si ya la conozco!, decía yo… Por eso corrimos a mi suegra de la casa, eso fue hace como diez años, no se para en la casa, mi esposa la corrió. Un día mi suegra me encontró en el Hotel de México, iba yo con una vieja ja, ja, ja, estaba tocando la Sonora Santanera y me vio al momento en que la dejé en el baño de mujeres, y me dice ¿qué pasó?, y ahora ¿qué haces aquí?, ja, ja, ja… ¡Ah, no!, yo era bien francote. Pues vine con unas amigas y amigos a bailar, le dije, y en so que va saliendo la chava del baño y que le digo, mira, te presento a mi suegra, ja, ja, ja. Que va y le dice a mi esposa, ¡lo vi con una vieja!... No, eso no es cierto, pudo haber sido una amiga, nada mas, y mi suegra que ¡ay, eres bien pendeja!, y una vez empezamos a discutir con mi suegra por eso y mejor mi esposa le dijo, ¿sabes qué mamá?, si vas a venir a decirme de cosas y a aventarme de cosas mejor ya no vengas. Y así se acabaron las visitas de mi suegra. Siempre tuve toda la confianza, hasta la fecha, y soy muy canijo con mi esposa. Fíjese, la última mujer que tuve, la de dieciséis años, duré nueve años con ella y en ese tiempo todos los días hacía el amor con ella, ¡todos los días durante nueve años!... Tengo dos hijos con ella, o sea, siempre hice doble vida, fue mi pareja de baile, con ella viví unas experiencias inolvidables. Sólo que se fue a San Luis Potosí con mis dos hijos y ahora ya tengo casi cuatro o cinco años que estoy con mis hijos y mi esposa me dice, ¡ay, me acosas!, ni cuando eras joven me acosabas tanto como ahora. ¿Cómo ve? Soy muy bromista con mi esposa… Llegamos, por ahora la plática se acabó, ojalá y nos volvamos a encontrar en esta gran ciudad que tanto queremos todos, ¿no? Son ochenta pesos… ¿Y eso? ¿A poco me venía grabando? ¡Íjole, ¿se imagina si mi esposa llega a escuchar esta confesión de parte?, ¡no la chingue!, con todo respeto mi amigo, nomás no me vaya a poner mi verdadero nombre.

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La primera versión de esta historia fue publicada en el número 62 de la Revista NOSOTROS de agosto de 2003.