miércoles, 25 de agosto de 2010

Al maestro... ¿Con cariño?

Publicado en NOSOTROS | Número 125, junio de 2009


Cuando Sergio tenía 38 años de transitar por este mundo tan profano (como quien lleva un lunar y cual ave de paso) en los intríngulis del amor, una noche de junio de 2004 conoció a Pamela, una joven de 17 años. Él ya llevaba 21 de haberse convertido en un bohemio de cepa, trovador de veras, que componía sus propias canciones y las cantaba en público porque alquilaba sus servicios como romántico de la música popular en bares, salones de fiestas o veladas particulares y antros de alcurnia. Se la topó en una tocada, entre cables, sintonizadores, altavoces y micrófonos, porque ella también era cantante, hacía dúo con un tecladista, pese a que aún no cumplía la mayoría de edad.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la UAM Xochimilco, Sergio Mundo decidió no ejercer la carrera en salas de redacción ni oficinas de comunicación social de dependencias públicas. Incursionó en la docencia como mentor de chavos soliviantados, sin nostalgias musicales ni neuralgias ideológicas en escuelas como la Secundaria Técnica 116 de Santa Cecilia, donde impartió clase de Español, y posteriormente, en 1994, en el Cecyt Diódoro Antúnez Echegaray de Tecómitl como profesor del área de Humanidades.
Sergio acababa de enviudar y decidió sacar el clavo de su aflicción con otro declarándole su amor a Pamela, la chica aceptó y al mes se fueron a vivir juntos, como es de suponerse, contra la voluntad de los padres de ella, Alejandro y Carmen. Más bien el profesor la llevó a vivir a su casa en San Juan Ixtayopan, donde retozaron a sus anchas y anduvieron por los recovecos de sus sinuosas geografías en noches de arrumacos y plenilunio, al son de la letra de Cuarenta y veinte con José José en la cantada.
Con el transcurso de los días, Sergio convenció a Pamela de que se inscribiera en el Cecyt del Instituto Politécnico Nacional, para que ahí continuara sus estudios de primer año de bachillerato y así estuviesen juntos todo el día.
Ante la petición de mano que les hizo a Alejandro y Carmen de su hija, estos no aceptaron que Pamela se casara con él hasta que, según estipularon, los dos se conocieran mejor. Luego de refunfuños y desaires, los suegros acabaron por aceptar al ladrón que había desvalijado de su amor a su adorada hija y, resignados a su sino, lo invitaron a pasar la Nochebuena en casa.
Pamela fue aceptada como alumna del Cecyt, a pesar de no haber aprobado en su momento el examen de admisión, y Sergio Mundo fungió, además de consorte, como profesor en la materia de Lengua y Comunicación, ante el reconcomio del cuerpo docente y la concupiscencia  de los alumnos.
Pero un día comenzaron los problemas en la escuela. A oídos del director Ángel Arturo llegó el rumor de que algunos alumnos tramaban un movimiento para correr a la profesora Evelyne, porque esta señora era déspota con ellos, y debido quizá a un recelo personal o resentimiento otoñal, aquel inmediatamente culpó del complot a Sergio Mundo. Entonces al ver que Ángel Arturo comenzó a acosarlo laboralmente, fue a levantar una denuncia contra el ingeniero bioquímico por «abuso de autoridad».
Con las cartas sobre la mesa, el director amenazó con correrlo de la escuela si seguía azuzando la revuelta académica contra su querida amiga, la profesora de Etimologías Griegas, muy dada a reprobar alumnos. «Si no le paras te voy a correr, cabrón», le dijo un día a Sergio Mundo. «Si Evelyne se va, tú también te vas de la escuela».
El cinco de noviembre de 2004  el atribulado profesor le envió un oficio a Miguel Blancas Silva, secretario general de la delegación sindical, y le mandó copia a Juan Gerardo Ramírez Martínez, secretario de trabajo y conflictos, solicitándole que revisaran el caso de las amenazas vertidas en su contra por el director, pero estos, como Salinas de Gortari a los perredistas en su sexenio, «ni lo vieron ni lo escucharon».
Apenas llegó enero del 2005, el ensoberbecido director mandó llamar a su oficina a los padres de Pamela. «¿Para qué nos requerirá éste?» Se preguntaron intrigados Alejandro y Carmen, y no tardaron en saberlo. El director les entregó un escrito con información acerca de que Sergio Mundo era un degenerado que llegaba borracho a sus clases, que se la pasaba acosando a las alumnas y que, incluso, andaba con una profesora.
Aún no salían de su azoro los atribulados padres cuando el director mandó traer a dos alumnas a su oficina, y estas, cual acto de recitación en festival de día de las madres, afirmaron que el profesor era un sátiro que se la pasaba manoseándolas e invitándolas a un hotel.
«¿Qué futuro le depara a Pamela con ese degenerado?» Cuestionó el impoluto director a los padres de la chamaca, y acto seguido los incitó para que denunciaran jurídicamente a Sergio Mundo. «¡Órale, yo los apoyo!», remató. «Les ofrezco 30 mil pesos para que sufraguen los gastos de un abogado»; sin embargo, en ese momento aquellos lo único que querían era reponerse de tanto sobresalto.
Por lo pronto, el veneno de la duda comenzó a surtirles efecto y a los pocos días regresaron con el director dispuestos a firmar la trama que por escrito éste les había mostrado, con la advertencia de que se la tenían qué memorizar para no tener errores en el futuro. Lo que Ángel Arturo no les dio fueron los 30 mil pesos con que supuestamente los iba a apoyar para los gastos del abogado. Pero eso ya no importó, Carmen y Alejandro estaban heridos, indignados en su honor como padres y «cegados por la palabra de una autoridad institucional de la jerarquía del director, aunado al testimonio de dos alumnas», como más tarde reconocería por escrito la mamá de Pamela.

El 10 de marzo el matrimonio fue a la Fiscalía central a levantar una averiguación previa contra Sergio Mundo por rapto, abuso, estupro y corrupción de menores, lo que obligó al profesor a ampararse jurídicamente. Una vez que tuvieron la averiguación previa en sus manos, fueron con el director a entregársela y éste de inmediato maquinó otra acta administrativa para retirarle al profesor la tarjeta de control de asistencias, a sabiendas de que el objeto de su inquina no se encontraba ese día en la escuela porque desde el ocho de marzo había solicitado por escrito el permiso correspondiente para acudir a las oficinas centrales a recibir una licencia sin goce de sueldo.
«No podré asistir al plantel –había asentado en su petición– para aclarar los asuntos relacionados con el acta administrativa que de manera cobarde, infame y manipulada se pretende efectuar en mi contra; debido a que ese día mi presencia es requerida en la Sección 10 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación para que se me haga entrega de mi licencia por un año sin goce de sueldo que transcurre a partir del día 15 de marzo del año en curso».
En el oficio dirigido a Carlos Antonio Pérez, las razones por las que solicitaba la licencia fueron «por motivos de salud, economía, estabilidad emocional y desempeño profesional (derivada del ambiente hostil y sin sentido académico que actualmente, de manera lamentable, prevalece en nuestra escuela, en donde las trampas, mentiras, panfletos, amenazas, relacionadas con una averiguación previa por abuso de autoridad que actualmente enfrenta el director del plantel, se han visto significativamente afectadas)».
Posteriormente, cuando se dio curso legal a la denuncia, el ministerio público determinó que no había delito qué perseguir, que no había ejercicio de la acción penal en contra del profesor debido a que Pamela se encontraba «por su propia voluntad con él», dado que lo amaba y él la trataba bien, ni había sido violada ni presionada psicológicamente. Incluso hasta Pamela dijo que si por tanto argüende la iban a recluir en un albergue, cuando saliera de ahí por ser mayor de edad se iba a ir otra vez con él. Carmen y Alejandro firmaron de conformidad la resolución  del juez.
Al salir del juzgado Alejandro le dijo a su esposa: «¿Sabes qué? Ya no quiero saber más de este problema, a mí se me hace que el pinche director nomás está difamando a Sergio y sólo nos calentó la cabeza por sus propios intereses».
Parecía que todo volvería a la normalidad, el profesor continuó con la impartición de sus clases en el Cecyt y Pamela como alumna, pero un día de abril, cuando Sergio Mundo fue con la profesora María Elena, jefa del Departamento de Materias Humanísticas, a solicitarle que le diera los exámenes del segundo departamental de sus grupos, los 2101, 2103 y 2106, de la asignatura de Comunicación Oral y Escrita para su evaluación, cuya fecha de aplicación sería el 21 de abril, ésta se los negó arguyendo que «la academia los iba a calificar». «Pues entonces notifíquemelo por escrito», le pidió aquel, pero María Elena le advirtió que ni así se los iba a proporcionar. Sergio Mundo regresó con los profesores Rogelio Medina y Francisco Suárez Alvarado para que fungieran como testigos y nuevamente María Elena se volvió a negar a entregarle los exámenes.
Lo anterior se lo notificó por escrito a Erasmo Palafox, subdirector académico del Cecyt, y la misiva fue firmada por los testigos. Pidió respuesta fundamentada y no se la dieron. El caso se lo hizo saber a Raúl Júnior Sandoval Gómez, director de Educación Media Superior del Politécnico el 13 de mayo de 2005, en oficio que firmó y atestiguó la profesora Rosalía Crespo Chiapa en su calidad de miembro del comité delegacional del sindicato.
Más tarde, el 13 de septiembre, el profesor León Cantero, con cámara de video en mano, cual remedo de Oscar Cadena, aquel ciudadano in fraganti de la televisión mexicana de los años ochenta, acompañado del subdirector académico, José Alfredo Reyes, lo sacaron del aula, lo corrieron delante de los desconcertados alumnos entre los que se encontraba Pamela. Sergio se fue a su casa, a donde llegó minutos después Pamela sin poder contener el llanto. «¿Por qué te hicieron eso? », le preguntó ella. «Pues por tus papás», le respondió aquel.
Al comenzar 2006 Sergio continuó presentándose en audiencias con nuevas pruebas y testigos en el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje para definir su situación laboral en el Cecyt de Tecómitl, mientras que en febrero Pamela dio a luz a una niña en el Hospital de Milpa Alta. Tanto sobresalto cambió paulatinamente la relación entre los enamorados, el vendaval de acontecimientos torció el rumbo de sus destinos, ni Sergio Mundo supo cuándo concluyó el antes y en qué momento comenzó el después. Las ausencias de Pamela por las noches se hicieron más frecuentes en casa de ambos.
El nueve de agosto tres judiciales llegaron a casa de Sergio con la educación y delicadeza que caracteriza a buena parte de esta ralea de policías, que hasta parecen miembros de la noble y fina Academia de la Lengua (pero la guasona de Alvarado, Veracruz), y sin ninguna orden de aprehensión lo jalaron del brazo cuando abrió la puerta, lo tundieron a golpes con saña sin importarles que el hombre apenas rebasara el metro con sesenta y cinco de altura y pesara 65 kilogramos, después lo esposaron y cual costal de huesos lo subieron a la patrulla (igualita a las que uno ve por la calle con algún pelafustán de estos cachondeándose a supuesta dama o igual, haciéndola de transporte escolar o de vínculo familiar los fines de semana), y para su sorpresa ahí estaban, en el asiento de adelante, Pamela y su bendita suegra.
Ni siquiera pudo mentárselas porque apenas lo tiraron sobre el piso del estrecho asiento trasero de la patrulla, los dos policías restantes lo siguieron golpeando y diciéndole que se lo iba a llevar la chingada, y cuando lo presentaron en la Fiscalía de Tláhuac los rudos judiciales declararon que el profe era el mismito demonio porque cual Jackie Chan holliwoodense se les había aventado a los madrazos luego de que le encontraron una grapa de cocaína en la bolsa de su chamarra (polvo que le habían sembrado durante el forcejeo) con las consiguientes mentadas de madre; es más, le dijeron al ministerio público que el interfecto todavía tuvo tiempo de presionar sicológicamente a Pamela. Como quien dice, estos judas sabían de actuación dramática y de psicología.
En el ministerio público los judas todavía le dieron sus ganchos al hígado y le espetaron nuevas amenazas, y lo típico en estos casos, lo mantuvieron incomunicado. El médico legista, por su parte, lo hizo que se desnudara y después aseguró en su reporte que Sergio Mundo iba en estado de ebriedad, y las lesiones que este llevaba como tatuajes en su cuerpo jamás fueron observadas por aquel galeno cegatón.
A la hora de sufrir ese infierno tan temido, se apareció en la Fiscalía el abogado de Mundo y logró sacarlo libre bajo caución por el supuesto delito de violencia familiar, el caso fue turnado al Centro de Atención Contra Violencia Familiar (Cavi), pero Pamela ya nunca se presentó a ratificar nada. Sin embargo, él sí estuvo ahí con su abogado y consiguió que una vecina fuese al ministerio público a atestiguar la vandálica actitud de los judas.
Sobra decir que el profesor levantó la denuncia correspondiente contra los judiciales, pero hasta la fecha estos no han sido consignados a pesar de que ya intervinieron en el asunto funcionarios de la Visitaduría y auxiliares del Procurador, los que dijeron que resultaba inverosímil que Sergio Mundo, supuestamente ebrio y esposado como estaba les hubiese partido su mandarina en gajos a los judas.
«Estamos averiguando por qué los judiciales se prestaron a golpearlo», le dijeron a Sergio Mundo, quien aún sigue pensando que algún día se va a hacer justicia.
Y en lo que corresponde a la resolución del acta administrativa del IPN, las largas al asunto han estado a la orden del día, ya se ha postergado por más de cuatro años, más lo que se acumule esta semana, porque el juez decidió posponer su veredicto para el 17 de septiembre de 2009. Falta que ratifiquen su declaración los testigos del Politécnico, José Reyes y Javier López, porque parece que a estos se los tragó la tierra después de que andaban muy giritos fastidiándole la existencia a Sergio Mundo, a pesar de que ya les ha girado orden de presentación en diversas ocasiones. Resulta que Reyes Segura se la pasa cambiando continuamente de dirección, y López Zamorano ni picha, ni cacha ni deja batear.
El que también se hizo como el tío Lolo desde el principio es Enrique Villa Rivera, director general del IPN, cuya prolongada gestión por fin termina el próximo mes de diciembre. ¿Será por esta razón que tanto se ha postergado el asunto?
A sus 43 años de edad, Sergio Mundo ha sobrevivido de sus presentaciones artísticas. Creé en la justicia y mantiene la fe en que pronto podrá regresar a impartir sus clases, obviamente que ya no en el Cecyt de Tecómitl, porque ahí siguen los que un día le minaron su salud, economía, estabilidad emocional y desempeño profesional; pero en otra escuela, quizá. Al final de cuentas, sabe que «las gentes demasiado buenas... resultan ser más terribles» de lo que una vez supuso el compositor Álvaro Carrillo cuando escribió la letra de su canción Como un lunar.